Tiroteos en Estados Unidos: Por qué las cifras no cuentan toda la historia

Tiroteos en Estados Unidos: Por qué las cifras no cuentan toda la historia

Es una notificación que casi todos hemos recibido en el celular. Otra vez. Un tiroteo en una escuela, un centro comercial o un supermercado. Honestamente, se siente como si estuviéramos atrapados en un bucle infinito de noticias de última hora que terminan pareciéndose demasiado entre sí. Pero cuando hablamos de los tiroteos en Estados Unidos, la realidad es mucho más compleja que el simple conteo de tragedias que vemos en la televisión. No es solo un problema de armas, ni solo un problema de salud mental, ni solo política. Es todo eso mezclado en un sistema legal y cultural que no tiene comparación en ninguna otra parte del mundo desarrollado.

La gente suele pensar que estos eventos son todos iguales, pero no. Hay una diferencia abismal entre lo que el FBI clasifica como un "tirador activo" y lo que organizaciones como el Gun Violence Archive definen como un tiroteo masivo. Esa confusión de términos es lo que hace que, a veces, parezca que estamos leyendo estadísticas de dos países diferentes. Básicamente, si no entendemos cómo se miden estos incidentes, es imposible entender por qué no se detienen.

La confusión con las cifras de los tiroteos en Estados Unidos

Para entender el caos de los tiroteos en Estados Unidos, hay que mirar debajo del capó de los datos. El FBI tiene una definición técnica muy específica para los incidentes de "tirador activo". Para ellos, se trata de un individuo (o más) que intenta activamente matar personas en un área poblada. Sin embargo, no siempre incluyen incidentes relacionados con pandillas o violencia doméstica en esa categoría específica. Por otro lado, el Gun Violence Archive utiliza un criterio más amplio: cualquier incidente donde cuatro o más personas resulten heridas o muertas por disparos, sin incluir al tirador.

Esta discrepancia es enorme. Mientras que el FBI puede reportar unas pocas docenas de eventos de tiradores activos en un año, otras bases de datos pueden mostrar más de 600 tiroteos masivos en el mismo periodo. Es una locura. ¿Cuál es la cifra real? Ambas lo son, dependiendo de qué estés midiendo. El problema es que esta guerra de números se usa a menudo como arma política, lo que enturbia cualquier debate serio sobre soluciones reales.

No podemos ignorar el contexto del 2026. A pesar de los esfuerzos legislativos recientes, como la Ley Bipartidista de Comunidades Más Seguras firmada hace unos años, los números no han caído en picada como muchos esperaban. Se han bloqueado miles de ventas de armas a personas "prohibidas", sí, pero el mercado secundario y las armas de fabricación casera, las famosas "ghost guns", siguen siendo un dolor de cabeza para las autoridades.

¿Qué está pasando realmente en las escuelas?

Cuando pensamos en los tiroteos en Estados Unidos, la imagen que nos viene a la cabeza es un aula de clases. Es el miedo más visceral de cualquier padre. Sin embargo, estadísticamente, las escuelas siguen siendo uno de los lugares más seguros para los niños, aunque parezca mentira. La mayoría de la violencia armada ocurre en entornos urbanos, en calles y hogares, lejos de los reflectores de las noticias nacionales. Pero el impacto psicológico de un tiroteo escolar es tan devastador que redefine la política de todo el país.

📖 Related: Fire in Idyllwild California: What Most People Get Wrong

Investigadores como Jillian Peterson y James Densley, autores de The Violence Project, han pasado años estudiando la psicología de estos atacantes. Han descubierto que casi todos tienen algo en común: una crisis personal aguda y una búsqueda de notoriedad. No son simplemente "locos". Son personas que han pasado por traumas severos, que a menudo han dado señales de alerta que nadie supo leer, y que ven el acto violento como un escape final.

La seguridad escolar se ha convertido en una industria multimillonaria. Cámaras con inteligencia artificial, vidrios blindados, puertas con cerrojos automáticos. Todo eso está muy bien, pero muchos expertos argumentan que estamos convirtiendo las escuelas en prisiones en lugar de abordar el origen del problema. Kinda triste, si te pones a pensarlo. Estamos tratando de mitigar el daño en lugar de prevenir que alguien apriete el gatillo.

El factor del contagio y los medios

Existe un fenómeno real llamado "efecto contagio". Cuando un tiroteo recibe una cobertura mediática masiva y constante, las probabilidades de que ocurra otro similar aumentan drásticamente en las semanas siguientes. Es como un virus. Los atacantes suelen estudiar a los que vinieron antes que ellos, buscando superar el número de víctimas o simplemente obtener el mismo nivel de atención póstuma.

Por eso, muchos expertos en comunicación y criminología ahora piden que no se publiquen los nombres ni los manifiestos de los perpetradores. La idea es "No Notoriety". Si les quitas la fama, les quitas parte del incentivo. Pero en la era de las redes sociales, donde cualquier video de TikTok se vuelve viral en minutos, controlar esa narrativa es casi imposible.

No se puede hablar de los tiroteos en Estados Unidos sin entrar en el pantano legal de la Segunda Enmienda. "A well regulated Militia, being necessary to the security of a free State, the right of the people to keep and bear Arms, shall not be infringed". Esas pocas palabras son el centro de una de las batallas legales más largas de la historia estadounidense.

👉 See also: Who Is More Likely to Win the Election 2024: What Most People Get Wrong

La Corte Suprema ha inclinado la balanza de manera significativa en los últimos años. Decisiones como New York State Rifle & Pistol Association, Inc. v. Bruen han dejado claro que el derecho a portar armas fuera del hogar es fundamental. Esto ha invalidado muchas leyes estatales que intentaban restringir quién puede llevar una pistola oculta en público. Para los defensores de los derechos de las armas, esto es una victoria de la libertad individual. Para los defensores del control de armas, es una receta para el desastre.

Es una división cultural profunda. En muchas partes de EE. UU., las armas son parte de la identidad, del deporte y de la autodefensa. En otras, son vistas puramente como herramientas de destrucción. No hay un punto medio fácil. Mientras que estados como California o Nueva York endurecen sus leyes, estados vecinos pueden tener regulaciones mucho más laxas, lo que facilita el flujo ilegal de armas a través de las fronteras estatales. El famoso "Iron Pipeline" que alimenta la violencia en ciudades como Chicago o Baltimore.

Realidades sobre la salud mental

A menudo escuchamos que el problema es la salud mental. Es una explicación cómoda porque evita hablar de las armas. Pero la ciencia dice algo distinto. La gran mayoría de las personas con enfermedades mentales no son violentas. De hecho, tienen más probabilidades de ser víctimas de un crimen que de cometerlo.

Culpabilizar solo a la salud mental es un error táctico. Si bien es cierto que muchos tiradores masivos atraviesan crisis psicológicas, el acceso fácil a armas de alta capacidad es lo que convierte una crisis personal en una masacre pública. En otros países hay los mismos niveles de depresión, ansiedad y psicosis, pero no el mismo nivel de matanzas. La diferencia es la herramienta disponible.

Acciones que realmente están moviendo la aguja

A pesar de lo sombrío del panorama, hay cosas que están funcionando. No todo son malas noticias.

✨ Don't miss: Air Pollution Index Delhi: What Most People Get Wrong

Las leyes de "Bandera Roja" (Red Flag Laws) permiten a los familiares o a la policía solicitar a un juez que retire temporalmente las armas a alguien que representa un peligro para sí mismo o para los demás. Se ha demostrado que estas leyes son especialmente efectivas para prevenir suicidios, que de hecho representan la mayor parte de las muertes por armas de fuego en el país.

Otro enfoque que está ganando terreno es la Intervención contra la Violencia Comunitaria (CVI). En lugar de enviar solo policías a los barrios conflictivos, se envían trabajadores sociales y mediadores de conflictos que conocen a la comunidad. Ellos intervienen antes de que una disputa se convierta en un tiroteo. Ciudades que han invertido seriamente en estos programas han visto reducciones reales en sus tasas de homicidios. Es un trabajo lento, de hormiga, pero funciona porque ataca las causas de raíz: la falta de oportunidades y el ciclo de la venganza.

Lo que puedes hacer: pasos prácticos

Si vives en Estados Unidos o te preocupa este tema, hay formas de involucrarse que van más allá de publicar un hashtag en Instagram. Aquí hay algunas cosas concretas:

  1. Aprende sobre el almacenamiento seguro: Un porcentaje altísimo de los tiroteos cometidos por menores se realizan con armas que no estaban bajo llave en casa. Si tienes armas, usa cajas fuertes biométricas. Si tus hijos van a jugar a casa de un amigo, no tengas miedo de preguntar si hay armas y cómo están guardadas. Es una conversación incómoda pero vital.
  2. Identifica las señales de advertencia: La organización Sandy Hook Promise tiene programas excelentes como "Say Something". Enseñan a jóvenes y adultos a reconocer comportamientos que indican que alguien planea hacerse daño o dañar a otros. Casi todos los atacantes lo dicen antes de hacerlo.
  3. Involúcrate a nivel local: A veces la política nacional está estancada, pero a nivel de ciudad o condado se pueden lograr cambios en la seguridad de los parques, la iluminación de las calles y el apoyo a programas de salud mental juvenil.
  4. Exige transparencia en los datos: Apoya a organizaciones que rastrean la violencia armada de manera científica y sin sesgos políticos. Cuanto mejores sean los datos, mejores serán las políticas públicas.

El tema de los tiroteos en Estados Unidos no se va a resolver mañana. Es una herida abierta que requiere una cirugía profunda en muchos niveles de la sociedad. Pero entender que no es un problema monolítico es el primer paso para dejar de ser simples espectadores de la tragedia y empezar a ser parte de una solución, aunque sea pequeña. Al final del día, se trata de proteger la vida por encima de cualquier ideología.