Hablemos claro: seguir a la Selección Mexicana Sub 20 ha sido, durante años, un ejercicio de masoquismo puro. Todos recordamos el desastre contra Guatemala en 2022 que nos dejó sin Mundial y sin Olímpicos. Fue un golpe de realidad durísimo. Pero, ¿sabes qué? El 2025 cambió la narrativa. No lo digo por optimismo ciego, sino por lo que pasó en el Mundial de Chile hace apenas unos meses.
Bajo el mando de Eduardo Arce, este equipo no solo compitió; le jugó de tú a tú a las potencias en el famoso "Grupo de la Muerte". Empatar con Brasil en el debut y luego sacarle puntos a España no es algo que pase por casualidad. Hay algo distinto en el aire, una mezcla de roce en Primera División y un descaro que no veíamos desde hace una década.
El efecto Eduardo Arce: ¿Táctico o motivador?
Muchos dudaban de "Lalo" Arce cuando tomó el timón. Venía de un paso irregular por el Puebla, y la sombra de los fracasos anteriores era alargada. Sin embargo, su enfoque ha sido radicalmente pragmático. Básicamente, Arce dejó de lado las jerarquías de nombres y se enfocó en el ritmo competitivo.
En lugar de casarse con un sistema rígido, México mostró en el último Mundial una flexibilidad envidiable. Podían pasar de un 4-3-3 agresivo a un bloque bajo muy ordenado en cuestión de minutos. Eso se notó en la victoria contra Marruecos. No ganaron por "suerte", ganaron porque supieron sufrir y golpear en el momento exacto.
Honestly, lo más refrescante es que este cuerpo técnico parece entender que la Sub 20 ya no es "formación" pura, es alta competencia. Los jugadores ya no llegan verdes.
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Nombres propios: Gilberto Mora y la joya de la corona
Si no has escuchado el nombre de Gilberto Mora, probablemente has estado desconectado del fútbol mexicano los últimos seis meses. El chico de Xolos de Tijuana es un fenómeno. No solo es el jugador más joven en anotar en la Liga MX, sino que en el Mundial de Chile fue el motor del equipo.
Su valor de mercado se ha disparado. Se rumora que equipos europeos están dispuestos a poner sobre la mesa cifras cercanas a los 15 millones de dólares. "Con esa cantidad no compro ni una pierna de Mora", llegó a decir su representante ante el interés del viejo continente. Es exagerado, claro, pero ilustra el nivel de hype.
Pero no es solo él. Hay una columna vertebral que asusta (en el buen sentido):
- Obed Vargas: El mediocampista del Seattle Sounders eligió a México sobre Estados Unidos y ha sido un alivio tenerlo. Tiene un despliegue físico que parece de veterano.
- Iker Fimbres: La joya de Rayados que ya demostró en el Clásico Regio de qué está hecho. Aporta esa cuota de gol llegando desde atrás.
- Amaury Morales: El extremo de Cruz Azul es un dolor de cabeza constante para los laterales. Encara siempre. Sin miedo.
El camino a 2026 y 2027: ¿Qué sigue ahora?
El Mundial de Chile 2025 terminó con México entre los ocho mejores, cayendo en cuartos de final ante una Argentina que, seamos sinceros, fue superior. Pero el proceso no muere ahí.
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Lo que viene es el Campeonato Sub 20 de la Concacaf 2026. Se jugará entre julio y agosto de ese año. Es vital. No solo define quién va al Mundial Sub 20 de 2027, sino que es el boleto directo para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.
México tiene la obligación de ser campeón de la zona. Estados Unidos viene fuerte, como siempre, pero esta generación mexicana tiene más minutos en el máximo circuito que muchas de las anteriores. Esa es la clave. No es lo mismo jugar en la Sub 23 de un equipo gringo que estar peleando puntos en el Estadio Hidalgo o el Volcán cada fin de semana.
Lo que la gente suele olvidar
A veces pensamos que si no son campeones del mundo, el proceso es basura. Error total. El éxito de la Selección Mexicana Sub 20 se mide en cuántos de estos nombres terminan en la lista de Javier Aguirre o Rafael Márquez para el Mundial mayor.
Gente como Yael Padilla o Mateo Levy están a un paso de dar el salto definitivo. Si logran mantener la regularidad en sus clubes, el recambio generacional que tanto pedimos dejará de ser un mito.
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Desmitificando el "fracaso" histórico
Es fácil señalar los errores del pasado. Que si se confían contra equipos de Centroamérica, que si les pesa la camiseta. Pero la realidad es que el entorno ha cambiado. La desaparición de la regla 20/11 dolió, pero los clubes se han dado cuenta de que exportar jóvenes es el negocio real.
Esta Selección Mexicana Sub 20 actual es hija de esa necesidad. Juegan bajo presión porque saben que los visores de Europa están en la grada. Ya no compiten solo por el trofeo, compiten por su futuro profesional en las grandes ligas.
Pasos a seguir para el fanático (y el analista)
Si quieres seguirle la pista a este equipo sin perderte en el mar de información, aquí te dejo lo que realmente importa en los próximos meses:
- Vigilar la actividad en Liga MX: No pierdas de vista los minutos de Gilberto Mora e Iker Fimbres. Si sus entrenadores los dejan de usar, el ritmo de la selección bajará.
- Agendar el Premundial 2026: Ese torneo en julio definirá si volvemos a unos Juegos Olímpicos. Es el evento más crítico del ciclo.
- Monitorear fichajes: El mercado de verano de 2026 será clave. Si tres o cuatro de estos chicos emigran a ligas de desarrollo en Europa (Bélgica, Portugal, Holanda), el techo de este equipo subirá exponencialmente.
La Selección Mexicana Sub 20 dejó de ser esa caja de sorpresas desagradables para convertirse en un proyecto con pies y cabeza. Falta camino, pero por primera vez en mucho tiempo, parece que el mapa es el correcto.
Sigue de cerca las convocatorias de Eduardo Arce para los amistosos de principios de 2026, ya que ahí veremos quiénes son los nuevos rostros que buscarán el boleto olímpico.