Si alguna vez has visto un video de un animal pequeño, algo rechoncho y con una franja blanca en el lomo enfrentándose a una manada de leones, ya conoces al tejón de la miel. No es un apodo tierno. Es una descripción de guerra. Este bicho, cuyo nombre científico es Mellivora capensis, básicamente no tiene el interruptor del miedo instalado en el cerebro.
Honestamente, es una anomalía de la naturaleza.
Mucha gente piensa que son parientes de los tejones europeos o americanos solo por el nombre, pero la realidad es que están más cerca de las comadrejas y los glotones. Son pura fibra y una mala actitud que parece no tener límites biológicos. No se trata solo de que sean agresivos; es que su fisiología está construida para el conflicto. Si un león intenta morder a un tejón de la miel, se encuentra con una sorpresa desagradable: su piel. Es tan gruesa y elástica que el tejón puede girarse dentro de su propia piel para morderle la cara al depredador mientras este intenta sujetarlo. Es, literalmente, un diseño evolutivo para el contraataque.
Lo que la gente suele ignorar sobre su resistencia al veneno
Seguro has oído que el tejón de la miel se come cobras como si fueran fideos. Es verdad. Pero lo que no todo el mundo entiende es el "cómo". No es que el veneno no les haga nada, sino que han desarrollado una mutación en sus receptores de acetilcolina nicotínicos. Básicamente, sus células están bloqueadas contra las neurotoxinas de serpientes como la cobra real o las víboras.
¿Qué pasa cuando una cobra lo muerde de lleno? El tejón suele ganar la pelea, se come la cabeza de la serpiente y luego, debido a la carga de toxinas, cae en un estado de coma que parece la muerte. Lo ves ahí tirado, tieso, y piensas: "bueno, hasta aquí llegó". Pero un par de horas después, el animal simplemente se despierta, se sacude el polvo y termina de comerse el resto de la serpiente. Es una resaca biológica de nivel extremo.
Investigadores como Danielle Drabeck de la Universidad de Minnesota han estudiado esta resistencia y es fascinante porque muestra una carrera armamentista evolutiva que ha durado millones de años. No es invulnerabilidad; es una adaptación metabólica brutalmente eficiente.
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Anatomía de un tanque con patas
A veces los ves caminar y parecen un poco torpes. No te equivoques. Sus patas delanteras están equipadas con garras de casi cuatro centímetros que no están ahí solo para verse intimidantes. Son herramientas de excavación masiva. Un tejón de la miel puede enterrarse en suelo duro en cuestión de minutos para escapar del calor o para sacar a un roedor de su madriguera.
La piel como armadura móvil
Como mencioné antes, la piel es su mejor defensa. Tiene casi 6 milímetros de grosor en el cuello. Para que te hagas una idea, eso es más grueso que la piel de un búfalo en relación a su tamaño. Es casi imposible de atravesar con flechas o lanzas tradicionales, e incluso los colmillos de los perros grandes apenas logran rasguñarlos.
Además, tienen una articulación en la mandíbula que les permite morder con una fuerza desproporcionada. Pueden romper el caparazón de una tortuga. No hay muchas cosas en la sabana africana o en las selvas de la India que puedan decir eso.
El mito de la "amistad" con el pájaro guía de la miel
Aquí es donde la ciencia se pone interesante y un poco escéptica. Durante años, se ha contado la historia del indicador (Indicator indicator), un pájaro que supuestamente guía al tejón de la miel hasta las colmenas de abejas para que el tejón las rompa y ambos se den un banquete.
Es una historia preciosa para un documental de Disney, pero la evidencia científica sólida es... escasa.
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Si bien está ultra documentado que estos pájaros guían a los humanos (la tribu Hadza en Tanzania tiene una relación real con ellos), no hay tantos registros científicos verificables de que lo hagan con los tejones de forma sistemática. Es más probable que el pájaro simplemente siga al tejón y aproveche el desastre que este deja atrás. El tejón de la miel es un animal solitario y bastante antisocial; no parece el tipo de criatura que acepta sugerencias de navegación de un ave pequeña.
Comportamiento y dieta: Comen lo que sea
Si se mueve, es comida. Si no se mueve pero solía moverse, también es comida. El tejón de la miel es un oportunista masivo.
- Escorpiones: Les arrancan el aguijón y se los comen como snacks.
- Crías de antílope: Si tienen la oportunidad, cazan presas mucho más grandes que ellos.
- Bulbos y raíces: No todo es carne; también necesitan fibra.
- Miel (obviamente): Por algo se llaman así. Tienen una tolerancia absurda a las picaduras de abejas, aunque a veces mueren si el ataque es masivo y no logran romper la colmena rápido.
Son animales nómadas. No tienen una sola casa, sino que usan madrigueras abandonadas o cavan una nueva cada noche. Su territorio puede abarcar hasta 500 kilómetros cuadrados en el caso de los machos. Son básicamente vagabundos armados que no quieren que nadie los moleste.
¿Por qué son tan agresivos realmente?
No es que se despierten con ganas de pelear con un león porque sí. La agresividad del tejón de la miel es una estrategia de defensa preventiva. En la naturaleza, si pareces demasiado difícil de matar, la mayoría de los depredadores decidirán que no vale la pena el riesgo de perder un ojo o sufrir una infección por un mordisco.
Cuando un tejón se ve acorralado, emite un rugido ronco, eriza su pelo para parecer el doble de grande y suelta un olor fétido de sus glándulas anales que rivaliza con el de una mofeta. Es un despliegue sensorial de "vete de aquí o esto va a ser horrible para los dos". Y funciona. Hay videos famosos de tres leopardos tratando de someter a un solo tejón y rindiéndose después de veinte minutos de puro caos.
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Dónde verlos y cómo interactuar (o no)
Si viajas a África subsahariana, a partes de Irán o al oeste de la India, podrías cruzarte con uno. Pero te doy un consejo: si ves uno, dale espacio. Mucho espacio.
- En safaris: Lugares como el Parque Nacional Kruger en Sudáfrica o el Kalahari son puntos calientes. Son más activos al amanecer o al anochecer (crepusculares), aunque en zonas tranquilas se vuelven diurnos.
- Conflictos con granjeros: En muchas áreas, son considerados plagas porque pueden entrar en gallineros y matar a todas las aves en una noche. No lo hacen por maldad, sino por instinto de caza excedente. Actualmente hay esfuerzos para crear colmenas "a prueba de tejones" que se elevan sobre postes de metal para evitar que los maten por proteger la miel.
- Estado de conservación: Según la UICN, están en la categoría de "Preocupación Menor", pero sus poblaciones están disminuyendo debido a la pérdida de hábitat y la persecución humana.
El tejón de la miel es un recordatorio de que el tamaño no dicta el lugar en la cadena alimenticia si tienes la piel lo suficientemente dura y la actitud adecuada. Son testarudos, huelen mal y no tienen amigos, pero son probablemente los supervivientes más impresionantes del reino animal.
Para los entusiastas de la vida silvestre, entender a este animal requiere dejar de lado la idea de que la naturaleza es siempre "armonía". A veces, la naturaleza es solo un tejón muy enfadado que se niega a morir porque todavía tiene hambre.
Si quieres profundizar en su comportamiento, busca los estudios de Brian Jones o el trabajo de campo de la Dra. Colleen Begg en el Proyecto del Tejón de la Miel en el Niassa Carnivore Project. Sus investigaciones han desmitificado mucho de lo que creíamos saber, mostrando que, detrás de la leyenda del animal "loco", hay una inteligencia táctica sorprendente y una capacidad de adaptación que muy pocos mamíferos poseen.
Pasos a seguir para aprender más o ayudar a su conservación
- Investiga los diseños de colmenas "Honey Badger Friendly" si te interesa la apicultura sostenible en zonas de conflicto.
- Apoya a organizaciones como Cheetah Conservation Fund o proyectos locales en el Kalahari que incluyen al tejón en sus estudios de ecosistemas.
- Si visitas un parque nacional, busca guías especializados en rastreo; las huellas del tejón son inconfundibles por la marca de sus largas garras delanteras.
- No alimentes nunca a la fauna salvaje en campamentos, ya que los tejones aprenden rápido dónde hay comida fácil y se vuelven visitantes peligrosos y persistentes.