El ruido en el Parque de los Príncipes ya no es el mismo. Si te preguntas como va el psg en este arranque de 2026, la respuesta corta es que el club finalmente dejó de ser una colección de cromos brillantes para intentar convertirse en un equipo de fútbol de verdad. Pero claro, ser un "equipo" no te garantiza ganar la Champions League, y eso es lo que mantiene a los ultras en un estado de ansiedad constante. Tras la salida de Kylian Mbappé hacia Madrid hace un par de temporadas, el proyecto de Luis Enrique ha tomado un rumbo que pocos esperaban: menos marketing, más sudor.
Honestamente, el equipo está en una fase de transición que parece eterna. En la Ligue 1, como es de esperar, dominan. No tienen rival que les aguante el ritmo físico durante 38 jornadas, aunque el Mónaco y el Marsella han tenido rachas donde les han soplado la nuca. Pero en Europa... ay, la Champions. Ahí es donde se ve de qué está hecho este nuevo París Saint-Germain. Ya no está Messi para frotar la lámpara, ni Neymar para inventar un regate imposible. Ahora todo depende de la presión tras pérdida y de que Bradley Barcola o Warren Zaïre-Emery tengan el día inspirado.
El sistema de Luis Enrique: ¿Posesión o aburrimiento?
Mucha gente se desespera viendo como va el psg bajo la batuta del técnico asturiano. Luis Enrique es testarudo. Morirá con su idea de tener el balón el 70% del tiempo. A veces funciona de maravilla y el rival ni la huela, pero otras veces parece que el equipo circula la pelota en la zona de medios sin ninguna intención de herir. Es un fútbol de control absoluto.
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Lo que realmente ha cambiado es el perfil del mediocampo. Vitinha se ha convertido en el jefe absoluto. Es el termómetro. Si él está fino, el PSG fluye. Si lo presionan bien, el equipo se corta por la mitad. Es curioso cómo han pasado de buscar nombres que vendan camisetas a buscar jugadores que corran 12 kilómetros por partido. João Neves ha sido un acierto total en ese sentido; el chico tiene tres pulmones y una visión de juego que recuerda a los mejores años de Verratti, pero con menos tarjetas amarillas innecesarias.
La defensa y el drama de la portería
Si analizamos fríamente como va el psg atrás, hay motivos para preocuparse. Marquinhos sigue siendo el capitán, el líder emocional, pero los años no pasan en balde y la velocidad punta ya no es la misma. La apuesta por defensas jóvenes como Lucas Beraldo muestra la intención del club: quieren gente que sepa salir jugando desde el área pequeña, incluso si eso implica regalar un gol de vez en cuando por un error en el pase.
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La portería es otro tema. Gianluigi Donnarumma sigue alternando paradas imposibles con errores de bulto en las salidas por alto. Es esa irregularidad la que pone nerviosa a la grada. A veces parece el mejor del mundo, y a los cinco minutos se le escapa un balón que parece de colegio. Luis Enrique confía en él, pero la sombra de la competencia siempre está ahí, especialmente cuando los errores cuestan puntos en eliminatorias europeas.
Los jóvenes que tiran del carro
Es refrescante ver a un PSG que no depende de un "galáctico". Warren Zaïre-Emery ya no es una promesa; es una realidad aplastante que sostiene el sistema. Su capacidad para romper líneas en conducción es, básicamente, lo que evita que el juego del equipo sea previsible. Junto a él, Barcola ha asumido la responsabilidad de ser el puñal por la banda izquierda. No es Mbappé, y no pretende serlo, pero su capacidad de desborde es de lo mejorcito que hay ahora mismo en Europa.
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¿Qué esperar de aquí al final de la temporada?
Para entender realmente como va el psg, hay que mirar más allá de los resultados inmediatos. El club ha bajado la masa salarial de forma drástica, lo cual les da un margen de maniobra brutal para el próximo mercado de fichajes. Sin embargo, la exigencia en París no entiende de balances contables. Quieren la Orejona.
La realidad es que el equipo es mucho más sólido defensivamente en bloque, pero le falta ese "punch" individual que resuelva partidos atascados. Gonçalo Ramos y Kolo Muani cumplen, trabajan, presionan, pero no tienen ese aura de invencibilidad que tenían los delanteros anteriores. Es un PSG más humano, más terrenal, y quizá por eso, un poco más peligroso como bloque.
Para seguir de cerca la evolución del equipo, lo ideal es fijarse en tres puntos clave:
- La gestión de las rotaciones: Luis Enrique no tiene un once fijo. Si quieres apostar o analizar sus partidos, mira siempre quién descansa en la liga antes de un partido europeo; ahí es donde el técnico enseña sus cartas.
- El estado físico de Nuno Mendes: Cuando el lateral portugués está sano, el PSG es otro equipo. Su profundidad por banda izquierda es vital para estirar las defensas cerradas de la Ligue 1.
- El mercado de invierno: Aunque el discurso oficial es que la plantilla está cerrada, el club sigue buscando un "9" de referencia mundial que pueda aprovechar el volumen de juego que generan los centrocampistas.
En definitiva, el PSG está en un proceso de maduración. Han pasado de ser una selección mundial a ser un club con una identidad táctica muy marcada. Puede que no sea tan glamuroso como antes, pero es, sin duda, un proyecto mucho más coherente a largo plazo. No les quites el ojo de encima en los cuartos de final de la Champions; este año son el "tapado" que nadie quiere cruzarse.