Esa sensación es desesperante. Estás viendo la tele o tratando de dormir y, de repente, notas un bulto. No está ahí cuando comes pizza o bebes agua, pero en cuanto tragas saliva, aparece. Siento algo en la garganta al pasar saliva, piensas con un nudo en el estómago. Te tocas el cuello. Buscas un espejo. No ves nada raro, pero la sensación de tener una "pelota" o un cuerpo extraño atascado no se va.
Es frustrante.
A veces parece que se mueve. Otras veces se siente como si alguien te estuviera apretando suavemente el cuello con un dedo. En medicina, esto tiene un nombre que suena a hechizo de Harry Potter: globus pharyngeus o globo faríngeo. No es una enfermedad en sí, sino un síntoma. Y aunque tu mente vuele directo a las peores enfermedades imaginables, la realidad suele ser mucho más mundana, aunque no por ello menos molesta.
¿Por qué siento algo en la garganta al pasar saliva constantemente?
Lo primero que hay que entender es que la zona de la garganta es hipersensible. Está llena de terminaciones nerviosas y músculos que trabajan en una coordinación perfecta. Cuando esa coordinación se rompe un poquito, el cerebro recibe señales confusas.
La causa reina es el reflujo gastroesofágico (ERGE) o su primo menos conocido, el reflujo faringolaríngeo. No siempre vas a sentir acidez en el pecho. A veces, el ácido del estómago sube de forma silenciosa hasta la laringe e irrita los tejidos. Esa irritación provoca una inflamación leve. El cuerpo reacciona tensando los músculos para protegerse y, ¡pum!, ahí tienes la sensación de bulto. Básicamente, tus músculos están "en guardia" porque el ácido los está molestando.
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Luego está la ansiedad. No, no es que te lo estés inventando. Es físico. Cuando estamos estresados, el sistema nervioso autónomo se dispara. Los músculos del esfínter esofágico superior se tensan de forma involuntaria. Es la clásica respuesta de "lucha o huida". Si alguna vez has sentido que se te cierra la garganta antes de dar un discurso o en una pelea, ya sabes de qué hablo. El problema es que, cuando el estrés se vuelve crónico, esa tensión se queda ahí instalada.
Causas que no suelen salir en la primera búsqueda de Google
- Tonsilolitos: Son esas bolitas blancas y malolientes que se forman en las criptas de las amígdalas. A veces no se ven a simple vista, pero al tragar, raspan o dan la sensación de que hay algo sólido ahí metido.
- Tensión muscular cervical: Aunque parezca raro, la postura frente al ordenador afecta. Los músculos del cuello están conectados con los de la deglución. Si tienes el cuello rígido como un palo, la garganta lo va a notar.
- Sequedad extrema: La falta de hidratación o vivir en ambientes con aire acondicionado muy fuerte hace que la mucosa se pegue. Al pasar saliva, esa fricción se siente como un obstáculo.
- Problemas de tiroides: En casos menos frecuentes, un bocio o nódulos tiroideos pueden ejercer presión física real, aunque esto suele ir acompañado de otros síntomas visibles.
Diferencias entre el globo faríngeo y la disfagia real
Hay una distinción vital que los médicos, como los otorrinolaringólogos de la Clínica Mayo, siempre recalcan. El globo faríngeo es la sensación de tener algo, pero puedes comer y beber normalmente. De hecho, mucha gente nota que la molestia desaparece mientras cena porque los músculos se relajan al realizar el movimiento rítmico de la deglución de alimentos sólidos.
La disfagia, por el contrario, es la dificultad real para tragar. Si la comida se te queda atascada, si toses cada vez que bebes agua o si has perdido peso sin querer, eso ya no es un simple "sentir algo en la garganta al pasar saliva". Eso requiere una endoscopia o un estudio de bario para ver qué está pasando por dentro del tubo esofágico. No es para asustarse, pero sí para actuar rápido.
El círculo vicioso de la hipervigilancia
Aquí es donde la cosa se pone psicológica. Cuando notas esa molestia, empiezas a tragar saliva cada dos minutos para comprobar si sigue ahí. Error. Al tragar saliva constantemente (deglución en seco), fuerzas los músculos y secas la zona. Esto aumenta la irritación. Cuanto más tragas para comprobar, más te duele. Cuanto más te duele, más te preocupas. Y cuanto más te preocupas, más se tensa la garganta por la ansiedad.
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Es un bucle. Romperlo requiere paciencia y, a veces, simplemente aceptar que la sensación está ahí para que deje de ser el centro de tu atención.
¿Qué puedes hacer hoy mismo para aliviarlo?
Si ya has descartado que sea un trozo de comida atascado (que suele doler mucho más y ser agudo), puedes probar algunos cambios en tu rutina. La mayoría de las veces, esto se resuelve con mantenimiento básico del cuerpo.
Baja el consumo de irritantes. Café, alcohol y tabaco son los enemigos número uno de la mucosa faríngea. Si el problema es el reflujo, trata de no cenar justo antes de acostarte. Deja pasar al menos tres horas. Elevar un poco la cabecera de la cama también ayuda a que los jugos gástricos se queden donde deben: en el estómago.
La hidratación es clave, pero no bebas sorbos gigantes. Toma agua a temperatura ambiente de forma constante durante el día. Esto mantiene la saliva fluida y evita que la garganta se sienta "pegajosa".
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Si sospechas que es estrés, prueba ejercicios de relajación mandibular. Abre la boca grande, mueve la lengua, masajea la zona debajo de la barbilla. A veces, soltar la mandíbula es suficiente para que el "bulto" desaparezca mágicamente en unos minutos.
Cuándo ir al médico sin falta
Aunque el 90% de las veces esto no es nada grave, hay señales que no debes ignorar. Si sientes algo en la garganta al pasar saliva y además presentas lo siguiente, pide cita con un especialista:
- Dolor unilateral: Si la molestia es solo en un lado y te duele el oído del mismo lado al tragar.
- Bultos palpables: Si al tocarte el cuello sientes una masa dura que no se mueve.
- Cambios en la voz: Ronquera que dura más de dos o tres semanas.
- Sangre: Escupir sangre o ver manchas rojas oscuras en la saliva.
- Fiebre persistente: Esto indicaría una infección activa, como una faringitis estreptocócica o un absceso.
Un otorrino suele hacer una fibrolaringoscopia. Suena fatal, pero es meter una camarita finísima por la nariz para ver la garganta por dentro. No duele, solo es molesto unos segundos, y te da la paz mental absoluta de saber que no hay nada raro creciendo por ahí.
Pasos prácticos para eliminar la sensación
- Hidratación consciente: Bebe 2 litros de agua diarios, evitando que sea agua helada.
- Dieta antirreflujo: Elimina picantes, cítricos y chocolate durante una semana para ver si la sensación de bulto disminuye.
- Higiene postural: Si trabajas sentado, asegúrate de que tu pantalla esté a la altura de los ojos. La "postura de texto" (mirar siempre hacia abajo al móvil) tensa los músculos hioideos.
- Control del chequeo: Prohibido tragar saliva "a propósito" para ver si sigue ahí. Intenta distraerte con un chicle (sin azúcar) para mantener la boca húmeda sin forzar la deglución profunda.
- Consulta profesional: Si la sensación persiste más de un mes a pesar de estar relajado y bien hidratado, busca una revisión profesional para descartar reflujo silencioso o problemas motores del esófago.
La mayoría de las veces, el cuerpo simplemente nos está avisando de que estamos demasiado tensos o que nuestra digestión necesita un respiro. Escuchar al síntoma sin entrar en pánico es el primer paso para que esa "pelota" en la garganta se disuelva por completo.