El peso mexicano siempre ha sido un volado. Si creciste en México o tienes negocios aquí, sabes de qué hablo. Tradicionalmente, cuando el mundo estornudaba, al tipo de cambio en México le daba una neumonía fulminante. Pero las cosas se pusieron raras últimamente. Ya no es la moneda débil que recordamos de las crisis de los 90 o de los sustos del efecto tequila.
Hoy, el peso es una de las monedas más líquidas y operadas del planeta. Es el "proxy" de los mercados emergentes. Básicamente, si un inversionista en Londres o Tokio quiere apostar a favor o en contra de las economías en desarrollo, usa al peso mexicano como su juguete favorito. Por eso se mueve tanto.
No es solo inflación. Es geopolítica pura.
El mito del súper peso y la realidad del mercado
Mucha gente se emociona cuando ve el dólar bajar de los 17 o 18 pesos. Le llaman el "Súper Peso". Suena increíble, ¿no? Para el que se va de compras a McAllen o el que importa maquinaria, es una bendición. Pero para el exportador de aguacate en Michoacán o la familia que vive de las remesas en Zacatecas, es un golpe durísimo al estómago. Reciben menos pesos por cada dólar que ganan.
La fortaleza reciente no ha sido casualidad. El Banco de México (Banxico) ha mantenido las tasas de interés por las nubes. Estamos hablando de niveles que hacen que los inversionistas extranjeros saliven. Si dejas tu dinero en dólares en EE. UU., te dan una miseria comparado con lo que te ofrece un Cete en México. Esa diferencia de tasas, que los financieros llaman carry trade, es el motor principal que ha mantenido al tipo de cambio en niveles que nadie preveía hace cinco años.
Sin embargo, el carry trade es un invitado caprichoso. En cuanto la Reserva Federal de Estados Unidos (la Fed) mueve una ceja o Banxico decide bajar sus tasas para no asfixiar la economía local, el capital sale corriendo. El peso no es fuerte porque seamos una potencia industrial imparable, sino porque pagamos muy bien a quienes nos prestan su dinero. Es una distinción sutil pero vital para entender hacia dónde va tu dinero.
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¿Qué mueve realmente el tipo de cambio en México hoy?
Olvídate de lo que dicen los libros de texto de economía de hace veinte años. El petróleo ya no es el rey. Antes, si el barril de crudo caía, el peso se hundía. Hoy, esa correlación se ha roto bastante. Ahora mandan otros factores.
El Nearshoring es la palabra de moda. Todo el mundo habla de ello. La idea es que las empresas chinas y estadounidenses están moviendo sus fábricas a Monterrey, Querétaro o Ciudad Juárez para estar cerca del mercado gringo. Esto atrae Inversión Extranjera Directa (IED). Cuando una empresa como Tesla o BMW anuncia una planta en México, necesita comprar pesos para pagar terrenos, salarios y cemento. Esa demanda de pesos aprecia la moneda.
Luego están las remesas. Son una locura. Millones de mexicanos enviando dinero desde Estados Unidos inyectan un flujo constante de dólares al mercado local. Es una oferta masiva de billetes verdes que mantiene el precio del dólar a raya. Según datos de Banxico, las remesas han alcanzado niveles récord año tras año, superando incluso los ingresos por exportaciones petroleras o turismo.
El factor miedo y la volatilidad
El peso es la moneda de "seguro". Como es tan fácil de comprar y vender las 24 horas del día, cuando hay una guerra en el Medio Oriente o incertidumbre en las elecciones de EE. UU., los fondos de inversión venden pesos para refugiarse en el dólar o el oro. No es que México esté mal, es que el peso es el activo más fácil de liquidar para cubrir pérdidas en otros lados.
Esto explica por qué a veces ves saltos de 50 centavos en una sola tarde sin que haya pasado nada relevante en la política mexicana. Es simplemente el mercado global usando a México como su válvula de escape.
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Las elecciones en EE. UU. y el fantasma de los aranceles
No podemos hablar del tipo de cambio en México sin mirar al norte. Cada vez que hay elecciones en Estados Unidos, el peso se pone nervioso. La retórica sobre el T-MEC, los aranceles y el control fronterizo son gasolina pura para la volatilidad.
Históricamente, los candidatos estadounidenses usan a México como piñata electoral. Si escuchas amenazas de renegociar el tratado comercial, el mercado se asusta. ¿Por qué? Porque el 80% de lo que exportamos va para allá. Si ese flujo se interrumpe, la economía mexicana se detiene. El tipo de cambio reacciona antes de que las leyes se firmen. Los mercados descuentan el futuro.
La inflación no perdona
A veces pensamos que el tipo de cambio es el único termómetro de la economía, pero la inflación es el verdadero cáncer silencioso. Si el dólar está barato pero los precios de la canasta básica suben 10%, tu poder adquisitivo real está disminuyendo.
Banxico tiene un solo mandato: mantener la inflación bajo control. Su herramienta es la tasa de interés. Si la inflación sube, suben las tasas. Si suben las tasas, el peso se fortalece. Es un ciclo. Pero ojo, una moneda demasiado fuerte también puede ser una señal de que la economía se está enfriando porque el consumo interno se vuelve más caro para los productores nacionales. Nada es gratis en la economía.
Realidades sobre el ahorro en dólares
Mucha gente corre a comprar dólares en cuanto ve que el peso se deprecia un poco. "Es que siempre sube", dicen. A largo plazo, sí, el peso tiende a perder valor frente al dólar debido al diferencial de inflación entre ambos países. Es una regla matemática básica: si los precios en México suben más rápido que en EE. UU., el peso tiene que valer menos para mantener la paridad.
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Pero, honestamente, comprar dólares en la ventanilla del banco suele ser un mal negocio para el ciudadano de a pie. El "spread" o la diferencia entre el precio de compra y venta es tan grande que el dólar tiene que subir muchísimo solo para que recuperes tu inversión. Si vas a invertir en moneda extranjera, mejor busca instrumentos financieros o fondos indexados que no te cobren la comisión abusiva del banco de la esquina.
Pasos prácticos para navegar la incertidumbre cambiaria
El tipo de cambio en México va a seguir siendo una montaña rusa. No hay vuelta de hoja. Si tienes deudas, si planeas viajar o si manejas un negocio, tienes que ser más inteligente que el promedio.
Primero, deja de intentar adivinar el "piso" del dólar. Nadie sabe si va a llegar a 16 o va a rebotar a 20. Los mejores analistas de Wall Street fallan constantemente. Lo ideal es promediar. Si necesitas dólares para un viaje o para pagar una deuda, compra un poco cada mes. Así, a veces comprarás caro y otras barato, pero tu promedio será razonable.
Para las empresas, la cobertura cambiaria es obligatoria. No es un lujo. Usar derivados o forwards te permite fijar un precio hoy para tus transacciones futuras. Cuesta una prima, sí, pero es el costo de dormir tranquilo. Imagina que cierras un contrato vendiendo mercancía a un dólar de 18 y para cuando te pagan está en 17. Acabas de perder tu margen de ganancia por no cubrirte.
Finalmente, diversifica. No tengas todo tu patrimonio en una sola moneda. El peso mexicano ofrece rendimientos jugosos en renta fija ahora mismo, pero el dólar es el refugio global por excelencia. Mantener un equilibrio entre activos locales y extranjeros es la única forma real de protegerse contra los vaivenes políticos y económicos que, te guste o no, seguirán definiendo el valor de nuestra moneda.
La estabilidad actual es un equilibrio delicado. Depende de que sigamos siendo atractivos para el capital extranjero y de que el entorno global no se rompa por completo. Mientras el diferencial de tasas siga a nuestro favor y el nearshoring pase de ser una promesa a ser fábricas reales operando, el peso tiene con qué defenderse. Pero nunca bajes la guardia; en México, el tipo de cambio siempre guarda una sorpresa bajo la manga.
Para gestionar tus finanzas ante estos cambios, lo más sensato es monitorear los anuncios oficiales de Banxico cada mes y ajustar tus inversiones en renta fija según se muevan las tasas. Si el diferencial con la Fed se reduce, prepárate para una corrección natural del peso. Mantén un fondo de emergencia en instrumentos líquidos de corto plazo para reaccionar rápido ante cualquier salto inesperado en la paridad cambiaria.