Qué es la resistencia y por qué tu cuerpo la necesita para no romperse

Qué es la resistencia y por qué tu cuerpo la necesita para no romperse

Si alguna vez has intentado correr tras el autobús y has sentido que tus pulmones iban a explotar, ya sabes lo que es la falta de ella. Pero, ¿qué es la resistencia realmente? No es solo aguantar un maratón. Va mucho más allá. Es la capacidad psicofísica del deportista para soportar la fatiga frente a esfuerzos prolongados y para recuperarse rápidamente después de estos.

A ver, piénsalo.

La resistencia es ese "tanque de gasolina" que determina cuánto tiempo puedes mantener una actividad sin que tu rendimiento se caiga por un precipicio. Si eres de los que piensa que solo sirve para correr, te equivocas. Es la base de casi todo lo que hacemos, desde subir las escaleras cargando las bolsas del súper hasta mantener la concentración en una reunión de tres horas. Es, básicamente, el seguro de vida de tu corazón y tus músculos.

La ciencia detrás del aguante: Aeróbica vs. Anaeróbica

Mucha gente se lía con los términos técnicos, pero es más sencillo de lo que parece en los libros de fisiología. Básicamente, tenemos dos formas de obtener energía.

Primero está la resistencia aeróbica. Aquí el oxígeno es el protagonista. Es cuando haces un esfuerzo de intensidad baja o moderada durante mucho tiempo. Caminar, nadar suave o andar en bici son los ejemplos clásicos. Tu cuerpo utiliza el oxígeno para "quemar" hidratos y grasas. Según expertos de la Clínica Mayo, este tipo de entrenamiento es el mejor para fortalecer el miocardio (el músculo del corazón) y mejorar la capacidad pulmonar. Es la base de la pirámide. Sin una buena base aeróbica, cualquier otro ejercicio te va a costar el triple.

Luego tenemos la resistencia anaeróbica. Aquí la cosa se pone seria. Esfuerzos brutales, cortos y de altísima intensidad. Aquí no hay tiempo para que el oxígeno llegue a los músculos y haga su magia. El cuerpo tiene que tirar de reservas de energía inmediatas (ATP y fosfocreatina) o del glucógeno, produciendo ácido láctico. ¿Has hecho alguna vez un sprint de 100 metros o una serie pesada de sentadillas? Eso es. Sientes el quemazón. Eso es tu cuerpo trabajando sin oxígeno suficiente.

Honestamente, la mayoría de la gente descuida la segunda porque duele, pero es la que realmente dispara el metabolismo.

Por qué tu corazón ama que sufras un poco

Cuando hablamos de qué es la resistencia, no podemos olvidar el sistema cardiovascular. Es el motor.

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Un corredor de élite, como el legendario Eliud Kipchoge, tiene un corazón que es una obra de ingeniería. Su volumen sistólico (la cantidad de sangre que el corazón bombea en cada latido) es masivo comparado con el de una persona sedentaria. Entrenar la resistencia hace que tu corazón se vuelva más eficiente. Late menos veces por minuto porque cada latido es más potente.

  • Baja la presión arterial.
  • El colesterol "bueno" (HDL) sube.
  • Tus arterias se vuelven más elásticas, menos propensas a taponarse.

Es ciencia pura. Un estudio publicado en el Journal of the American College of Cardiology demostró que incluso correr 5 a 10 minutos al día a velocidades bajas reduce significativamente el riesgo de morir por enfermedades cardiovasculares. No necesitas ser un atleta olímpico. Solo necesitas moverte.

El factor mental: La fatiga está en tu cabeza (en parte)

Aquí es donde la cosa se pone interesante. Existe algo llamado el "modelo del gobernador central", propuesto por el Dr. Tim Noakes. Básicamente, dice que el cansancio no ocurre solo porque tus músculos se queden sin energía, sino porque tu cerebro "decide" que ya es suficiente para protegerte de un daño permanente.

La resistencia es, en gran medida, tolerancia al malestar.

Los ciclistas del Tour de Francia no solo tienen piernas de acero; tienen mentes de hierro. Han entrenado a su cerebro para ignorar las señales de pánico que envía el cuerpo cuando el ácido láctico empieza a acumularse. Por eso, mejorar la resistencia no es solo hacer kilómetros. Es aprender a estar cómodo en la incomodidad. Es psicológico. Es esa vocecita que te dice "para" y tú le respondes "un poco más".

Los tipos de fibras musculares y tu genética

No todos nacemos para ser maratonianos. Hay un componente genético innegable. Tenemos fibras de contracción lenta (Tipo I) y de contracción rápida (Tipo II).

Las de Tipo I son las de la resistencia. Son rojas porque están llenas de mioglobina y mitocondrias (las centrales energéticas de las células). Son súper eficientes usando oxígeno y tardan siglos en cansarse. Si tienes muchas de estas, probablemente se te dé bien la larga distancia.

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Las de Tipo II son blancas, potentes y explosivas. Se cansan rápido. Son las de los velocistas.

¿Lo bueno? Aunque la genética te dé las cartas, tú decides cómo jugarlas. El entrenamiento puede "educar" a tus fibras para que se comporten de forma más eficiente según lo que necesites. No te excuses en la genética para quedarte en el sofá.

Cómo mejorar tu resistencia sin morir en el intento

Si quieres empezar hoy mismo, olvida eso de salir a correr una hora a tope el primer día. Solo conseguirás una lesión o acabar odiando el deporte. Hay métodos probados que funcionan mejor que simplemente "ir a correr".

  1. Entrenamiento de intervalos (HIIT): Alternar periodos de esfuerzo máximo con descansos cortos. Es una forma increíble de mejorar la capacidad anaeróbica en poco tiempo.
  2. Método Continuo Variable: Corres a diferentes ritmos sin detenerte. Ayuda a que tu cuerpo aprenda a limpiar el lactato mientras sigues moviéndote.
  3. Entrenamiento de fuerza: Sí, las pesas ayudan a la resistencia. Unos músculos más fuertes son más eficientes y gastan menos energía para realizar el mismo movimiento. Si tus piernas son fuertes, cada zancada te costará menos esfuerzo.
  4. La regla del 10%: Nunca aumentes tu volumen de entrenamiento (distancia o tiempo) más de un 10% de una semana a otra. Tu cuerpo necesita tiempo para adaptar sus tendones y ligamentos, no solo su corazón.

Kinda aburrido, lo sé. Pero es lo que hay si no quieres terminar con una tendinitis.

La nutrición: El combustible del resistente

No puedes correr un Ferrari con aceite de cocina. Para entender qué es la resistencia, hay que entender qué quemamos.

Para la resistencia aeróbica, las grasas son una fuente de energía casi ilimitada, pero se queman lento. Los hidratos de carbono son el combustible de alta calidad, pero tenemos reservas limitadas en el hígado y los músculos (glucógeno).

Si vas a hacer un esfuerzo de más de 90 minutos, necesitas reponer. Geles, bebidas isotónicas o incluso un plátano. Los expertos en nutrición deportiva como Asker Jeukendrup sugieren que el ratio de carbohidratos durante el ejercicio prolongado es clave para evitar el famoso "muro" o "pájara", que no es otra cosa que el agotamiento total de tus reservas de glucógeno.

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Y el agua. No te olvides del agua. Una deshidratación del 2% ya reduce tu rendimiento de forma drástica.

Errores comunes que te están frenando

La mayoría de la gente comete los mismos fallos. El primero es ir siempre a la misma intensidad. "La zona gris". Ni vas suficientemente lento para recuperar y construir base aeróbica, ni vas suficientemente rápido para mejorar tu umbral anaeróbico.

Otro error es ignorar el descanso. El músculo no crece ni mejora mientras entrenas; mejora mientras duermes. El sobreentrenamiento es real y te puede dejar fuera de juego meses. Si te sientes irritable, no duermes bien y tus pulsaciones en reposo han subido, frena.

Honestamente, a veces menos es más.


Pasos prácticos para transformar tu resistencia:

  • Evalúa tu estado actual: Haz una prueba sencilla. ¿Cuánto tardas en caminar/correr 2 kilómetros? Anótalo.
  • Prioriza la constancia sobre la intensidad: Es mejor salir 20 minutos tres veces por semana que matarse dos horas un solo día.
  • Añade variedad: No hagas siempre lo mismo. Si corres, un día haz series, otro día sal suave por el monte y otro vete a nadar. La variedad evita el estancamiento y las lesiones por repetición.
  • Escucha a tu cuerpo: Si un día te duele algo de forma punzante, para. No seas un héroe. Los héroes lesionados no entrenan.
  • Controla tus pulsaciones: Si puedes, cómprate un pulsómetro barato. Aprender a conocer tus zonas de frecuencia cardíaca es el cambio más grande que puedes hacer en tu entrenamiento. La mayoría de tus entrenamientos deberían ser en la "Zona 2", donde todavía puedes mantener una conversación sin ahogarte.

La resistencia no es un destino, es un proceso. No se consigue en una semana, pero una vez que empiezas a sentir que no te falta el aire, la sensación de libertad es increíble.