Hablemos claro sobre la selección de fútbol de Bélgica. Durante casi una década, el mundo del fútbol ha estado esperando que este equipo, plagado de nombres que parecen sacados de un videojuego de élite, finalmente levantara una copa importante. No pasó. O al menos, no ha pasado todavía. Es frustrante. Te sientas a ver a Kevin De Bruyne poner pases que desafían las leyes de la física y te preguntas: ¿cómo es posible que este grupo no tenga una estrella sobre el escudo?
Bélgica es un caso de estudio fascinante. Pasaron de ser un equipo del montón, fuera del radar internacional a principios de los 2000, a liderar el ranking FIFA durante meses y años. Pero el éxito en el fútbol no se mide solo con algoritmos de puntos. Se mide con metal. Con trofeos. Y ahí es donde la conversación se pone un poco incómoda para los aficionados de los "Diablos Rojos".
El ascenso meteórico y el peso de la Generación Dorada
No fue un accidente. La selección de fútbol de Bélgica resurgió gracias a un plan maestro de la Real Federación Belga de Fútbol (RBFA) tras el fracaso de la Eurocopa 2000. Michel Sablon, el director técnico de aquel entonces, implementó un sistema uniforme de 4-3-3 en todas las categorías inferiores. Querían jugadores técnicos, no solo tipos fuertes que despejaran balones. Y funcionó. Vaya si funcionó.
De repente, de una nación de apenas 11 millones de personas, empezaron a brotar talentos como si fuera un jardín mágico. Eden Hazard, Thibaut Courtois, Romelu Lukaku, Vincent Kompany. Era ridículo. Literalmente, tenían a uno de los mejores porteros del mundo, a uno de los mejores centrales, al mejor pasador de la Premier League y a un delantero que rompía récords de precocidad.
El pico llegó en Rusia 2018. Esa victoria contra Brasil en cuartos de final fue el momento en que todos pensamos: "Ok, este es su año". Pero Francia se cruzó en el camino. Un cabezazo de Umtiti y el sueño se esfumó. Ese tercer puesto es, hasta hoy, el mayor logro de su historia. Para muchos, fue el techo de una generación que merecía más, pero que quizás careció de esa "mentalidad asesina" que tienen naciones como Alemania o Argentina cuando huelen la sangre en las finales.
La era post-Roberto Martínez
Roberto Martínez le dio estabilidad al equipo. Eso es innegable. Bajo su mando, la selección de fútbol de Bélgica jugaba un fútbol estético, dominante y muy predecible para los rivales más débiles, pero quizás demasiado rígido cuando las papas quemaban. Su salida tras el desastre del Mundial de Qatar 2022 —donde no pasaron de la fase de grupos— marcó el fin de una era.
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Domenico Tedesco llegó con una misión difícil: reconstruir sin destruir. No puedes simplemente tirar a la basura a De Bruyne, pero tampoco puedes ignorar que la defensa que sostuvo al equipo durante diez años (Vertonghen y Alderweireld) ya no tiene las piernas para perseguir a los delanteros de 20 años de la élite europea. Es un equilibrio delicado. Casi imposible.
¿Qué falló realmente en los momentos clave?
Si le preguntas a tres expertos distintos, tendrás tres respuestas diferentes. Algunos dicen que fue la falta de un sistema defensivo sólido más allá de las paradas milagrosas de Courtois. Otros culpan a las lesiones de Hazard en su etapa madura. Pero hay algo más profundo: la gestión de las expectativas.
Bélgica cargó con el cartel de "favorita" sin haber ganado nada previamente. Es una presión psicológica brutal. En Qatar, vimos grietas internas. De Bruyne diciendo públicamente que el equipo era "demasiado viejo" para ganar. Esas palabras calaron hondo. La química del vestuario, que antes parecía inquebrantable, se desmoronó frente a las cámaras.
- La dependencia de De Bruyne: Si Kevin no tiene el día, Bélgica se vuelve un equipo plano.
- La falta de recambio en la zaga: Han pasado años y todavía estamos buscando quién puede heredar el liderazgo de Kompany con la misma autoridad.
- El bajón de Lukaku en partidos grandes: Romelu es el máximo goleador histórico, sus números son una locura, pero esos fallos ante Croacia en 2022 vivirán en la memoria de los fans por mucho tiempo.
El futuro: ¿Hay vida después de los nombres de siempre?
Honestamente, el panorama no es tan oscuro como parece. La selección de fútbol de Bélgica sigue produciendo jugadores interesantes. Jérémy Doku es un caos absoluto para las defensas rivales. Lo que hace en el Manchester City lo traslada a la selección con una verticalidad que Bélgica no tenía antes. Amadou Onana le da un músculo al mediocampo que antes faltaba.
El problema es que el estándar se puso tan alto que cualquier cosa que no sea llegar a semifinales se siente como un fracaso estrepitoso. La nueva generación es buena, pero no sé si es "generación dorada" buena. Y quizás eso sea algo positivo. Menos presión, más hambre.
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Tedesco está intentando presionar más arriba. Quiere un equipo más dinámico, menos obsesionado con la posesión estéril. En las eliminatorias para la Eurocopa vimos chispazos de esto. Una Bélgica más joven, más rápida, pero también más errática. Es el precio de la transición.
Datos que debes conocer para entender el contexto actual
La selección de fútbol de Bélgica no es solo un equipo de estrellas; es una estructura que ha cambiado el mapa del fútbol europeo. Aquí algunos puntos clave para no perderse en las tertulias:
Romelu Lukaku sigue siendo el referente ofensivo. A pesar de las críticas, su promedio goleador es de otro planeta. Es el primer jugador belga en superar los 80 goles internacionales. Eso no es casualidad. Es potencia pura.
La portería es un tema de debate nacional. La relación entre Courtois y el cuerpo técnico de Tedesco ha sido, por decir lo menos, tensa. Un equipo que aspira a ganar algo no puede permitirse tener al mejor portero del mundo viendo los partidos desde su casa por desacuerdos de liderazgo o jerarquía. Es un lujo que Bélgica no puede permitirse.
El sistema de formación belga sigue siendo exportado a otros países. Su capacidad para detectar talento en comunidades diversas y darles una plataforma es un ejemplo de integración y scouting profesional.
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Cómo seguir de cerca a la Selección de Bélgica
Si vas a seguir a este equipo, no te quedes solo con los resultados del marcador. Fíjate en la transición defensiva. Ahí es donde se ganan y se pierden los torneos para ellos. Bélgica suele sufrir cuando los equipos le juegan a la contra con transiciones rápidas porque sus centrales, históricamente, prefieren defender en bloque bajo o son lentos en el repliegue.
Para estar al tanto de las convocatorias y el estado físico de los jugadores, lo mejor es seguir las cuentas oficiales de la Royal Belgian FA o plataformas de estadísticas avanzadas como Opta, que suelen desglosar el impacto real de jugadores como Doku o Bakayoko en el juego colectivo.
Pasos a seguir para el análisis táctico de Bélgica:
- Observa la posición de De Bruyne: ¿Está bajando demasiado a recibir o juega cerca del área? Bélgica es más peligrosa cuando él no tiene que organizar desde su propio campo.
- Analiza el impacto de los laterales: Tradicionalmente, Bélgica ha jugado con centrales adaptados a las bandas. Si usan laterales naturales, el juego exterior cambia radicalmente.
- El factor Lukaku: Fíjate en cómo fija a los centrales. Incluso cuando no marca, genera espacios para que los extremos rompan hacia adentro.
La selección de fútbol de Bélgica ya no es la gran novedad del fútbol mundial. Ahora es un equipo en una encrucijada emocional y deportiva. El talento está, la infraestructura sobra, pero falta ese ingrediente invisible que convierte a un gran equipo en un equipo campeón. La ventana de la Generación Dorada se está cerrando, pero la puerta para una nueva identidad belga, quizás menos glamurosa pero más competitiva, se está abriendo.
Para entender el futuro de este equipo, hay que dejar de compararlos con lo que fueron en 2018 y empezar a evaluarlos por lo que pueden construir hoy. La reconstrucción está en marcha y, nos guste o no, Bélgica seguirá siendo un protagonista inevitable en cualquier torneo que dispute.