Tatuajes en los ojos: La realidad detrás del riesgo y por qué los expertos están preocupados

Tatuajes en los ojos: La realidad detrás del riesgo y por qué los expertos están preocupados

No es un tatuaje normal. Olvida las agujas rápidas y el zumbido de una máquina de bobinas rozando la piel. Cuando hablamos de tatuajes en los ojos, o técnicamente el tatuaje escleral, nos referimos a inyectar tinta directamente entre las capas de la esclerótica (la parte blanca) y la conjuntiva. Es una decisión extrema. Básicamente, estás tiñendo el globo ocular de forma permanente.

Mucha gente ve fotos en Instagram y piensa que se ve "cool" o futurista. Pero, honestamente, la mayoría no tiene ni idea de lo que realmente está pasando a nivel médico cuando ese pigmento entra en contacto con el tejido ocular. No hay vuelta atrás. No hay láser que pueda borrar esto. Si algo sale mal, las consecuencias no son solo estéticas; son incapacitantes.

¿Qué es exactamente el tatuaje escleral?

A diferencia de un tatuaje en el brazo donde la tinta se queda atrapada en la dermis, aquí la tinta se expande. El profesional —que rara vez es un médico— utiliza una jeringuilla para insertar el líquido. La tinta se difunde por el espacio subconjuntival. Imagina una gota de colorante en un vaso de agua, pero dentro de tu ojo. Es una técnica que popularizó inicialmente Luna Cobra hace más de una década, buscando emular a los personajes de la película Dune.

Desde entonces, la práctica se ha salido de control.

Lo que empezó como un experimento en la modificación corporal extrema se ha convertido en un fenómeno global. Pero hay una diferencia enorme entre un tatuador experimentado y un "artista" que aprendió viendo videos. La precisión requerida es milimétrica. Si la aguja penetra demasiado, perforas el ojo. Si te quedas corto, creas una burbuja de tinta que puede causar úlceras.

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Los riesgos reales (y documentados) que nadie quiere escuchar

Hablemos de cifras y casos reales. La Academia Americana de Oftalmología (AAO) ha sido tajante: no lo hagas. No es una recomendación ligera. En 2017, el caso de la modelo canadiense Catt Gallinger dio la vuelta al mundo. Ella intentó hacerse un tatuaje escleral y terminó con una infección masiva. El ojo se le hinchó tanto que parecía una pelota de golf. Perdió parte de la visión y sufrió dolores crónicos insoportables porque la tinta no estaba diluida correctamente o la aguja estaba contaminada.

Los riesgos incluyen:

  • Endoftalmitis: Una infección interna que puede obligar a la extirpación del globo ocular (evisceración).
  • Uveítis persistente: Inflamación crónica que destruye el tejido interno.
  • Glaucoma secundario: El exceso de pigmento puede obstruir los canales de drenaje del ojo, disparando la presión intraocular.
  • Ceguera total: Tan simple y aterrador como eso.

Expertos como el Dr. Philip Rizzuto han señalado que la tinta utilizada no está aprobada para uso médico. A menudo, se usan tintas de tatuaje estándar o incluso tintas industriales. ¿Te pondrías pintura de coche en el ojo? Básicamente, eso es lo que algunos están haciendo. El cuerpo reacciona ante estos químicos como si fueran invasores, generando granulomas o cicatrices que nublan la vista para siempre.

La psicología detrás de la modificación extrema

¿Por qué alguien se arriesgaría a quedarse ciego por estética? Para muchos en la comunidad del body mod, los tatuajes en los ojos son la frontera final. Es una forma de identidad radical. Sin embargo, hay un componente de desinformación brutal. Muchos usuarios creen que si el tatuador es "famoso", el riesgo desaparece. Error. La anatomía del ojo no perdona errores humanos. Incluso con manos expertas, el ojo puede rechazar el pigmento años después del procedimiento inicial.

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Es una transformación que altera cómo el mundo te ve, pero también cómo ves tú al mundo. Literalmente. Algunos reportan ver un "halo" de color constante en su visión periférica. Otros sufren de fotofobia (sensibilidad extrema a la luz) permanente. Es un precio muy alto por un cambio de color que, a menudo, termina en arrepentimiento.

En muchos países, esta práctica está en una zona gris. En algunos estados de EE. UU., como Indiana y Oklahoma, ya es ilegal realizar tatuajes esclerales a menos que sea un médico por razones reconstructivas. Pero en gran parte de Latinoamérica y Europa, cualquier persona con una aguja puede intentarlo. No hay certificaciones oficiales. No hay protocolos de higiene estandarizados para este procedimiento específico porque, sencillamente, la medicina no lo reconoce como algo seguro.

Si vas a una convención de tatuajes, verás que la mayoría de los profesionales respetables se niegan a hacerlo. Los que sí lo hacen suelen operar en la clandestinidad o bajo exenciones de responsabilidad que, legalmente, valen muy poco si terminas en una sala de urgencias.

Complicaciones a largo plazo: El factor tiempo

Lo que nadie te dice es que el ojo cambia con la edad. La esclerótica se vuelve más delgada. La tinta puede migrar hacia la retina o áreas posteriores del ojo con el paso de las décadas. No tenemos estudios de qué pasa con un ojo tatuado después de 30 o 40 años porque la técnica es relativamente nueva. Estamos asistiendo a un experimento humano en tiempo real.

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Además, si alguna vez necesitas una cirugía de cataratas o cualquier intervención oftalmológica, el tatuaje lo complica todo. Los cirujanos necesitan ver las estructuras del ojo claramente. Si todo está teñido de negro o azul eléctrico, la visibilidad se reduce drásticamente, aumentando el riesgo de errores durante cirugías necesarias por salud.

¿Existen alternativas seguras?

Kinda. Si lo que buscas es cambiar el aspecto de tus ojos, las lentillas cosméticas de calidad (bajo receta y supervisión) son la única opción razonable. No son permanentes, puedes quitártelas y, si se usan bien, no te dejarán ciego. Por supuesto, existen las prótesis oculares o implantes de iris, pero estos últimos también conllevan riesgos quirúrgicos severos y solo deben ser realizados por cirujanos oftalmólogos certificados en condiciones hospitalarias.

Qué hacer si ya tienes uno o estás decidido a hacerlo

Si ya tienes un tatuaje escleral, la vigilancia es vital. No esperes a sentir dolor. El dolor en el ojo suele ser señal de que el daño ya es avanzado.

  1. Revisiones anuales: Acude a un oftalmólogo y dile la verdad. Necesitas un examen de lámpara de hendidura para ver dónde está el pigmento.
  2. Control de presión: Monitorea tu presión intraocular. El glaucoma es un asesino silencioso de la visión.
  3. Higiene extrema: Cualquier conjuntivitis leve debe ser tratada como una emergencia médica potencial.
  4. No lo toques: Evita frotarte los ojos con fuerza, ya que esto puede desplazar el pigmento o causar micro-desgarros en la conjuntiva debilitada.

Para quienes están "decididos", piénsenlo diez veces. Busquen casos reales de fallos, no solo las fotos editadas de los portfolios. La mayoría de los que han perdido la vista no publican fotos en Instagram todos los días. Se retiran de la vida pública para lidiar con una discapacidad que se pudo evitar.

En última instancia, los tatuajes en los ojos representan una apuesta donde la casa siempre tiene las de ganar. La visión es el sentido que más usamos para navegar por la vida. Arriesgarlo por una tendencia estética es, objetivamente, una de las decisiones más peligrosas que una persona puede tomar sobre su propio cuerpo. La ciencia es clara, los casos de éxito son anecdóticos y los fracasos son catastróficos. La mejor forma de cuidar tus ojos es dejar que sigan siendo del color que la naturaleza decidió, o al menos, no inyectarles sustancias que nunca fueron diseñadas para estar ahí.