¿Alguna vez te has sentado en un bar a discutir quién es el mejor jugador de la historia del fútbol? Seguro que sí. Es la conversación que nunca muere, la que separa a familias y la que hace que amigos de toda la vida terminen gritándose por un fuera de juego de 1974 o un regate en 2012.
El problema es que casi siempre comparamos manzanas con naves espaciales. No tiene sentido. ¿Cómo vas a medir la potencia física de Cristiano Ronaldo contra la elegancia de ballet de Johan Cruyff? Es absurdo, pero nos encanta hacerlo.
Honestamente, la mayoría de la gente se queda en la superficie. Miran los Balones de Oro o cuentan los goles en Wikipedia. Pero si rascas un poco, te das cuenta de que ser el más grande de todos los tiempos (el dichoso GOAT) requiere algo más que estadísticas infladas contra equipos de media tabla. Requiere haber cambiado el deporte para siempre.
Messi, Pelé y Maradona: El podio que nadie se atreve a tocar
Si le preguntas a la FIFA, te dirán que Pelé. Si le preguntas a un romántico del fútbol callejero, te dirá que Diego. Y si miras los datos fríos de los últimos veinte años, Leo Messi se lleva la palma.
Pelé es el único tipo que ha ganado tres Mundiales. Tres. Imagínate eso. Básicamente, Edson Arantes do Nascimento era un atleta del siglo XXI jugando contra gente que fumaba en el descanso. Su impacto en el Santos y en la selección brasileña de 1970 fue lo que convirtió al fútbol en el "jogo bonito". Marcó más de mil goles (aunque muchos fueron en amistosos que hoy nos darían risa) y definió lo que significa llevar el número 10 a la espalda.
Luego está Maradona. Diego no era solo un futbolista; era un fenómeno sociopolítico. Lo que hizo en el Mundial de 1986 contra Inglaterra, apenas unos años después de la Guerra de las Malvinas, trasciende el deporte. Aquel segundo gol, arrancando desde el centro del campo y dejando a media selección inglesa por los suelos, es, sencillamente, la obra de arte definitiva sobre césped. Maradona no necesitaba ganar diez ligas para ser el mejor jugador de la historia del fútbol a ojos de millones; le bastó con cargar a sus hombros a un Nápoles mediocre y a una Argentina sufridora.
Y llegamos a Messi.
Lo de Leo es otra liga. La consistencia. Eso es lo que nos vuela la cabeza. Mientras otros grandes tuvieron picos de gloria de cinco o seis años, Messi se mantuvo en la cima absoluta durante casi dos décadas. Ocho Balones de Oro. Una vitrina que explotó después de Qatar 2022. Sus 91 goles en un solo año natural (2012) son una cifra que parece sacada de un videojuego en modo fácil.
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Por qué los títulos no lo son todo (aunque ayudan bastante)
Hay una tendencia un poco molesta a decir que si no ganaste un Mundial, no puedes ser el más grande. Es injusto. Alfredo Di Stéfano nunca jugó un Mundial, y tipos como Bobby Charlton o Eusebio decían que "La Saeta Rubia" era el jugador más completo que jamás pisó un campo. Bajaba a defender, organizaba el juego y terminaba la jugada marcando. Era el fútbol total antes de que se inventara el término.
Cristiano Ronaldo es el ejemplo perfecto de la voluntad pura.
Kinda loco, ¿no?
Un tipo que quizás no nació con el talento divino de Ronaldinho, pero que a base de gimnasio, dieta y una mentalidad casi psicótica de ganar, se convirtió en el máximo goleador de la historia de este deporte. Su rivalidad con Messi es lo mejor que le ha pasado al fútbol moderno. Sin Cristiano, Messi no habría sido tan bueno, y viceversa. Se alimentaron el uno al otro. CR7 demostró que se puede dominar el juego a través de la potencia, el salto y el remate de primera intención.
La elegancia olvidada de los "otros" candidatos
A veces nos olvidamos de Johan Cruyff. Sin él, el fútbol que vemos hoy no existiría. Ni el Barça de Guardiola, ni la selección española que lo ganó todo, ni el Ajax moderno. Cruyff jugaba con el cerebro. Decía que "el fútbol se juega con la cabeza, y las piernas están ahí para ayudarte".
Zinedine Zidane es otro que entra en la conversación cuando hablamos de estética. "Zizou" no corría, se deslizaba. Su volea en la final de la Champions contra el Leverkusen es probablemente el gol más plástico de la historia del torneo. Pero, ¿fue el mejor? Depende de lo que busques. Si buscas control y dominio del espacio, él es tu hombre.
El peso de las épocas: ¿Se puede comparar a Di Stéfano con Mbappé?
Aquí es donde la cosa se pone técnica y, a la vez, muy subjetiva. En los años 50 y 60, los balones pesaban como piedras cuando se mojaban. Las botas eran de cuero rígido. Los defensas te podían romper la pierna y el árbitro solo te decía "levántate, hijo".
Hoy, un jugador como Kylian Mbappé tiene a su disposición fisioterapeutas, nutricionistas, análisis de datos por IA y campos que parecen alfombras. La velocidad del juego ha aumentado drásticamente. Pero también es cierto que ahora los espacios son mucho menores. Los sistemas defensivos son máquinas de precisión táctica.
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Por eso, coronar a alguien como el mejor jugador de la historia del fútbol requiere valorar cómo destacaron sobre sus contemporáneos. Pelé le sacaba tres cuerpos de ventaja al segundo mejor de su época. Messi, durante años, hizo que defensas de élite parecieran niños de primaria. Esa diferencia abismal es la que marca la verdadera grandeza.
Lo que la gente suele pasar por alto: El factor mental
No todo es darle patadas a un cuero. La presión de ser el referente de una nación entera pesa toneladas.
Fíjate en Ronaldo Nazário, "El Fenómeno". Si no fuera por sus rodillas de cristal, probablemente este artículo se acabaría en el segundo párrafo diciendo que él fue el mejor. Tenía la potencia de Cristiano y la magia de Messi. Lo que hizo en el Mundial de 2002, después de estar casi dos años parado por lesiones terribles, es una de las mayores historias de superación del deporte.
Hay una delgada línea entre ser un gran jugador y ser un mito. Los mitos son aquellos que aparecen cuando las papas queman. En las finales. En el minuto 93.
La influencia fuera del campo
El fútbol también es cultura.
George Best fue la primera estrella de rock del fútbol, pero su estilo de vida le impidió llegar a la longevidad de un Franz Beckenbauer. El "Kaiser" reinventó la posición de líbero. Mandaba desde atrás con el pecho inflado y una elegancia que intimidaba. Ganó el Mundial como jugador y como entrenador, algo que solo un puñado de elegidos ha logrado.
A veces, ser el mejor implica cambiar la mentalidad de un club o un país. Ronaldinho llegó a un Barcelona hundido en la depresión y, con una sonrisa y un par de elásticas, le devolvió la alegría a todo el entorno culé. Ese impacto emocional es difícil de meter en una hoja de Excel, pero cuenta muchísimo cuando la gente vota en estas encuestas.
Diferentes perspectivas según quién responda
- El analista de datos: Se irá directo a los goles por partido, asistencias, pases clave y "expected goals". Aquí Messi suele ganar por goleada porque sus métricas son, simplemente, estúpidas de lo buenas que son.
- El historiador: Te hablará del contexto. Te dirá que Pelé detuvo guerras y que Maradona desafió al norte rico de Italia desde el sur pobre.
- El preparador físico: Te señalará a Cristiano Ronaldo como el espécimen perfecto, el atleta que llevó el cuerpo humano al límite de la eficiencia.
- El purista del juego: Se quedará con la visión de juego de Cruyff o la pausa de Juan Román Riquelme (aunque este último sea un gusto más de nicho).
Realidades y mitos sobre las estadísticas
Es fácil dejarse engañar por los números. Mucha gente dice que Pelé marcó 1283 goles. Realmente, en partidos oficiales, la cifra ronda los 760. Sigue siendo una locura, pero no es lo mismo marcarle tres goles al ejército austriaco en un amistoso que marcarlos en una final de Champions.
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De la misma forma, criticar a Messi porque "tardó" en ganar con Argentina es ignorar que llegó a tres finales seguidas que se perdieron por detalles mínimos. El fútbol es un deporte de equipo donde un error del portero puede arruinar la actuación histórica de un delantero.
El veredicto que nadie quiere aceptar
Al final del día, elegir al mejor jugador de la historia del fútbol es un ejercicio de nostalgia y preferencia personal.
Si valoras la perfección técnica y la longevidad, es Messi.
Si valoras el impacto cultural y la mística, es Maradona.
Si valoras el dominio absoluto y los trofeos internacionales, es Pelé.
Y si valoras el trabajo duro y la capacidad de superación, es Cristiano.
Pero hay algo que es innegable: estamos viviendo (o acabamos de vivir) una de las épocas más ricas. Ver a Messi y Cristiano competir durante quince años ha sido un privilegio que las generaciones anteriores no tuvieron. Ellos elevaron el estándar. Ahora, cualquier chico que quiera ser "el mejor" sabe que no basta con tener talento; tiene que ser un atleta perfecto, un táctico inteligente y tener una resistencia mental de hierro.
Cómo analizar este debate por tu cuenta
Para dejar de lado los fanatismos y evaluar con criterio quién merece el trono, considera estos puntos prácticos la próxima vez que veas un partido o un documental:
- Mira el contexto táctico: No es lo mismo regatear a defensas que están estáticos que hacerlo contra un bloque bajo moderno que no deja ni un centímetro de espacio.
- Evalúa la polivalencia: ¿El jugador era bueno solo en una cosa o dominaba varias facetas? Un jugador completo (regate, pase, remate, visión) siempre tendrá más peso histórico que un especialista puro de área.
- Considera la influencia en los compañeros: Los mejores de la historia no solo juegan bien ellos; hacen que los diez tipos que tienen al lado parezcan mejores de lo que realmente son.
- Investiga los momentos clave: Busca las actuaciones en cuartos, semis y finales de grandes torneos. Ahí es donde se separan los buenos de las leyendas.
- No ignores la longevidad: Mantenerse en la élite durante más de una década es infinitamente más difícil que tener dos años brillantes y luego desaparecer en ligas menores.
Para profundizar, revisa los archivos históricos de la IFFHS (Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol) o los reportajes de la revista France Football, que son quienes mejor han documentado el rendimiento individual a lo largo de las décadas. La respuesta final no está en un dato, sino en cómo cada uno de estos genios te hizo sentir cuando tocaban el balón.