Hablemos de frustración. Si sigues de cerca el fútbol asiático, sabes que la selección de fútbol de los Emiratos Árabes Unidos es ese equipo que siempre parece estar a un paso de la gloria, pero que termina tropezando con la misma piedra. Tienen el dinero. Tienen la infraestructura. Tienen estadios que parecen sacados de una película de ciencia ficción en Dubái y Abu Dabi. Sin embargo, su única participación en una Copa del Mundo fue en Italia 90. Hace más de tres décadas. Es una locura cuando lo piensas con calma.
Los "Hijos de Zayed" son un enigma. No es que les falte talento. De hecho, han tenido generaciones que en cualquier otra confederación habrían hecho estragos. El problema es que el fútbol en el Golfo es una montaña rusa emocional y administrativa. Básicamente, se han pasado años saltando de un proyecto a otro sin dejar que nada termine de cuajar.
El fantasma de Italia 90 y la "Generación de Oro"
Mucha gente se olvida de que Emiratos Árabes Unidos realmente compitió al más alto nivel. En 1990, bajo la dirección del legendario Carlos Alberto Parreira, lograron clasificar al Mundial. Perdieron los tres partidos de grupo contra Colombia, Alemania Occidental y Yugoslavia, pero estar allí ya era un triunfo monumental. Fue la época de Adnan Al Talyani, el hombre que todavía es una institución nacional.
¿Qué pasó después? Pues que la barra quedó altísima.
Años más tarde, alrededor de 2012, surgió lo que todos llamaron la "Generación de Oro". Este grupo, liderado por el mago Omar Abdulrahman—ese chico del pelo afro que hacía lo que quería con el balón—y el goleador histórico Ali Mabkhout, prometía llevar a la selección de fútbol de los Emiratos Árabes Unidos de vuelta a la élite. Ganaron la Copa del Golfo en 2013 y quedaron terceros en la Copa Asiática 2015 tras vencer a Japón. Parecía que el momento había llegado. Pero no. Las lesiones, la falta de profesionalismo fuera de las fronteras (casi ningún jugador emiratí sale a ligas europeas) y la inestabilidad en el banquillo quemaron esa oportunidad.
¿Por qué no exportan jugadores?
Este es el elefante en la habitación. Honestamente, es la razón principal por la que la selección nacional se estanca. Los jugadores en la UAE Pro League ganan salarios astronómicos. Son estrellas locales. Viven en un entorno de lujo extremo. ¿Para qué irse a sufrir a un equipo de media tabla en Bélgica o España cobrando la mitad y pasando frío?
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Esa zona de confort es una trampa mortal para el rendimiento internacional.
Cuando te enfrentas a selecciones como Japón o Corea del Sur, donde la mayoría de sus titulares juegan en la Premier League, la Bundesliga o la Serie A, la diferencia de ritmo es abismal. La selección de fútbol de los Emiratos Árabes Unidos compite bien técnicamente, pero físicamente terminan fundidos porque su liga doméstica no les exige ese nivel de intensidad semana tras semana. Es un círculo vicioso: la liga es rica y cómoda, lo que impide que el jugador crezca, lo que a su vez debilita al equipo nacional en los momentos de máxima presión.
El carrusel de entrenadores: Un error sistemático
Mira la lista de directores técnicos que han pasado por el equipo en la última década. Es una locura total. Han tenido a Bert van Marwijk (el que llevó a Holanda a la final del Mundial), Alberto Zaccheroni, Rodolfo Arruabarrena y ahora Paulo Bento.
Bento, que hizo un trabajo decente con Corea del Sur, está intentando imponer un sistema de juego de posesión y presión alta. Pero, ¿cuántas veces hemos visto este guion?
- Llega un técnico de renombre.
- Los resultados no llegan en los primeros tres meses.
- La prensa y los directivos pierden la paciencia.
- Despido fulminante.
- Regreso a un técnico local de transición.
Es imposible construir una identidad así. Paulo Bento parece tener un poco más de margen de maniobra ahora que el formato del Mundial 2026 se ha expandido a 48 equipos, lo que da a Asia ocho plazas directas. Si no clasifican ahora, con el camino más fácil que nunca, el fútbol emiratí entrará en una crisis existencial profunda.
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La dependencia de Ali Mabkhout y la naturalización
Ali Mabkhout es una bestia. Es el máximo goleador histórico de la selección de fútbol de los Emiratos Árabes Unidos y uno de los máximos anotadores a nivel de selecciones en todo el mundo, compitiendo en números con Messi y Cristiano Ronaldo. Pero tiene más de 30 años. ¿Quién viene después?
La falta de recambio natural ha obligado a la federación a tomar un camino que antes era tabú: los jugadores naturalizados. Fabio Lima y Caio Canedo, ambos brasileños que han pasado años destacando en la liga local, se convirtieron en piezas fundamentales. Esto ha generado debate. Algunos fans creen que se pierde la identidad, otros simplemente quieren ganar a toda costa. Kinda polémico, ¿no? Pero la realidad es que sin el empuje de estos jugadores, la selección estaría sufriendo incluso para pasar de las rondas preliminares en Asia.
El camino al Mundial 2026: Una oportunidad de oro
La Confederación Asiática de Fútbol (AFC) cambió las reglas del juego. Ahora hay más cupos. Para la selección de fútbol de los Emiratos Árabes Unidos, esto ya no es una opción, es una obligación. Están en un grupo de clasificación donde deben demostrar que son la tercera o cuarta potencia de la región.
En las eliminatorias actuales, hemos visto destellos de lo que Bento quiere. Un equipo que intenta salir jugando desde atrás, que no se desespera si no tiene el balón, pero que sigue pecando de una fragilidad defensiva que asusta. En partidos clave contra Irán o Australia, esos errores infantiles en la marca les han costado puntos que valen oro.
La infraestructura vs. La cultura futbolística
Si vas a Dubái, verás centros de entrenamiento que envidiaría el Real Madrid. La inversión estatal en deportes es masiva. Pero el dinero no compra el "hambre" de gloria. Existe una desconexión entre el lujo de las instalaciones y la asistencia a los estadios. A veces, la selección juega partidos importantes y el estadio está a medio llenar, a menos que regalen las entradas.
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El fútbol compite con un estilo de vida muy enfocado al ocio y al consumo. Crear una cultura de "sangre, sudor y lágrimas" en ese contexto es el desafío más grande que tiene cualquier entrenador que llegue al país.
Datos clave que definen su situación actual:
- Ránking FIFA: Suelen oscilar entre el puesto 60 y 70. Una posición que refleja que son "buenos pero no élite".
- Goleador histórico: Ali Mabkhout, con más de 80 goles oficiales.
- Participaciones en Mundiales: 1 (Italia 1990).
- Rivalidad regional: Sus partidos contra Arabia Saudita y Qatar son guerras futbolísticas. No solo es deporte, es una cuestión de orgullo nacional en el Golfo.
Qué esperar en el futuro cercano
No esperes que Emiratos Árabes Unidos se convierta en una potencia mundial de la noche a la mañana. Eso no va a pasar. Lo que sí deberías vigilar es cómo manejan la transición después de la era de Mabkhout. Hay jóvenes interesantes como Sultan Adil que están empezando a asomar la cabeza, pero necesitan minutos y, sobre todo, necesitan salir de la burbuja de la liga local.
Si la federación logra mantener a Paulo Bento a pesar de las críticas inevitables cuando se pierda un partido, quizás, y solo quizás, veamos a la selección de fútbol de los Emiratos Árabes Unidos desfilando en la inauguración del próximo Mundial. Tienen la técnica, tienen la infraestructura y tienen el apoyo financiero. Solo les falta esa chispa de competitividad extrema que solo se consigue cuando te enfrentas a los mejores del mundo de forma regular.
Acciones recomendadas para entender el nivel real de la selección:
Analiza el desempeño de los clubes emiratíes (como Al-Ain o Shabab Al-Ahli) en la Champions League de Asia. Si los clubes dominan a nivel continental, la selección suele ir a la zaga. Actualmente, Al-Ain ha demostrado que puede competir contra los gigantes de Arabia Saudita, lo que es una señal positiva para el grupo de jugadores nacionales.
Sigue de cerca las convocatorias de Paulo Bento. Si empieza a dar prioridad a jóvenes de 19 y 20 años sobre los veteranos consagrados que ya no tienen el físico para el ritmo internacional, es señal de que el proyecto de reconstrucción va en serio. La clave está en la defensa: mientras Emiratos siga concediendo goles fáciles por falta de concentración, su techo seguirá siendo la fase de grupos de la Copa Asiática. El talento está ahí, falta que se lo crean y que salgan a morder en cada balón dividido.