Si has pasado suficiente tiempo en el ecosistema de Twitter (ahora X) en México, es casi imposible que no te hayas topado con su nombre. O con un video suyo. O con una de sus propuestas que suenan a ciencia ficción pero que él jura que son el futuro inmediato. Simón Levy-Dabbah es un personaje que no conoce los puntos medios. Para algunos, es un visionario del urbanismo y la tecnología; para otros, un académico con un historial político cargado de fricciones. Pero, honestamente, definir quién es Simón Levy requiere escarbar debajo de los titulares sensacionalistas y entender una trayectoria que cruza el derecho, la diplomacia con China y el servicio público de alto nivel.
Él no es el típico político mexicano de vieja escuela. No usa el lenguaje acartonado de los "licenciados" de antes. Levy se mueve como pez en el agua entre algoritmos, inteligencia artificial y modelos de microeconomía. Su salida de la Subsecretaría de Planeación y Política Turística del Gobierno de México en 2019 fue el inicio de una metamorfosis pública que lo ha llevado de los despachos oficiales a las cortes legales y, finalmente, a una especie de activismo digital que incomoda a más de uno.
El ascenso: De la academia a la Subsecretaría de Turismo
Mucha gente se pregunta de dónde salió. No es un improvisado. Simón Levy es abogado por la UNAM, pero lo que realmente lo puso en el mapa fue su especialización en China. De hecho, fue de los primeros en ver el potencial de la relación Asia-México mucho antes de que el nearshoring fuera la palabra de moda en cada junta de negocios.
Su paso por la administración pública comenzó a hacer ruido serio cuando dirigió la Agencia de Promoción, Inversión y Desarrollo de la Ciudad de México (PROCDMX). Ahí intentó empujar el famoso Corredor Cultural Chapultepec. Fue un caos. Los vecinos se opusieron, hubo consultas ciudadanas y el proyecto terminó cancelado. Fue su primer gran golpe político, uno que le enseñó que en México, a veces, la técnica choca de frente con la realidad social.
A pesar de ese tropiezo, su perfil técnico lo llevó a las grandes ligas con la llegada de la administración de Andrés Manuel López Obrador. Miguel Torruco, el Secretario de Turismo, lo llamó para ser el número dos. La expectativa era alta. Se hablaba de digitalizar el turismo, de usar big data para entender al viajero y de descentralizar la riqueza. Pero la luna de miel duró poco. Muy poco.
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En abril de 2019, Levy renunció alegando "motivos estrictamente personales". Kinda vago, ¿no? La realidad, como se supo después, era una mezcla de desacuerdos profundos sobre cómo se estaban manejando proyectos clave y una visión que simplemente no encajaba con el ritmo de la burocracia tradicional. Desde ese momento, su cuenta de X se convirtió en un campo de batalla.
El conflicto legal que marcó un antes y un después
No podemos hablar de quién es Simón Levy sin mencionar el episodio del edificio en Polanco. Este es el punto donde su historia se vuelve un guion de Netflix. Una disputa inmobiliaria con una vecina escaló a niveles impensables: videos de agresiones verbales, demandas por daño moral y una orden de aprehensión que lo obligó a salir del radar físico por un tiempo.
Es un tema espinoso. Por un lado, Levy argumentó que era víctima de una persecución y de intereses inmobiliarios corruptos. Por el otro, los videos que circularon en redes sociales afectaron severamente su imagen pública, mostrándolo en un momento de crisis que sus detractores usaron para invalidar sus propuestas académicas. La justicia mexicana ha tenido un ir y venir con este caso, y aunque él ha mantenido una defensa activa desde el extranjero, la mancha reputacional es algo con lo que lidia a diario.
¿Visionario tecnológico o idealista digital?
Fuera de los juzgados, Levy se ha dedicado a pensar el futuro. Es un entusiasta de la economía del dato. Sus propuestas suelen girar en torno a temas que suenan extraños para el político promedio:
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- Ciudades Inteligentes: Propone que la infraestructura urbana debe generar datos para optimizar la vida del ciudadano, no solo ser cemento.
- Tokenización de la economía: Cree firmemente que la propiedad y el valor deben democratizarse a través de tecnología blockchain.
- Relación con China: Sigue siendo una de las voces más consultadas sobre cómo México debe dejar de mirar solo al norte y empezar a entender el modelo de desarrollo de Shenzhen.
Dice cosas que tienen sentido. "El valor no está en el petróleo, está en el talento y la conectividad", repite constantemente. Pero a veces, su estilo confrontativo hace que el mensaje se pierda en el ruido de la pelea tuitera. Es el riesgo de ser un influencer con doctorado.
Lo que pocos saben: Su faceta como autor y mentor
A pesar de todo el ruido mediático, Simón ha mantenido una producción intelectual constante. Ha escrito varios libros, entre ellos The State of China State Capitalism, donde analiza las tripas del modelo económico asiático. No es lectura ligera. Es un análisis denso que demuestra que, más allá de los escándalos, hay una mente que entiende los flujos de capital global.
También fundó cátedras y programas de emprendimiento. Le gusta rodearse de jóvenes que no están "contaminados" por el sistema político. Si le preguntas a sus alumnos, te dirán que es brillante y exigente. Si le preguntas a un político de carrera, probablemente te diga que es un personaje difícil de manejar.
La dualidad de su figura es fascinante. Es un hombre que puede estar citando a Sun Tzu por la mañana y analizando el precio del Bitcoin por la tarde, mientras responde a un ataque personal en redes sociales con una ironía que a veces raya en lo pedante.
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¿Por qué importa entender quién es Simón Levy hoy?
Importa porque representa una ruptura. En un México donde la política se divide entre "conservadores" y "liberales", Levy intenta meter una tercera variable: la tecnocracia disruptiva. No busca quedar bien con las estructuras de poder tradicionales, y eso lo ha dejado en una especie de exilio político y físico.
Su influencia actual se mide en engagement. Miles de personas siguen sus consejos sobre inversiones, tecnología y su visión de un "México Global". Es, en esencia, un experimento vivo de cómo un funcionario público puede transformarse en una marca personal poderosa, capaz de mover la agenda de discusión sin tener un cargo oficial.
Cómo aplicar las ideas de Levy a tu realidad financiera y profesional
Si logras separar el personaje de sus propuestas, hay lecciones valiosas que Simón Levy ha empujado y que son útiles para cualquiera en 2026:
- Deja de ignorar a China: No es solo donde se fabrican las cosas. Es donde se está inventando el futuro del comercio electrónico y la IA. Aprender cómo operan sus empresas es una ventaja competitiva brutal.
- Tu valor es tu data: Ya seas una pequeña empresa o un profesional independiente, entender cómo recolectar y usar datos para tomar decisiones es la diferencia entre sobrevivir y escalar.
- La propiedad está cambiando: Investiga sobre la tokenización de activos. La idea de que puedes ser dueño de una fracción de un edificio o de una empresa mediante tecnología digital es algo que Levy ha defendido y que ya es una realidad en mercados avanzados.
- Resiliencia digital: Su historia demuestra que, en la era de la cancelación, lo único que te mantiene a flote es tu capacidad de generar contenido de valor y mantener una comunidad propia, independientemente de los ataques externos.
Simón Levy-Dabbah sigue siendo un enigma para muchos. ¿Es el arquitecto de un nuevo México o un académico que se perdió en el laberinto del poder y las redes sociales? Probablemente sea ambas cosas. Lo que es innegable es que su voz sigue resonando en los círculos donde se discute el futuro del dinero y la tecnología en América Latina.
Para entender el pulso de la innovación en la región, es obligatorio seguirle la pista, analizar sus aciertos y aprender de sus errores públicos. Al final del día, figuras como él son las que fuerzan a los sistemas rígidos a cuestionarse si el camino que llevan es el correcto o si es hora de un reinicio completo.