La palabra "promiscuo" pesa. Se siente casi como un insulto heredado de otra época, pero la realidad es que su definición técnica es mucho más aburrida y menos dramática de lo que la gente cree. Si te preguntas qué es un promiscuo, básicamente estamos hablando de alguien que tiene relaciones sexuales frecuentes con distintas parejas o que cambia de compañero sexual con regularidad. No hay más. No hay un rayo que caiga del cielo ni una marca en la frente.
Pero, ¿dónde está la línea? ¿Tres personas al año? ¿Diez? ¿Cincuenta?
La verdad es que no hay un número mágico escrito en piedra por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Lo que para un universitario en Madrid es una "fase", para una persona en una comunidad rural conservadora podría ser visto como un escándalo total. La promiscuidad es, en gran medida, un concepto elástico que depende de quién mire y desde dónde.
El peso de las etiquetas y la ciencia del comportamiento
Históricamente, el término se ha usado como un arma. Casi siempre contra las mujeres, seamos honestos. Los estudios de sociología muestran que el "doble estándar sexual" sigue vivito y coleando, donde a un hombre se le celebra la conquista y a una mujer se le juzga por la misma conducta. Pero si dejamos de lado la moralina, lo que queda es la sociosexualidad.
Este es un término que los psicólogos aman. La orientación sociosexual describe qué tan cómoda se siente una persona con el sexo sin compromiso. Hay gente con una sociosexualidad "restringida" (solo quieren sexo si hay amor y compromiso) y gente con una sociosexualidad "no restringida" (el sexo es diversión, deporte o conexión física sin necesidad de un contrato emocional).
Nadie nace con un manual, pero la genética y el entorno juegan su papel. Investigadores de la Universidad de Binghamton descubrieron que ciertas variaciones en el receptor de dopamina D4 (el gen DRD4) están relacionadas con una mayor probabilidad de tener aventuras de una noche e infidelidades. Básicamente, algunos cerebros están diseñados para buscar una recompensa de placer mucho más intensa y frecuente. No es una excusa, es biología pura.
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¿Qué es un promiscuo en el siglo XXI?
Hoy en día, las aplicaciones de citas como Tinder o Bumble han cambiado las reglas del juego. Antes, para ser "promiscuo", tenías que salir, esforzarte, ir a bares. Ahora, el catálogo está en tu mano mientras estás en pijama. Esto ha hecho que el comportamiento sexual sea más fluido.
Sin embargo, hay que diferenciar entre la libertad sexual y la conducta de riesgo. Ser una persona con múltiples parejas no te hace automáticamente un "irresponsable", siempre y cuando la gestión del riesgo esté presente. Aquí es donde entra el concepto de salud sexual proactiva.
Muchos expertos en salud pública prefieren evitar la palabra promiscuidad porque está cargada de estigma. En su lugar, hablan de "múltiples parejas sexuales concurrentes". Suena a papeleo de oficina, pero es más preciso. El problema no es el número de personas, sino cómo se cuida uno y cómo cuida a los demás.
Riesgos reales y mitos urbanos
Hablemos de las infecciones de transmisión sexual (ITS). Es matemática simple: a más contactos, más probabilidades de exposición. Pero aquí viene el giro: una persona con dos parejas que no usa protección tiene más riesgo que alguien con diez parejas que usa preservativo siempre y se hace pruebas cada tres meses.
- El estigma del contagio: Se cree que el "promiscuo" es un foco de infección. Falso. La responsabilidad individual define el riesgo, no el conteo de cuerpos.
- La insatisfacción emocional: Existe el mito de que quienes tienen mucho sexo casual están "vacíos". Algunos sí, otros simplemente disfrutan de su cuerpo. La psicología moderna indica que si el sexo es consensuado y no se usa como un mecanismo de evasión para traumas, no tiene por qué afectar la salud mental.
- La adicción al sexo: No confundamos gimnasia con magnesia. Tener muchas parejas no es lo mismo que ser un adicto al sexo. La adicción implica una pérdida de control y consecuencias negativas graves en la vida diaria (perder el trabajo, arruinarse, etc.).
La psicología detrás de la multiplicidad de parejas
¿Por qué alguien elige este estilo de vida? A veces es por una búsqueda de validación. Otras veces, es simplemente curiosidad. En muchos casos, es una etapa de exploración tras una relación muy larga y monótona.
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La doctora Helen Fisher, una de las antropólogas más famosas en el estudio del amor, explica que los seres humanos tenemos tres sistemas cerebrales distintos: el impulso sexual, el amor romántico y el apego profundo. Estos sistemas no siempre van de la mano. Puedes sentir un impulso sexual hacia alguien sin querer despertarte a su lado al día siguiente. Eso no te hace una mala persona, te hace humano.
Kinda loco, ¿no? Que estemos diseñados con cables que a veces se cruzan y otras veces van por libre.
El impacto de la cultura y la religión
No podemos hablar de qué es un promiscuo sin mencionar la sombra de la religión. Durante siglos, la castidad fue la moneda de cambio de la "decencia". Esto ha creado un trauma generacional donde el placer se asocia con la culpa.
Incluso en sociedades laicas, la presión de grupo es brutal. En los hombres, a veces se siente la presión de ser promiscuo para validar su masculinidad. Si no tienen una lista larga de conquistas, se sienten menos hombres. Es la otra cara de la moneda del estigma: la obligación de la promiscuidad. Ambas posturas son igual de dañinas porque no nacen del deseo auténtico, sino de lo que los demás esperan de nosotros.
Cómo gestionar una vida sexual activa de forma inteligente
Si decides que quieres explorar y tener múltiples parejas, hay una "etiqueta" y una logística que seguir. No es solo lanzarse a la piscina.
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- Chequeos regulares: Si tienes más de tres parejas nuevas al año, las pruebas de ITS deberían ser parte de tu rutina, como ir al dentista. En 2026, las pruebas rápidas y los kits caseros son accesibles. No hay excusa.
- Comunicación clara: No engañes. Si no buscas nada serio, dilo. El daño emocional ocurre cuando las expectativas no coinciden.
- Protección de barrera: El preservativo sigue siendo el rey, pero también existen opciones como la PrEP (Profilaxis Pre-Exposición) para prevenir el VIH si el nivel de exposición es muy alto.
- Honestidad contigo mismo: Pregúntate de vez en cuando: "¿Estoy disfrutando esto o solo estoy llenando un hueco?". Si la respuesta te incomoda, quizá sea momento de frenar.
Honestamente, la etiqueta de "promiscuo" está muriendo. Estamos pasando de una cultura del juicio a una cultura del consentimiento y la autonomía corporal. Lo que hagas en tu cama (o en la de otros) es asunto tuyo, siempre que todos los involucrados sean adultos y estén de acuerdo.
La clave está en entender que la cantidad no define tu calidad como ser humano. Puedes tener cien parejas y ser una persona íntegra, generosa y honesta. O puedes ser virgen y ser un tipo despreciable. El contador de sexo no es un medidor de moralidad.
Pasos a seguir para una salud sexual integral
Si te identificas con este estilo de vida o simplemente tienes curiosidad por explorar más, aquí tienes una hoja de ruta práctica para navegar estas aguas sin hundirte:
Primero, programa una cita para un perfil completo de ITS (VIH, sífilis, gonorrea, clamidia y hepatitis). Hazlo aunque uses protección, porque algunas cosas se pegan por contacto piel con piel.
Segundo, establece tus límites antes de salir de casa. Decide qué estás dispuesto a hacer y qué no. Aprender a decir "no" en mitad de un encuentro es un superpoder que te ahorrará muchos arrepentimientos.
Tercero, deshazte de la culpa. Si tus encuentros son consensuados, seguros y te hacen sentir bien, el ruido exterior no importa. La educación sexual no termina en el instituto; es un proceso de aprendizaje que dura toda la vida.
Finalmente, busca fuentes de información fiables. Sitios como Planned Parenthood o las guías de salud pública locales ofrecen datos reales sin el sesgo moral que suele inundar los foros de internet. La información es la mejor protección contra el estigma y las infecciones.