Seguro has visto ese frasco blanco y sólido en la cocina de tu amiga la "fitness" o en el estante de ofertas de la farmacia. Se habla del beneficio aceite de coco como si fuera una poción mágica bajada directamente de una palmera tropical para curar desde el metabolismo lento hasta las puntas abiertas del pelo. Pero, ¿qué onda con la realidad?
Es grasa. Grasa pura.
Históricamente, nos dijeron que las grasas saturadas eran el demonio encarnado. Luego, de la nada, el aceite de coco se volvió el héroe de la dieta Keto. La verdad es bastante más compleja que un simple "es bueno" o "es malo", y honestamente, depende totalmente de si te lo estás comiendo o si te lo estás untando en las rodillas.
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Lo que la ciencia dice (y lo que ignora) sobre el beneficio aceite de coco
No todo es marketing. El aceite de coco es único porque tiene una concentración altísima de triglicéridos de cadena media, o MCT por sus siglas en inglés. A diferencia de las grasas de una hamburguesa, los MCT van directo al hígado. Se usan como energía rápida.
¿Te hace bajar de peso? No es tan simple.
Un estudio famoso de la Universidad de Columbia, liderado por la Dra. Marie-Pierre St-Onge, mostró que los MCT pueden aumentar el gasto calórico. El problema es que el aceite de coco solo tiene como un 13% a 15% de esos MCT específicos (como el ácido caprílico) que realmente queman grasa. El resto es ácido láurico. El ácido láurico es genial para matar bacterias, pero se comporta más como una grasa de cadena larga en tu sistema digestivo. O sea, no es una pastilla para adelgazar embotellada.
Si vas a usarlo esperando un milagro metabólico, probablemente termines decepcionado. Pero si lo usas para sustituir grasas trans procesadas, ahí sí que hay un beneficio aceite de coco real para tu salud cardiovascular a largo plazo.
El mito del colesterol y el corazón
Aquí es donde la American Heart Association (AHA) se pone intensa. En 2017 lanzaron un reporte diciendo básicamente: "Dejen de comer aceite de coco". Argumentan que sube el colesterol LDL (el "malo").
Sin embargo, hay matices.
Investigadores como el Dr. Aseem Malhotra sugieren que no todos los LDL son iguales y que el aceite de coco también sube el HDL (el "bueno"). Es un tira y afloja constante entre la nutrición convencional y la medicina funcional. Lo que es un hecho es que las poblaciones de las islas del Pacífico, como los Kitavans, han comido coco por siglos y tienen tasas bajísimas de enfermedades del corazón. Claro, ellos no comen donuts procesados ni se sientan 10 horas frente a una computadora. El contexto lo es todo.
Piel y cabello: Donde nadie discute su poder
Si en la cocina hay debate, en el baño el aceite de coco es el rey absoluto. Es un humectante oclusivo. Básicamente crea una barrera que no deja que el agua se escape de tu piel.
Para el pelo, es de los pocos aceites que realmente penetra la fibra capilar. La mayoría de los productos comerciales solo se quedan por fuera, dándote un brillo falso que se va con el agua. El ácido láurico del coco tiene una afinidad increíble con las proteínas del cabello. Si tienes el pelo quemado por la plancha o el tinte, ponértelo como mascarilla antes del lavado es, posiblemente, el mejor beneficio aceite de coco que vas a experimentar de forma inmediata.
Eso sí, cuidado si tienes tendencia al acné. Es altamente comedogénico. Si te lo pones en la cara y eres propenso a los granitos, vas a despertar con un desastre. Es mejor dejarlo para los codos, las piernas o el pelo.
El fenómeno del Oil Pulling
¿Has oído hablar de enjuagarse la boca con aceite por 20 minutos? Suena asqueroso. Kinda lo es.
Esta práctica ayurvédica busca reducir la placa bacteriana. Estudios publicados en el Journal of Contemporary Dental Practice han comparado el aceite de coco con la clorhexidina (un enjuague médico). ¿El resultado? El coco es casi igual de efectivo para reducir el Streptococcus mutans, que es el bicho que causa las caries. Además, no te mancha los dientes ni te cambia el sabor de la comida por horas. Es una alternativa natural sólida si tienes la paciencia de estar 20 minutos con aceite en la boca mientras te bañas.
¿Cómo elegir el frasco correcto?
Vas al súper y ves veinte marcas. Unas cuestan tres dólares y otras quince. La diferencia no es solo el frasco bonito.
- Virgen o Prensado en Frío: Este es el que quieres. Se extrae sin calor extremo, manteniendo los polifenoles y ese olor a coco fresco.
- Refinado: Se extrae de coco seco (copra). No huele a nada y aguanta más calor al cocinar, pero pierde gran parte de sus propiedades antioxidantes.
- Fraccionado: Es el que siempre está líquido. Le quitaron el ácido láurico. Es excelente para masajes, pero no tiene los mismos beneficios antimicrobianos.
Si el bote dice "orgánico", mejor. Menos pesticidas en tu sistema siempre es una victoria.
Cocinar con coco sin morir en el intento
El punto de humo del aceite de coco virgen es de unos 177°C. Es perfecto para saltear o para hornear. Si vas a freír algo a fuego altísimo, mejor usa otra cosa o usa la versión refinada.
Muchos lo usan en el famoso "Bulletproof Coffee". Una cucharada de aceite de coco en el café negro, bien batido para que parezca un latte. Algunos dicen que les da una claridad mental de superhéroe. Otros dicen que solo les da ganas de correr al baño. Pruébalo un domingo que no tengas que salir de casa, solo por si las dudas.
Pasos prácticos para aprovecharlo hoy mismo
No necesitas volverte loco y ponerle coco a todo. Empieza por lo seguro.
Usa una cucharadita de aceite de coco virgen como mascarilla capilar una vez por semana. Déjalo actuar al menos 30 minutos antes de lavarte el pelo de forma normal. Notarás la diferencia en la suavidad desde la primera vez, especialmente si vives en un clima seco o usas mucho la secadora.
Para la cocina, sustituye la mantequilla o los aceites vegetales refinados en tus recetas de repostería. El aceite de coco aporta una textura increíble a los bizcochos y galletas, y al ser una grasa estable, no se oxida fácilmente al calor del horno.
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Si te interesa el cuidado bucal, intenta el oil pulling solo tres veces por semana. No tienes que empezar con 20 minutos; con 5 es suficiente para que las propiedades del ácido láurico empiecen a trabajar contra las bacterias de las encías.
Finalmente, si decides consumirlo por sus beneficios metabólicos, hazlo con moderación. Una o dos cucharadas al día son más que suficientes dentro de una dieta balanceada. Recuerda que, al final del día, sigue siendo una fuente densa de calorías y el equilibrio es lo que realmente dicta los resultados en tu salud.