Victoria del Reino Unido: Lo que los libros de historia suelen pasar por alto

Victoria del Reino Unido: Lo que los libros de historia suelen pasar por alto

Casi todo el mundo tiene una imagen mental fija de Victoria del Reino Unido. Una mujer bajita, vestida de un negro riguroso y con una expresión de pocos amigos que parece decir "no nos divierte". Es la abuela de Europa. El símbolo de una era de puritanismo extremo donde, según la leyenda, se tapaban hasta las patas de las mesas para no incitar al pecado. Pero esa imagen es, en gran medida, una caricatura incompleta. La verdadera Victoria fue una mujer de contradicciones feroces, una apasionada del poder, del sexo y de la comida, que gobernó durante 63 años un imperio que cambió el mapa del mundo para siempre.

No nació para ser reina. De hecho, fue una carambola del destino. Sus tíos, los hijos de Jorge III, fueron muriendo sin dejar herederos legítimos, dejando a la pequeña Victoria como la única opción para salvar a la Casa de Hannover del desastre. Su infancia fue una especie de arresto domiciliario de lujo. Su madre, la duquesa de Kent, y el ambicioso John Conroy crearon el "Sistema de Kensington", un conjunto de reglas diseñado para mantenerla aislada, dependiente y débil. Ni siquiera podía bajar las escaleras sin que alguien le diera la mano. Imagina eso. Una futura monarca que no podía dormir sola en una habitación hasta el día en que fue coronada. Esa presión constante forjó un carácter de acero. Cuando finalmente ascendió al trono en 1837, con solo 18 años, lo primero que hizo fue exigir una hora a solas. Fue su primer acto de rebelión real.

El matrimonio con Alberto: Ni tan perfecto ni tan frío

La historia de amor entre Victoria y Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha se vende a menudo como el romance definitivo del siglo XIX. Y sí, se querían. Mucho. Pero la realidad era bastante más ruidosa. Victoria era volátil. Tenía un temperamento explosivo que heredó de sus ancestros georgianos. Alberto era metódico, intelectual y, francamente, un poco pesado con la organización. Discutían a gritos. Ella le lanzaba cosas. Él le pasaba notas por debajo de la puerta porque no soportaba el enfrentamiento verbal directo.

Hay un detalle que la gente olvida: Victoria odiaba estar embarazada. Consideraba que el embarazo era una condición "animal" y que los recién nacidos eran "asquerosos". Es irónico para una mujer que tuvo nueve hijos, pero ella veía la maternidad como una interrupción de su vida matrimonial y de sus deberes como reina. Alberto, por su parte, fue el que realmente modernizó la monarquía. Mientras ella se centraba en el drama emocional, él estaba rediseñando la industria británica y organizando la Gran Exposición de 1851. Su muerte en 1861 destrozó a Victoria. Se hundió en un luto que duró cuatro décadas, convirtiendo el Castillo de Windsor en un mausoleo viviente donde la ropa de Alberto se preparaba cada mañana como si él fuera a despertar.

👉 See also: The Gospel of Matthew: What Most People Get Wrong About the First Book of the New Testament

La cara B del Imperio: Victoria y la política global

Bajo el reinado de Victoria del Reino Unido, el Imperio Británico alcanzó su cenit. Controlaban una cuarta parte de la masa terrestre. Pero no nos engañemos, esto no fue un proceso pacífico ni "civilizador" en el sentido romántico. Fue una máquina de extracción de recursos. La hambruna en Irlanda y las rebeliones en la India marcaron su mandato. Victoria, aunque se autodenominaba "Emperatriz de la India", nunca puso un pie allí.

Su relación con los políticos era... complicada. Adoraba a Lord Melbourne, su primer mentor, porque la trataba como a una hija. Detestaba a Gladstone, a quien describía como un hombre que le hablaba "como si fuera una asamblea pública". En cambio, Benjamín Disraeli la tenía en el bolsillo. ¿Cómo lo hacía? Lisonja pura. Él sabía que a la Reina le encantaba sentirse admirada y poderosa. Disraeli le regaló el título de Emperatriz de la India en 1876, un movimiento puramente político que ella devoró con entusiasmo.

A pesar de su imagen conservadora, Victoria era curiosa. En sus últimos años, su relación con Abdul Karim, el "Munshi", causó un escándalo absoluto en la corte. Un sirviente indio que terminó siendo su secretario personal y profesor de urdu. La familia real intentó borrar a Karim de la historia después de que ella muriera, quemando sus cartas y diarios. ¿Por qué? Porque no encajaba en la narrativa de la reina blanca y distante. Victoria defendió a Karim contra el racismo feroz de su propio entorno, no por activismo social, sino por una lealtad personal casi obstinada.

✨ Don't miss: God Willing and the Creek Don't Rise: The True Story Behind the Phrase Most People Get Wrong

La herencia genética: El "mal" que viajó por Europa

Victoria era portadora de hemofilia. Ella no padecía la enfermedad, pero la transmitió a sus hijos. A través de los matrimonios de sus descendientes, esta condición llegó a las casas reales de España, Alemania y, lo más famoso, Rusia. El zarévich Alexei, hijo de Nicolás II y Alejandra (nieta de Victoria), sufrió esta enfermedad, lo que permitió que Rasputín entrara en el círculo íntimo del poder ruso. Es una locura pensar que un gen defectuoso de una reina británica ayudó indirectamente a desestabilizar la monarquía rusa y pavimentar el camino hacia la Revolución de 1917.

Mitos y realidades de la vida cotidiana

¿Era Victoria tan aburrida como parece en las fotos? Ni de cerca.
Le encantaba ir al teatro. Disfrutaba de las cenas largas y copiosas. Tenía una debilidad por el whisky y el vino mezclado con soda. De hecho, su apetito era legendario; comía extremadamente rápido, lo que obligaba a todos sus invitados a terminar sus platos a la misma velocidad, ya que el protocolo dictaba que los platos se retiraban en cuanto la reina terminaba.

  • La ropa de luto: No solo ella vestía de negro. Obligaba a toda la corte a mantener un ambiente sombrío durante años.
  • Tecnología: Fue la primera monarca en viajar en tren, algo que inicialmente la aterraba pero que luego le encantó por la eficiencia.
  • Fotografía: Victoria entendió el poder de la imagen antes que nadie. Usó la fotografía para proyectar una imagen de estabilidad familiar que la clase media británica pudiera emular.

Honestamente, la era victoriana fue un periodo de hipocresía institucionalizada. Mientras la reina proyectaba una imagen de valores familiares sólidos, las ciudades británicas estaban llenas de miseria, prostitución y trabajo infantil. Ella no era una reformadora social. Se preocupaba por los individuos que conocía, pero le costaba empatizar con las masas abstractas que sufrían las consecuencias de la Revolución Industrial.

🔗 Read more: Kiko Japanese Restaurant Plantation: Why This Local Spot Still Wins the Sushi Game

El legado que aún respiramos

Victoria murió en 1901. Con ella murió el siglo XIX. Dejó un mundo conectado por el telégrafo y el vapor, pero también un mundo lleno de tensiones nacionales que explotarían en la Primera Guerra Mundial, donde sus propios nietos terminarían luchando entre sí. Jorge V de Inglaterra, el Káiser Guillermo II de Alemania y la Zarina Alejandra de Rusia eran todos familia directa. El conflicto fue, en esencia, una pelea familiar a escala global.

Para entender a la Victoria del Reino Unido actual, hay que mirar más allá de las estatuas de piedra. Fue una mujer atrapada entre la tradición medieval del derecho divino y la modernidad democrática que le respiraba en la nuca. No fue una santa, ni tampoco el monstruo frío que a veces se pinta. Fue, simplemente, una mujer con un ego enorme y una longevidad que le permitió moldear el mundo a su imagen y semejanza.

Cómo explorar más sobre la era victoriana

Si quieres profundizar en esta figura sin caer en los mitos de siempre, hay un par de cosas prácticas que puedes hacer:

  1. Lee sus diarios: Victoria escribió millones de palabras. Aunque muchos fueron editados por su hija Beatriz, los originales disponibles online en los Archivos Reales muestran a una mujer mucho más emocional y directa de lo que imaginas.
  2. Visita Osborne House: Si alguna vez vas a la Isla de Wight, este fue su refugio privado. A diferencia del Palacio de Buckingham, Osborne muestra su faceta más humana y su obsesión por la decoración que Alberto tanto amaba.
  3. Analiza la joyería de luto: Es una tendencia que ella popularizó. El uso de azabache y pelo de los difuntos en joyas no era solo moda; era una industria entera impulsada por su dolor personal.
  4. Estudia la Gran Exposición de 1851: Es la mejor manera de entender el optimismo tecnológico que ella y Alberto querían proyectar al resto del planeta.

La historia no es algo estático. La figura de Victoria sigue cambiando según quién la mire, pero lo que es innegable es que su sombra sigue siendo alargada. No puedes entender el Londres actual, ni el sistema parlamentario moderno, ni la Commonwealth, sin pasar por la habitación de esa mujer bajita que decidió que, si el mundo iba a cambiar, lo haría bajo sus propios términos.