El fútbol suele ser simple, pero la selección de fútbol de Israel es un caos geográfico y político que nadie termina de entender a la primera. No es solo un equipo que patea una pelota. Es un grupo que ha ganado títulos en Asia, ha jugado eliminatorias en Oceanía y ahora se rompe la cara contra los gigantes de Europa.
Básicamente, son los nómadas del fútbol.
Si miras un mapa, Israel está en el Medio Oriente. Lo lógico sería que jugaran contra Arabia Saudita, Irán o Japón. Y lo hicieron, durante mucho tiempo. Pero si hoy prendes la tele para verlos, los vas a encontrar en la Nations League de la UEFA, sufriendo contra Francia o Italia. Esta transición no fue por nivel deportivo, sino por una serie de boicots que casi borran al equipo del mapa profesional en los años setenta.
El ascenso en Asia y el "exilio" forzado
A finales de los 50 y durante los 60, la selección de fútbol de Israel era una potencia real en el continente asiático. No exagero. Ganaron la Copa Asiática en 1964. Eran respetados. Sin embargo, la política se metió en la cancha. En los Juegos Asiáticos de 1974 en Teherán, varios países se negaron a jugar contra ellos. Fue una situación tensa, incómoda y, sinceramente, bastante triste para los atletas que solo querían competir.
Kuwait se negó. Corea del Norte se negó.
La Confederación Asiática de Fútbol (AFC) terminó expulsándolos tras una votación impulsada por los países árabes. ¿El resultado? Israel se quedó sin "casa" futbolística. Pasaron años vagando por el desierto administrativo de la FIFA. En las eliminatorias para los mundiales de 1982 y 1990, tuvieron que jugar en la zona de Oceanía. Imagínate los viajes: de Tel Aviv a Australia o Nueva Zelanda para un partido de 90 minutos. Es una locura logística que destrozaría a cualquier plantel moderno.
Recién en 1994, la UEFA los aceptó como miembros plenos. Fue un alivio burocrático, pero un suicidio deportivo. Pasaron de ser los reyes de Asia a ser los vecinos pobres de Europa.
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La maldición de 1970 y el fantasma de México
Hay un nombre que todo fanático israelí conoce: Mordechai Spiegler.
Él marcó el único gol de la selección de fútbol de Israel en un Mundial. Fue en México 70, contra Suecia. Desde ese empate 1-1 y esa participación digna, el equipo no ha vuelto a oler una Copa del Mundo. Han pasado más de 50 años. Es una sequía que pesa toneladas.
Lo curioso es que Israel siempre parece estar "a punto de". Se quedan en el repechaje, pierden por un punto en el último minuto o les toca un grupo con España e Italia donde avanzar es matemáticamente imposible. Esa frustración ha moldeado la identidad del hincha local: una mezcla de esperanza ciega y un cinismo absoluto.
El talento que no termina de explotar
Si hablamos de nombres propios, Israel ha producido jugadores que han brillado en la Premier League o la Liga de España. Yossi Benayoun es el ejemplo máximo. El "Diamante" jugó en el Liverpool, Chelsea y Arsenal. Tenía una clase que no encajaba con el juego físico y a veces rústico de su selección.
Hoy, la atención está sobre Manor Solomon o el joven Oscar Gloukh. Gloukh es, posiblemente, el talento más puro que han sacado en décadas. Juega en el Red Bull Salzburg y tiene esa visión de juego que te hace pensar: "Vale, con él sí vamos al Mundial". Pero el fútbol es un deporte de once, y la selección de fútbol de Israel suele fallar en las áreas, especialmente en la defensa.
Honestamente, el problema histórico ha sido la falta de estructura defensiva bajo presión. En Europa, si te desconectas cinco minutos contra Portugal o Inglaterra, te meten tres goles. Israel suele competir bien durante 70 minutos y desmoronarse al final. Es casi una tradición nacional a estas alturas.
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La nueva generación y el éxito en juveniles
A pesar de las penas del equipo mayor, algo cambió recientemente. En 2022 y 2023, las categorías inferiores hicieron algo histórico. Llegaron a la final del Europeo Sub-19 y quedaron terceros en el Mundial Sub-20 de Argentina. Fue un shock para el sistema.
Le ganaron a Brasil. A Brasil.
Ese triunfo en el Mundial Sub-20 no fue suerte. Fue el resultado de un plan de trabajo en las academias que finalmente está dando frutos. Lo interesante de este grupo es la diversidad. Tienes jugadores judíos, árabes israelíes y circasianos jugando juntos sin dramas. En la selección de fútbol de Israel, el vestuario suele ser un ejemplo de coexistencia que rara vez se ve en las noticias políticas.
Nombres como Dor Turgeman o Anan Khalaili son el futuro. Son rápidos, no tienen miedo y, lo más importante, no cargan con el trauma de las eliminaciones pasadas. Para ellos, jugar contra potencias es lo normal, no una anomalía.
¿Por qué es tan difícil clasificar en la UEFA?
Seamos realistas. El camino europeo es brutal. Para que Israel clasifique a un Mundial o a una Eurocopa, necesita que pase una de dos cosas:
- Un sorteo milagroso donde eviten a los "top 5".
- Ganar su grupo de la Nations League para tener un boleto extra vía play-off.
La Nations League ha sido una bendición para ellos. Les permite jugar contra equipos de su nivel real y ganar confianza. De hecho, lograron subir a la Liga A, la máxima categoría, donde se miden contra la élite absoluta. Es doloroso ver las goleadas, sí, pero es la única forma de subir el nivel. Si juegas contra los mejores, eventualmente aprendes a defender mejor. O eso dice la teoría.
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Mitos y realidades del fútbol israelí
Mucha gente cree que el fútbol no es popular allá por los conflictos, pero es todo lo contrario. Es el deporte rey. El estadio Sammy Ofer o el Bloomfield explotan cuando juega la selección.
Otro error común es pensar que el equipo solo se defiende. Bajo técnicos como Alon Hazan o anteriormente con nombres como Avram Grant (el que llegó a la final de Champions con el Chelsea), Israel siempre intenta tratar bien la pelota. El problema es la profundidad. Tienen mucha posesión horizontal pero les falta ese "killer" en el área que convierta las oportunidades en goles reales. Eran Zahavi ha sido ese hombre durante años, rompiendo récords de goles, pero el tiempo no perdona a nadie y ya está en el cierre de su carrera.
Lo que debes vigilar en los próximos torneos
Si quieres seguir a la selección de fútbol de Israel y no frustrarte en el intento, hay un par de cosas que debes entender sobre su ciclo actual:
- El factor Oscar Gloukh: Es el termómetro del equipo. Si él tiene un buen día, Israel puede ganarle a cualquiera que esté fuera del top 10 mundial.
- La transición defensiva: Siguen sufriendo mucho en los retrocesos. Si el rival tiene extremos rápidos, Israel sufre horrores.
- Aprovechar el ranking: Estar en la Liga A de la Nations League les da una red de seguridad para los play-offs de la Eurocopa. Es su camino más viable.
Para mejorar sus posibilidades de éxito, la federación necesita exportar más jugadores a ligas top (Alemania, Italia, España) a edades tempranas. La liga local es competitiva, pero el ritmo de juego europeo es otro mundo. Cuantos más "Solomons" y "Gloukhs" tengan en el extranjero, más cerca estarán de romper la maldición de 1970.
Para entender el futuro de este equipo, hay que mirar menos los resultados de hoy y más la progresión de sus juveniles. El talento está ahí. La geografía siempre será un reto. Pero después de dar vueltas por medio mundo, parece que finalmente han encontrado su lugar en Europa, aunque el precio sea jugar contra gigantes cada fin de semana.
Pasos a seguir para el análisis táctico:
- Analizar el rendimiento de los jugadores Sub-20 que ya están integrados en el equipo absoluto.
- Evaluar el impacto de la Nations League en el coeficiente FIFA de Israel para los sorteos de grupos de 2026.
- Monitorear la recuperación de lesiones de jugadores clave en la Premier League, ya que la profundidad de plantilla sigue siendo limitada.