Tomar ashwagandha por la mañana o por la noche: lo que la ciencia dice sobre el momento ideal

Tomar ashwagandha por la mañana o por la noche: lo que la ciencia dice sobre el momento ideal

Seguro que has escuchado maravillas de la ashwagandha. Que si te quita el estrés de golpe, que si te ayuda a levantar más peso en el gimnasio o que si es el remedio definitivo para no dar vueltas en la cama a las tres de la mañana. Pero claro, compras el bote, lo abres y te quedas mirando las cápsulas pensando: ¿y ahora qué? La duda de si es mejor tomar ashwagandha por la mañana o por la noche no es ninguna tontería. No es como una vitamina C que te tomas con el zumo y te olvidas. Aquí hablamos de un adaptógeno, una planta que interactúa con tu sistema endocrino de una forma bastante curiosa.

La respuesta corta es que depende de lo que busques. Honestamente, tu cuerpo no va a explotar si te equivocas de hora, pero los beneficios sí que cambian.

Si eres de los que se despierta ya con el cortisol por las nubes, de esos que revisan el correo y sienten un nudo en el estómago antes de salir de la cama, la mañana es tu momento. Por otro lado, si tu problema es que el cerebro no se apaga cuando toca dormir, la noche es la clave. Vamos a desgranar esto con calma porque hay mucha tela que cortar sobre cómo esta raíz (Withania somnifera) juega con tus hormonas.

Por qué el cortisol manda en esta decisión

Para entender cuándo tomarla, hay que hablar del cortisol. Es nuestra hormona del estrés, pero también la que nos despierta. En un mundo ideal, el cortisol debería estar altísimo por la mañana para darnos energía y caer en picado por la noche para dejarnos dormir. El problema es que vivimos estresados.

La ashwagandha funciona principalmente reduciendo los niveles de cortisol. Un estudio publicado en el Indian Journal of Psychological Medicine demostró que dosis diarias de extracto de raíz de ashwagandha reducían el cortisol sérico de forma significativa en adultos con estrés crónico. Entonces, si lo que quieres es un escudo contra el estrés diario, tomarla temprano tiene sentido. Te ayuda a mantener la calma durante el caos del tráfico o las reuniones infinitas.

Pero ojo. No es un estimulante. No es café. No te va a dar un subidón de energía inmediato. Su efecto es más bien acumulativo, lo cual es un detalle que mucha gente ignora y por eso dejan de tomarla a los tres días.

Los argumentos para tomar ashwagandha por la mañana

Tomarla con el desayuno tiene sus ventajas, especialmente si usas extractos estandarizados como el KSM-66, que es el más estudiado.

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Mucha gente prefiere la mañana porque así se aseguran de no olvidarlo. Es una cuestión de hábito. Además, para los deportistas, hay cierta evidencia de que puede mejorar el rendimiento físico y la recuperación. Si entrenas a mediodía o por la tarde, tener ese adaptógeno ya circulando en tu sistema puede ayudar a que el pico de cortisol post-entrenamiento no se desmande.

Hay un punto importante aquí: el estómago. Hay personas que si se toman la cápsula en ayunas sienten un poco de náuseas o pesadez gástrica. Kinda molesto, la verdad. Si te pasa eso, métela siempre con comida. No pierde efectividad por mezclarse con unos huevos revueltos o una tostada de aguacate.

El caso de tomarla por la noche: el reino del descanso

Aquí es donde entra el nombre científico de la planta: Somnifera. Básicamente significa "inductora del sueño". Si tu objetivo principal es combatir el insomnio o mejorar la calidad del descanso, tomar ashwagandha por la noche es la opción lógica.

No te va a noquear como una pastilla para dormir. Olvídate de eso. Lo que hace es modular la respuesta al estrés para que, cuando apoyes la cabeza en la almohada, no estés repasando esa conversación incómoda que tuviste hace tres años. Ayuda a entrar en un estado de relajación más profundo.

  • Mejora la latencia del sueño (te duermes más rápido).
  • Aumenta la calidad percibida del descanso.
  • Ayuda a regular los ritmos circadianos si eres de los que tiene el horario cambiado.

Investigaciones publicadas en Cureus han señalado que el extracto de raíz de ashwagandha es eficaz para mejorar el sueño tanto en personas sanas como en aquellas que sufren de insomnio. Si decides tomarla antes de acostarte, hazlo unos 30 o 60 minutos antes. Es el tiempo ideal para que el cuerpo empiece a procesarla mientras tú dejas el móvil y bajas las luces.

¿Se puede tomar dos veces al día?

De hecho, mucha gente lo hace. Si compras un suplemento que recomienda 600 mg al día, a veces viene dividido en dos cápsulas de 300 mg. Tomar una por la mañana y otra por la noche es una estrategia fantástica para mantener niveles estables en sangre. Sorta como un goteo constante de calma.

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Esto es especialmente útil si tienes un trastorno de ansiedad generalizada o si estás pasando por una época de exámenes o picos de trabajo brutales. Repartir la dosis minimiza cualquier posible efecto secundario gástrico y maximiza los beneficios en ambos extremos del día.

La importancia de la constancia (el gran secreto)

Si algo quiero que te quede claro es que la ashwagandha no es una aspirina. No te la tomas y a los 20 minutos te sientes zen. Esto es una carrera de fondo.

La mayoría de los estudios clínicos muestran resultados significativos después de 4 a 8 semanas de uso diario. Si la tomas un lunes por la mañana y el martes se te olvida, y el miércoles la tomas por la noche... pues sinceramente, estás tirando el dinero. El cuerpo necesita tiempo para ajustar sus receptores y para que el eje hipotálamo-pituitario-adrenal (HPA) empiece a autorregularse.

Dicho esto, la paciencia es clave. Verás que después de un mes, de repente, te das cuenta de que las cosas que antes te sacaban de quicio ahora te dan un poco más igual. Esa es la magia de los adaptógenos.

Efectos secundarios y precauciones: no todo es color de rosa

A pesar de ser natural, no es inocua. Hay que ser realistas. Algunas personas reportan somnolencia excesiva si la toman por la mañana. Si notas que a las 11 de la mañana te estás cayendo de sueño frente al ordenador, cambia la toma a la noche inmediatamente. Tu cuerpo te está diciendo que a ti te relaja más de la cuenta.

También hay grupos que deberían tener cuidado:

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  1. Personas con problemas de tiroides: La ashwagandha puede aumentar los niveles de hormona tiroidea. Si tienes hipertiroidismo, aléjate. Si tienes hipotiroidismo y te medicas, consulta con tu endocrino porque podrías acabar con una dosis excesiva de hormonas.
  2. Enfermedades autoinmunes: Al estimular ligeramente el sistema inmune, podría empeorar condiciones como el lupus o la artritis reumatoide.
  3. Embarazadas: Rotundamente no. Hay riesgo de aborto espontáneo en dosis altas.

Cómo elegir un buen suplemento

No todas las ashwagandhas son iguales. Si compras el polvo a granel más barato que encuentres en internet, probablemente estés tomando mucha fibra de relleno y pocos principios activos (withanólidos).

Busca siempre extractos estandarizados. Los nombres "KSM-66" o "Sensoril" son los estándares de oro en la industria. El KSM-66 utiliza solo la raíz y es el que más se asocia con el equilibrio hormonal y la energía. El Sensoril incluye hojas y suele ser más potente para el sueño y la relajación profunda.

Fíjate en el porcentaje de withanólidos. Un buen suplemento debería tener al menos un 5%. Si no lo pone en la etiqueta, sospecha. Es como comprar un coche y que no te digan cuántos caballos tiene el motor.

Pasos prácticos para empezar hoy mismo

Si has decidido darle una oportunidad a esta planta milenaria de la medicina Ayurveda, aquí tienes una hoja de ruta sencilla para no liarte:

  • Define tu objetivo: ¿Estrés diurno o insomnio nocturno? Esa es tu brújula para decidir si tomarla por la mañana o por la noche.
  • Empieza con una dosis baja: No hace falta meterse 1000 mg de golpe. Empieza con 300 mg y mira cómo reacciona tu estómago y tu nivel de alerta.
  • Tómala con comida: Siempre es mejor para evitar molestias estomacales, sea el desayuno o la cena.
  • Dale tiempo: Comprométete a tomarla al menos 30 días seguidos antes de decidir si te funciona o no.
  • Vigila tu tiroides: Si notas palpitaciones o nerviosismo extraño, para y consulta a un profesional.

La ashwagandha es una herramienta poderosa, pero es solo eso, una herramienta. No va a sustituir una buena dieta, el ejercicio o el hecho de que necesites vacaciones. Pero para esos días en los que el mundo parece pesar un poco más de lo normal, tenerla de tu lado —ya sea al despertar o antes de dormir— marca una diferencia real que se nota en el cuerpo y en la mente. Lo más importante es que escuches a tu organismo; él te dirá si prefiere ese empujón de calma al empezar el día o el abrazo relajante antes de apagar la luz.