Seguro te lo dijeron de niño. Si el termómetro marca 37°C, estás perfecto. Si sube un poquito más, ya estás enfermo. Pero la realidad es que ese número es, honestamente, un mito que lleva arrastrándose desde el siglo XIX.
Fue un médico alemán llamado Carl Wunderlich quien, allá por 1851, analizó millones de mediciones de unos 25,000 pacientes y sentenció que la temperatura media era de 37 grados. El problema es que los termómetros de aquella época eran gigantes, lentos y, bueno, no tan precisos como los que tenemos ahora en el cajón del baño. Además, los humanos de 1850 lidiaban con inflamaciones crónicas, tuberculosis y problemas dentales que elevaban su calor corporal de forma constante. Nosotros ya no somos esa gente.
Hoy, las temperaturas normales del cuerpo son un rango, no un punto fijo. Un estudio masivo de la Universidad de Stanford, liderado por la doctora Myroslava Protsiv, confirmó que nuestra temperatura ha ido bajando gradualmente unos 0.03°C por década. Básicamente, nos estamos "enfriando".
¿Cuál es el rango real de las temperaturas normales del cuerpo?
Si te tomas la temperatura ahora mismo y sale 36.4°C, no te preocupes. No estás entrando en hipotermia. Para la mayoría de los adultos sanos, lo normal fluctúa entre los 36.1°C y los 37.2°C.
¿Por qué cambia tanto? Por todo. Literalmente. Tu cuerpo es una máquina metabólica que genera calor como subproducto de estar vivo. Si acabas de comer un filete enorme, tu temperatura subirá por la termogénesis. Si estás ovulando, subirá. Si son las cuatro de la mañana y estás profundamente dormido, probablemente estarás en tu punto más bajo, quizá rozando los 36 grados. Es un ritmo circadiano. Es biología pura.
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La ubicación de la medida también importa muchísimo. No es lo mismo poner el termómetro bajo la lengua que en la axila. La temperatura axilar suele ser hasta 0.6°C más baja que la oral. Y si nos ponemos técnicos, la temperatura rectal es la que realmente nos dice qué está pasando "bajo el capó", siendo usualmente la más alta y precisa.
Factores que alteran tu termómetro interno
No somos termostatos fijos. Hay variables que a veces ignoramos y que nos hacen correr a urgencias sin necesidad.
- La edad manda: Los bebés y los niños pequeños suelen tener temperaturas más altas porque su superficie corporal respecto a su peso es distinta y su metabolismo va a mil por hora. En cambio, los ancianos suelen tener temperaturas basales más bajas. Para un abuelo de 85 años, tener 37.2°C podría ser técnicamente fiebre, aunque para un adolescente sea un martes cualquiera.
- El sexo y las hormonas: Las mujeres experimentan cambios notables durante el ciclo menstrual. Tras la ovulación, la progesterona hace su trabajo y la temperatura sube aproximadamente medio grado.
- La hora del día: Somos más fríos al despertar y más cálidos al atardecer. Es el ciclo natural del cortisol y otras hormonas.
- El estrés: Si estás pasando por un ataque de ansiedad o un momento de estrés agudo, tu sistema nervioso simpático se activa, la sangre se mueve y sí, puedes calentarte un poco.
¿Cuándo deberías preocuparte de verdad?
La fiebre no es el enemigo. Es el equipo de seguridad de tu cuerpo avisando que hay un intruso. La mayoría de las bacterias y virus que nos atacan prefieren vivir a esos cómodos 36.5 o 37 grados. Cuando el hipotálamo (el termostato de tu cerebro) sube la temperatura a 38°C o más, está intentando "cocinar" al bicho para que no se reproduzca.
Hablemos de números claros. Se considera febrícula cuando estás entre 37.3°C y 37.9°C. No es fiebre oficial, es un "aviso". La fiebre real empieza a partir de los 38°C.
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Sin embargo, hay algo que los médicos siempre repiten: trata al paciente, no al termómetro. Si tienes 38.2°C pero estás hidratado y descansando, quizás no necesites salir corriendo por un paracetamol de inmediato. Pero si tienes 37.8°C y además sientes una rigidez en el cuello insoportable, confusión o manchas en la piel, ahí la cosa cambia. La clave no es solo cuánto marca la pantalla, sino qué otros síntomas acompañan al calor.
Mitos comunes que hay que enterrar
Mucha gente cree que "su temperatura normal es más baja" y que por eso 37°C para ellos ya es fiebre. Si bien es cierto que hay variabilidad individual, los estándares médicos son bastante robustos. No puedes declarar que tienes fiebre con 37.1°C solo porque ayer tenías 36.2°C. El cuerpo tiene margen de maniobra.
Otro error es tomar la temperatura justo después de fumar, beber algo caliente o hacer ejercicio. Tienes que esperar al menos 20 o 30 minutos en reposo absoluto para que la cifra sea real. De lo contrario, solo estás midiendo el calor de tu café, no el de tu sangre.
Cómo medir con precisión en casa
Si vas a monitorizar las temperaturas normales del cuerpo, hazlo bien. Olvida los termómetros de mercurio; son peligrosos y en muchos países ya ni se venden. Los digitales de punta rígida son los más fiables para uso oral o axilar.
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Para una toma oral correcta, coloca la punta debajo de la lengua, bien al fondo, en lo que los médicos llaman el "bolsillo sublingual". Cierra la boca. No hables. No respires por la boca. Espera al pitido. Si lo haces en la axila, asegúrate de que la piel esté seca. El sudor enfría la superficie por evaporación y te dará una lectura falsa, haciéndote creer que estás bien cuando quizás no lo estás.
Los termómetros de infrarrojos (los de la frente) que se volvieron famosos en 2020 son muy cómodos, pero fallan más que una escopeta de feria si hay corrientes de aire, si la persona viene de la calle o si tiene el pelo mojado. Son geniales para un cribado rápido, pero si sale algo raro, confirma siempre con uno digital de contacto.
El veredicto científico actual
La medicina moderna está empezando a entender que la temperatura es casi tan personal como la huella dactilar. Un estudio publicado en el Journal of General Internal Medicine sugiere que deberíamos empezar a definir la "fiebre personalizada". Quizás en el futuro, tu reloj inteligente sepa exactamente cuál es tu rango base y te avise cuando te desvies de tu normalidad, no de la normalidad de un alemán de hace dos siglos.
Por ahora, quédate con esto: el 37 es una guía, no una ley. Tu cuerpo es dinámico. Si te sientes bien, un 36.4 es perfecto. Si te sientes mal, un 37.5 ya merece atención.
Pasos prácticos para el control de la temperatura
- Conoce tu línea base: Tómate la temperatura durante tres días seguidos en un momento en que te sientas perfectamente sano, preferiblemente a la misma hora (por ejemplo, a las 10:00 AM). Esa es tu verdadera temperatura normal.
- Diferencia los instrumentos: No mezcles lecturas de diferentes dispositivos. Elige uno para el seguimiento de una enfermedad y mantente con ese para ver la tendencia.
- Hidratación ante todo: Antes de medicarte para bajar una febrícula, bebe agua. A veces, una ligera elevación de la temperatura es simplemente deshidratación leve, especialmente en verano o tras ejercicio físico moderado.
- Vigila los síntomas de alarma: Independientemente del número, busca ayuda médica inmediata si la fiebre supera los 39.4°C, si hay convulsiones, dificultad para respirar o si la fiebre dura más de tres días sin causa aparente.
Mantener un registro de las temperaturas normales del cuerpo en los miembros de tu familia ayuda a detectar anomalías mucho antes de que se conviertan en un problema mayor. La observación constante supera a cualquier cifra mágica heredada del siglo XIX.