Hablemos claro. Si buscas en Google sexos en el feminismo y masculino, probablemente acabes con un dolor de cabeza monumental. Hay demasiada teoría densa ahí fuera. Mucha gente cree que el feminismo solo va de mujeres, o peor, que busca borrar lo masculino. No es así. Básicamente, estamos ante una conversación sobre cómo el hecho de nacer con un cuerpo determinado (el sexo) se acaba mezclando de forma caótica con lo que la sociedad espera de nosotros (el género).
Es un lío.
Para entender esto hay que bajarse del pedestal académico. La distinción entre sexo y género no es un invento de anteayer de un grupo de activistas en Twitter. Es una herramienta analítica que lleva décadas sobre la mesa. El sexo es biología pura: cromosomas, gónadas, hormonas. Lo masculino y lo femenino, en cambio, son construcciones que cambian según el país o la época. ¿Sabías que en el siglo XVIII los hombres de la aristocracia usaban pelucas empolvadas, tacones y maquillaje? Hoy eso se vería como algo "femenino", pero en su momento era el epítome de la virilidad.
La gran ruptura: Sexos en el feminismo y masculino hoy
La relación entre los sexos en el feminismo y masculino ha pasado por fases muy distintas. Al principio, el feminismo se centraba en la igualdad legal. Votar. Trabajar. Cosas básicas. Pero luego llegó la "segunda ola" y filósofas como Simone de Beauvoir soltaron la bomba: "No se nace mujer, se llega a serlo". Esa frase cambió el juego porque puso el foco en que el sexo biológico no debería dictar tu destino social.
Pero, ¿qué pasa con los hombres?
Durante mucho tiempo, el feminismo vio lo masculino como el estándar, el "sujeto universal". El hombre era la medida de todas las cosas y la mujer era "lo otro". Sin embargo, el análisis moderno de los sexos en el feminismo y masculino ha empezado a mirar al hombre no solo como un opresor o un privilegiado, sino como alguien también encajonado en un rol. La masculinidad tradicional—esa que dice que no puedes llorar o que tienes que ser el proveedor agresivo—es una cárcel de cristal. Tienes privilegios, sí, pero el precio es tu salud mental.
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Honestamente, el concepto de "masculinidad tóxica" se ha malinterpretado muchísimo. No significa que ser hombre sea malo. Significa que ciertos comportamientos impuestos a los hombres son dañinos para ellos y para las mujeres. Por ejemplo, la estadística es brutal: los hombres se suicidan más, tienen más accidentes de tráfico y mueren antes. ¿Por qué? Porque el rol masculino "clásico" empuja a conductas de riesgo y prohíbe pedir ayuda.
La biología no es el destino
Hay un sector del feminismo, a veces llamado feminismo radical (del de "raíz"), que pone mucho énfasis en el sexo biológico. Argumentan que la opresión de las mujeres nace precisamente de su capacidad reproductiva. Es una visión centrada en la realidad material del cuerpo. Por otro lado, las corrientes más modernas o "queer" dicen que incluso el concepto de "sexo" es algo que categorizamos socialmente de forma binaria, ignorando que la naturaleza es mucho más fluida (como ocurre con las personas intersexuales).
Es complejo. Muy complejo.
En el día a día, esto se traduce en cómo educamos a los niños. Si un niño quiere jugar con muñecas y le decimos que "eso es de niñas", estamos imponiendo una barrera de género sobre un sexo biológico. El feminismo busca que esas etiquetas dejen de ser muros. Que lo masculino no sea lo opuesto a lo femenino, sino simplemente otra forma de estar en el mundo.
¿Por qué lo masculino se siente "amenazado"?
Es normal sentir cierto vértigo. Cuando las reglas del juego cambian después de siglos, mucha gente se siente perdida. Algunos sectores masculinos sienten que el avance de los derechos de las mujeres es un ataque directo a su identidad. Pero si lo analizas con calma, verás que el feminismo también ofrece una liberación para el hombre.
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Imagina no tener que demostrar constantemente que eres "macho". No tener que ocultar el miedo. Poder cuidar de tus hijos sin que nadie te mire raro en el parque. Esa es la parte de los sexos en el feminismo y masculino que casi no sale en los titulares de prensa amarillista pero que es vital para la convivencia.
Realidades y datos que no podemos ignorar
Para que este artículo no sea solo opinión, miremos los hechos. Según la ONU Mujeres, la brecha salarial global sigue rondando el 20%. Eso es un dato sobre el sexo femenino en el mercado laboral. Pero si miramos los datos de salud, los hombres tienen una esperanza de vida menor en casi todos los países desarrollados. Son dos caras de la misma moneda: un sistema que jerarquiza a las personas según su sexo.
- La brecha del cuidado: Las mujeres siguen haciendo la mayor parte del trabajo no remunerado en casa.
- La brecha del riesgo: Los hombres ocupan los puestos de trabajo con mayor índice de mortalidad laboral (construcción, minería, etc.).
No es una competición de quién sufre más. Es entender que el sistema de géneros actual nos está fallando a todos de alguna manera.
El papel de la educación en la nueva masculinidad
Raewyn Connell, una socióloga australiana fundamental en este tema, acuñó el término "masculinidad hegemónica". Básicamente es el modelo ideal de hombre al que todos intentan aspirar pero que casi nadie alcanza. Es el hombre exitoso, fuerte, heterosexual y dominante. El problema es que este modelo deja fuera a la inmensa mayoría de los hombres reales: hombres gays, hombres con discapacidad, hombres que prefieren el arte a los negocios, o simplemente hombres que no quieren mandar.
El feminismo, al cuestionar los roles impuestos, permite que aparezcan las "masculinidades alternativas". Y esto es clave. Si un hombre no siente que su valor depende de dominar a otros, la violencia baja. Es pura lógica.
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El futuro de los sexos en el feminismo y masculino
¿Hacia dónde vamos? La tendencia es clara: hacia una mayor flexibilidad. Ya no estamos en los años 50. La idea de que existen dos bandos enfrentados es una simplificación que no ayuda a nadie. El reto es integrar la realidad biológica de los sexos con una libertad total de expresión personal.
Kinda complicado, ¿verdad? Pero necesario.
La conversación actual sobre los sexos en el feminismo y masculino se está moviendo hacia la interseccionalidad. Este palabro raro solo significa que no es lo mismo ser una mujer blanca rica que una mujer negra trabajadora. Y tampoco es lo mismo ser un hombre cisgénero que un hombre trans. Cada identidad tiene sus propios desafíos y privilegios.
Mitos comunes que hay que derribar
- "El feminismo quiere que los hombres no sean hombres": Falso. El feminismo quiere que los hombres puedan ser el tipo de hombre que quieran ser, sin guiones preestablecidos.
- "El sexo biológico no existe": Nadie dice eso seriamente. Lo que se dice es que el significado social que le damos al sexo es lo que genera desigualdad.
- "Los hombres no pueden ser feministas": Hay debate aquí. Algunos prefieren el término "aliados". Lo importante no es la etiqueta, sino la acción de cuestionar el propio privilegio.
Ideas prácticas para navegar este cambio
Si quieres aplicar esto a tu vida real, no hace falta que te leas toda la obra de Judith Butler. Se trata de observar.
- Observa tus reacciones: La próxima vez que veas a un hombre llorar o a una mujer siendo muy asertiva y sientas una punzada de rechazo, pregúntate por qué. Probablemente sea tu programación social hablando.
- Escucha más, asume menos: En lugar de asumir qué quiere o necesita el otro sexo, pregunta. La comunicación rompe los estereotipos más rápido que cualquier teoría.
- Reparte el peso: En casa, en el trabajo, en los grupos de amigos. Si las tareas de "cuidado" (escuchar, organizar, limpiar) siempre caen en el mismo lado, hay algo que ajustar.
- Valida la vulnerabilidad: Si eres hombre, permite que tus amigos se expresen sin juzgarlos. Crear espacios seguros entre hombres es una de las acciones más revolucionarias que existen hoy en día.
La historia de los sexos en el feminismo y masculino todavía se está escribiendo. No es una guerra con ganadores y perdedores, sino un proceso de evolución social para que todos podamos respirar un poco mejor. Básicamente, se trata de humanidad.
Pasos a seguir para una visión crítica:
Primero, analiza cómo influyen los roles de género en tus decisiones diarias, desde la ropa que eliges hasta cómo negocias un aumento de sueldo. Segundo, busca fuentes diversas; no te quedes solo con lo que dice un bando, lee a autoras clásicas y también a los nuevos teóricos de la masculinidad como Ritxar Bacete o Octavio Salazar. Por último, practica la empatía activa: entiende que las limitaciones que el sistema impone al "otro" sexo suelen ser el reflejo de las que te impone a ti mismo.