Rallos en el pelo: Por qué esta tendencia de los 90 ha vuelto con un giro radical

Rallos en el pelo: Por qué esta tendencia de los 90 ha vuelto con un giro radical

Miras una foto de 1998 y ahí están. Líneas marcadas. Contrastes agresivos. Básicamente, eran rayas de cebra cruzando la cabeza de medio mundo. Pero hoy, si pides rallos en el pelo en un salón de alta gama en Madrid o Ciudad de México, el resultado no tiene nada que ver con ese pasado nostálgico y, siendo sinceros, un poco cuestionable. El concepto ha evolucionado de ser una marca de "skater" o estrella de pop adolescente a una técnica de arquitectura capilar que busca luz, no rayas.

Es curioso.

La moda es cíclica, pero el refinamiento es lineal. Lo que antes llamábamos simplemente "rallos" o "mechitas" ahora se desglosa en un abanico técnico impresionante. Estamos hablando de babylights, balayage, hair frosting y las famosas chunky highlights que sí, esas sí intentan imitar el estilo retro pero con una calidad de difuminado que antes no existía. Si estás pensando en darle un cambio a tu imagen, entender la diferencia entre un trabajo de calidad y un desastre que te deje el pelo como un código de barras es vital.

El caos de los términos: ¿Rallos, mechas o reflejos?

La gente se confunde. Es normal. A menudo usamos la palabra rallos en el pelo para describir cualquier cosa que no sea un color sólido, pero técnicamente, el efecto que buscas tiene nombre y apellido. Cuando alguien pide "rallos", generalmente se refiere a un contraste visible.

Si buscas algo natural, lo tuyo son las babylights. Son secciones diminutas, casi imperceptibles, que imitan cómo el sol aclara el cabello de un niño en verano. Por otro lado, si lo que quieres es ese impacto visual fuerte, los rallos tradicionales (ahora llamados ribbon highlights) son tiras más gruesas que aportan dimensión y profundidad, especialmente en cabellos rizados donde el movimiento es clave.

Honestly, el mayor error es no llevar una foto. Lo que tú llamas "rallos" tu estilista lo puede interpretar como un "shatush". Y ahí es donde empiezan los problemas. El lenguaje técnico de la peluquería ha crecido tanto que la palabra tradicional se queda corta.

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La ciencia del contraste y el tono de piel

No es solo tirar color. Es física.

La colorimetría es una disciplina real. No todos los rubios funcionan con todos los rostros. Si tienes un subtono de piel frío (venas azules, te queda mejor la plata), unos rallos en el pelo en tonos ceniza o platino te harán brillar. Si tu piel es cálida (venas verdes, el oro te favorece), busca miel, caramelo o dorados.

El experto colorista Johnny Ramirez, pionero del lived-in color en Los Ángeles, siempre dice que el secreto no está en el color que pones, sino en el que dejas. La profundidad de tu base natural dicta qué tan agresivo puede ser el "rallo". Si intentas saltar de un negro azabache a un rayo blanco en una sola sesión, prepárate para decir adiós a la elasticidad de tu fibra capilar. La química no perdona.

Por qué tus "rallos" terminan naranjas (y cómo evitarlo)

Es la pesadilla de cualquiera. Sales del salón perfecta y, a las tres semanas, tu pelo parece un Cheeto. Esto pasa por la oxidación. El cabello oscuro tiene una carga enorme de pigmentos rojos y naranjas. Cuando decoloramos para crear esos rallos en el pelo, estamos eliminando el pigmento oscuro, pero el residuo cálido siempre intenta volver.

Aquí entra el famoso círculo cromático. El azul cancela el naranja. El violeta cancela el amarillo.

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  1. Usa un champú matizador (púrpura o azul) una vez por semana. No más. Si te pasas, tu pelo se verá opaco y grisáceo.
  2. Filtra el agua de tu ducha. El exceso de minerales y cloro en el agua de la ciudad es el enemigo número uno de las mechas claras.
  3. Protección térmica siempre. El calor de la plancha literalmente "cocina" el color y lo altera.

Kinda básico, ¿verdad? Pero casi nadie lo hace con constancia. La inversión en unos buenos rallos en el pelo no termina cuando pagas en la caja; ahí es donde empieza el mantenimiento.

El regreso de las "Chunky Highlights": ¿Error o acierto?

Hablemos de Dua Lipa. O de Bella Hadid. Ellas trajeron de vuelta las franjas anchas. Son rallos en el pelo que no piden perdón por existir. Se ven a kilómetros.

A diferencia de los años 90, donde estas mechas salían desde la raíz de forma muy rígida, la versión de 2026 juega con la colocación estratégica. Se concentran en el marco de la cara (el famoso money piece). Esto ilumina los ojos y define la mandíbula sin necesidad de teñir toda la cabeza. Es una opción inteligente para quienes quieren un cambio radical sin comprometer la salud de todo el cabello.

¿Es para todo el mundo? Probablemente no. Si trabajas en un entorno corporativo ultra conservador, quizás un balayage sutil sea más seguro. Pero si tu estilo es más urbano o experimental, los rallos marcados son la declaración de intenciones definitiva.

La técnica importa: Papel aluminio vs. Mano alzada

Hay dos escuelas principales. El papel aluminio atrapa el calor y permite una aclaración mucho más potente y definida. Es ideal para esos rallos en el pelo que quieren ser protagonistas. La técnica de mano alzada (balayage), en cambio, es mucho más artística y suave.

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La elección depende de tu base. Si tienes el pelo muy oscuro y quieres un rubio limpio, el papel es casi obligatorio. Si eres castaña clara y solo buscas "un toque", la mano alzada te dará un crecimiento mucho más natural, evitando el efecto raíz que te obliga a ir a la peluquería cada 20 días.

Salud capilar: El límite de la decoloración

No podemos hablar de estética sin hablar de salud. La decoloración rompe los puentes de disulfuro del cabello. Básicamente, le quita la estructura interna para meter el nuevo tono. Si tus rallos en el pelo se sienten como chicle cuando están mojados, has cruzado la línea roja.

Hoy en día tenemos protectores de enlaces como Olaplex, K18 o Wellaplex. Estos productos se mezclan con el decolorante para minimizar el daño. Son caros. Valen cada maldito céntimo. Si tu peluquero te ofrece añadir un protector de enlaces, di que sí. Es la diferencia entre tener una melena con movimiento o un estropajo seco.

Los expertos recomiendan no aclarar más de 3 o 4 tonos respecto a tu base natural en una sola sesión. La paciencia es la mejor herramienta de belleza. Es mejor hacer dos sesiones con un mes de diferencia que intentar conseguir el rubio nórdico en tres horas y terminar con el pelo roto.

Pasos prácticos para tu próxima cita

Si ya decidiste que quieres esos rallos en el pelo, no vayas a ciegas. La improvisación en colorimetría suele terminar en lágrimas.

  • Prepara el lienzo: Una semana antes de tu cita, usa una mascarilla de proteína. El pelo fuerte resiste mejor la química.
  • Sé honesta sobre tu historial: Si te pusiste un tinte de caja negro hace seis meses, dilo. Aunque no se vea, el pigmento sigue ahí y reaccionará con el decolorante, creando manchas verdes o rojizas indeseadas.
  • Lleva referencias visuales: Busca fotos de personas con tu mismo tipo de pelo (liso, rizado, fino, grueso). Unos rallos que se ven increíbles en pelo liso pueden perderse totalmente en una melena con mucho rizo.
  • Presupuesta el post-cuidado: No gastes todo tu dinero en el servicio. Necesitas un buen champú sin sulfatos y un protector térmico. De nada sirven unos rallos espectaculares si los vas a lavar con jabón de manos.

El mundo de los rallos en el pelo es fascinante porque permite personalizar tu identidad. Ya no se trata de seguir una plantilla, sino de entender cómo la luz interactúa con tus facciones. Ya sea que busques algo sutil que solo se note bajo el sol o unas franjas audaces que griten estilo, la clave está en el equilibrio entre la técnica profesional y el cuidado diario que le des en casa.