Hay un montón de ruido ahí fuera. Si entras a redes sociales, parece que cada dos semanas hay una emergencia médica en el Vaticano. La gente se pregunta constantemente qué le pasó al Papa Francisco, y la respuesta corta es que el tiempo no perdona, pero las ganas siguen ahí. A sus 89 años, Jorge Mario Bergoglio es un hombre que desafía las estadísticas médicas mientras lidia con un cuerpo que, honestamente, ya le está pasando la factura de décadas de trabajo intenso.
No es solo una cosa. Es un conjunto de achaques.
El Papa no se está muriendo mañana, a pesar de lo que digan los titulares amarillistas. Sin embargo, su salud ha pasado por baches muy reales que han cambiado la forma en que lo vemos. Desde cirugías abdominales hasta problemas respiratorios que lo obligan a usar silla de ruedas, el panorama es complejo.
El susto del Hospital Gemelli
Mucha de la confusión sobre qué le pasó al Papa Francisco viene de sus ingresos recurrentes al Hospital Gemelli de Roma. En junio de 2023, tuvo que someterse a una operación de urgencia por una hernia incisional. Básicamente, se le estaba formando una obstrucción intestinal debido a cicatrices de cirugías previas. Fue una operación con anestesia general, algo que a su edad siempre es un riesgo monumental. Los médicos estaban preocupados por su sistema respiratorio. No olvidemos que a Francisco le quitaron parte de un pulmón cuando era joven debido a una infección severa.
Ese detalle es clave. Muchos se asustan cuando lo ven con gripe o bronquitis, pero para él, cualquier problema en las vías respiratorias es un asunto de estado.
Luego está el tema de la rodilla. Esa famosa silla de ruedas. Francisco sufre de una artrosis severa en la rodilla derecha. Se negó a operarse porque la anestesia de la cirugía de colon en 2021 le dejó efectos secundarios que no le gustaron nada. Prefirió la terapia física y la silla de ruedas antes que volver a pasar por el quirófano para una prótesis. Es terco. Los que lo conocen dicen que esa terquedad es lo que lo mantiene en pie.
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¿Renuncia a la vista?
La sombra de Benedicto XVI es alargada. Desde que Ratzinger dio ese paso al costado histórico, la pregunta ya no es si un Papa puede renunciar, sino cuándo lo hará el siguiente. Francisco ha dicho mil veces que la renuncia es una opción, pero no una moda. "No se gobierna con la rodilla, se gobierna con la cabeza", ha repetido a los periodistas en los vuelos papales.
Aun así, ha dejado todo listo. Literalmente. Ha firmado una carta de renuncia en caso de impedimento médico grave. Es un movimiento pragmático. Si cae en coma o pierde sus facultades mentales, el Vaticano no puede quedar paralizado en un limbo legal y espiritual.
Pero, sinceramente, mientras pueda hablar y decidir, parece que no se va a ningún lado. Ha seguido viajando a lugares difíciles como Mongolia o Indonesia, incluso cuando sus médicos le imploraban que se quedara en casa descansando.
Los pulmones y el invierno romano
El invierno en Roma es húmedo. Para alguien con su historial respiratorio, es una trampa. A finales de 2023 y principios de 2024, lo vimos delegar discursos. "No puedo leer, me canso rápido", decía con una voz ronca que asustaba a los fieles en la Plaza de San Pedro. Se trataba de una inflamación pulmonar que, aunque no era neumonía, lo dejó bastante débil.
¿Qué le pasó al Papa Francisco en esos momentos de silencio? Pues que entendió que su cuerpo tiene límites. Empezó a usar más a sus ayudantes, como Filippo Ciampanelli, para leer sus discursos. Esto no es una señal de que haya perdido el control, sino de que está administrando la poca energía que le queda para las decisiones importantes.
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Es fascinante ver cómo la narrativa cambia según quién la cuente. Los sectores más conservadores de la Iglesia a veces usan estos baches de salud para sugerir que el pontificado está llegando a su fin. Sus aliados, por el contrario, resaltan su lucidez mental. La realidad está en un punto medio: es un hombre anciano con problemas crónicos que sigue siendo el jefe absoluto de una institución de mil millones de personas.
La dieta y el estilo de vida en Santa Marta
Francisco no vive en el palacio apostólico. Prefiere la Residencia de Santa Marta. Allí come con los demás, se sirve su propia comida y mantiene un estilo de vida mucho más sencillo. Dicen que los médicos han intentado ponerlo a dieta, menos pasta y más verdura, pero él es argentino. Un buen trozo de carne o un dulce a veces ganan la batalla.
Ese contacto humano es lo que lo mantiene vivo psicológicamente. El aislamiento de los apartamentos papales tradicionales probablemente lo habría apagado hace años. Ver gente, hablar con los empleados de la residencia, eso es su combustible.
Lo que debemos observar en los próximos meses
Para entender realmente qué le pasó al Papa Francisco y qué le pasará, hay que fijarse en tres indicadores clave que los expertos vaticanistas monitorean a diario:
- La agenda de viajes internacionales: Si cancela un viaje largo, es que algo va mal de verdad. Si los mantiene, aunque sea en silla de ruedas, hay Papa para rato.
- La frecuencia de las audiencias privadas: Cuando empieza a espaciar sus reuniones con obispos y jefes de estado, es señal de que los médicos han impuesto un descanso obligatorio.
- La consistencia de su voz: La ronquera es su mayor enemigo. Si su voz suena clara, sus pulmones están estables.
No hay que caer en teorías conspirativas. El Vaticano es ahora mucho más transparente de lo que era en los tiempos de Juan Pablo II, cuando el Parkinson del Papa se ocultó casi hasta el final. Ahora se emiten boletines médicos. No son perfectos, pero nos dan una idea clara de la situación.
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Francisco sabe que el mundo lo observa. Sabe que cada vez que tose, la bolsa de valores espiritual cae un poco. Por eso hace bromas. "Todavía estoy vivo", suele decir a quienes le preguntan por su salud con cara de preocupación. Es su forma de decir que, mientras el cerebro funcione, la rodilla es secundaria.
Para seguir de cerca la evolución de la situación, lo más recomendable es alejarse de los hilos de Twitter o X que anuncian "humo blanco" sin fundamento y acudir a fuentes institucionales o periodistas con acreditación permanente en la Sala Stampa del Vaticano. La salud de un pontífice es un asunto de equilibrio delicado entre la biología y la política eclesial.
Pasos a seguir para estar bien informado:
- Verificar las fuentes oficiales: Vatican News es el canal directo. Si no está ahí, probablemente sea un rumor.
- Diferenciar entre "incapacidad" y "vejez": Que el Papa use silla de ruedas no significa que no esté al mando. Muchos líderes mundiales han gobernado con limitaciones físicas severas.
- Observar los Consistorios: La creación de nuevos cardenales es la forma en que Francisco asegura su legado. Si convoca uno pronto, es que quiere dejar el futuro atado antes de que su salud empeore.
- Ignorar los titulares de "último minuto" sin confirmación: En la era de la desinformación, el Papa es un blanco fácil para los clics rápidos.
La historia de Francisco todavía se está escribiendo. No ha terminado. Lo que le pasó es simplemente la vida alcanzando a un hombre que se niega a detenerse. Su resiliencia es, para muchos, un mensaje en sí mismo, más allá de cualquier encíclica o discurso oficial.