¿Sabías que un veterano de Normandía tuvo que salirse del cine a los diez minutos porque no aguantaba el realismo? No es una leyenda urbana. Pasó de verdad. Salvando al soldado Ryan no es solo una película de guerra; es, para muchos, el estándar de oro de cómo se siente el combate. Steven Spielberg no quería hacer algo "bonito" o "heroico" al estilo del Hollywood clásico. Quería que te sintieras sucio, sordo por las explosiones y, sobre todo, aterrorizado.
Honestamente, la primera vez que ves los 27 minutos iniciales del desembarco en la playa de Omaha, te quedas sin aire. No hay música heroica de John Williams ahí. Solo el sonido del metal chocando contra el agua y los gritos. Pero, ¿qué hay de cierto en todo esto? ¿Realmente el ejército mandaría a ocho tipos a morir para salvar a uno solo?
La respuesta corta es: más o menos.
La verdadera historia de los hermanos Niland
Mucha gente cree que la película es un documental disfrazado de ficción. No lo es. Se inspira libremente en la historia de los hermanos Niland. Eran cuatro. Edward, Preston, Robert y Frederick "Fritz" Niland. A diferencia de la película, donde tres mueren casi al mismo tiempo, la realidad fue un poco más caótica.
Preston y Robert murieron en Normandía con apenas 24 horas de diferencia. A Edward lo dieron por muerto en Birmania (aunque luego resultó que estaba en un campo de prisioneros japonés, vivito y coleando). Cuando el ejército se enteró de que tres de los cuatro hermanos habían "caído", decidieron sacar a Fritz del frente.
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Aquí viene el giro: no hubo una misión suicida liderada por Tom Hanks. A Fritz lo encontró un capellán de su propia unidad, el padre Francis Sampson. Básicamente, le dijeron: "Chico, te vas a casa". Fritz no quería irse. Estaba furioso y quería vengar a sus hermanos. Al final, lo escoltaron de vuelta a Inglaterra y luego a Estados Unidos. Fin del drama táctico, inicio del trauma familiar.
¿Por qué Spielberg cambió los hechos?
Bueno, porque una película de tres horas de un cura buscando a un paracaidista en una oficina de correos no vende entradas. Spielberg necesitaba el conflicto moral. ¿Vale la pena la vida de James Ryan más que la del capitán Miller? Ese es el corazón de la cinta.
El rodaje que casi termina en motín
Si crees que los actores estaban actuando el cansancio, te equivocas. Estaban agotados. Spielberg contrató a Dale Dye, un capitán de los Marines retirado, para que les diera una "bienvenida" inolvidable.
Siete días de entrenamiento militar real. Dormían en el suelo bajo la lluvia. Comían raciones de combate. Tenían que llamarse por los nombres de sus personajes todo el tiempo. Fue tan brutal que casi todos los actores, liderados por Edward Burns, votaron para abandonar el proyecto. Solo Tom Hanks votó por quedarse, y como él era la estrella, todos tuvieron que aguantarse.
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Dato curioso: Matt Damon fue el único que no fue al campamento. Spielberg lo hizo a propósito para que el resto del reparto le tuviera un resentimiento real en pantalla. Funcionó de maravilla. Cuando ves a los Ranger mirando con desprecio al joven Ryan, esa irritación es auténtica.
La técnica detrás del caos visual
¿Alguna vez has notado que la película se ve "diferente"? Como si fuera un noticiero viejo de los años 40. Janusz Kaminski, el director de fotografía, hizo algo radical.
- Quitó las capas protectoras de las lentes de las cámaras para que la luz rebotara de forma extraña.
- Ajustó el obturador de la cámara (el shutter angle) a 45 o 90 grados en lugar de los 180 habituales.
- Esto hace que el movimiento sea brusco, casi staccato. Por eso la arena volando y las explosiones se ven tan nítidas y violentas, en lugar de borrosas.
Además, usaron cámaras de mano durante casi todo el desembarco. Los operadores de cámara corrían literalmente junto a los actores. No hubo storyboards para la escena de la playa. Spielberg llegaba cada mañana y decía: "Hoy vamos a rodar esto". Quería que la cámara reaccionara al caos, no que lo dirigiera.
Lo que la película se inventó (y lo que acertó)
A pesar de su fama de ultra-realista, Salvando al soldado Ryan tiene sus fallos históricos. No te dejes engañar por el uniforme perfecto.
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- Los tanques Tiger: Los tanques que ves al final no son Tiger reales. No quedaba ninguno funcional en 1998 que se pudiera usar para una película de acción. Usaron chasis de tanques soviéticos T-34 y los disfrazaron. Si eres un experto en tanques, notarás que las ruedas no cuadran.
- La ciudad de Ramelle: No existe. Es un set gigante construido en un aeródromo abandonado en Inglaterra. Tardaron meses en construirlo solo para volarlo por los aires.
- Los proyectiles de mortero: Hay una escena donde usan proyectiles de mortero como si fueran granadas de mano, golpeándolos contra el metal. Muchos críticos dijeron que era imposible. Resulta que un veterano real, Charles Kelly, recibió la Medalla de Honor por hacer exactamente eso en Italia. Spielberg tenía razón.
El impacto en los veteranos
Tras el estreno, el Departamento de Asuntos de los Veteranos de EE. UU. tuvo que abrir una línea telefónica especial. Cientos de hombres que estuvieron en la guerra llamaron porque la película les había disparado episodios de estrés postraumático (PTSD) que tenían enterrados desde hacía 50 años. Es quizás el mayor cumplido que una película bélica puede recibir: ser tan real que duele.
Cómo verla hoy con ojos de experto
Si vas a volver a verla (o es tu primera vez), fíjate en los detalles pequeños.
Mira la escena donde dos soldados "alemanes" intentan rendirse tras el desembarco y los matan sin piedad. No están hablando alemán. Hablan checo. Dicen: "¡No disparen, soy checo, no he matado a nadie!". Eran prisioneros de naciones ocupadas forzados a luchar por los nazis. Es un detalle histórico desgarrador que la mayoría de la gente ignora.
Acciones recomendadas para fans del cine bélico:
- Compara con la realidad: Si te interesa el tema, busca el libro D-Day, June 6, 1944 de Stephen Ambrose. Es el material de referencia que usó el guionista Robert Rodat.
- Observa el color: Pon atención a cómo el color va desapareciendo a medida que la película avanza. Spielberg redujo la saturación un 60%.
- No te saltes los créditos: Busca el nombre de los consultores militares. Entenderás por qué cada movimiento de arma de Barry Pepper (el francotirador) parece de manual.
La película termina con una pregunta que nos queda a todos: "¿He sido un buen hombre?". No se trata solo de la guerra, sino de si el sacrificio ajeno justifica nuestra existencia. Es densa, es cruda y, aunque pasen otros 30 años, probablemente seguirá siendo la película que cambió para siempre el género bélico.