Ya estamos en 2026, pero la resaca del cambio de mando sigue pegando fuerte. Si miras hacia atrás, el camino que tomó el presidente de los Estados Unidos 2025 no fue precisamente el que los encuestadores predijeron en sus oficinas climatizadas de Nueva York. Fue un caos. Un giro total. La política estadounidense siempre tiene esa maña de morderte cuando crees que ya la entendiste, y lo que vivimos el año pasado con la inauguración de Donald Trump para su segundo mandato no consecutivo (el número 47, para los que llevan la cuenta) cambió las reglas del juego de una forma que todavía estamos intentando procesar en el día a día.
La realidad es cruda. No se trata solo de quién se sienta en la Oficina Oval. Se trata de cómo el poder se movió desde el Capitolio hacia una estructura mucho más centralizada.
El polvorín de la toma de posesión y el efecto dominó
Mucha gente se olvida de lo tenso que fue enero. El presidente de los Estados Unidos 2025 no entró con el típico discurso de unidad nacional que suelen recitar los políticos para quedar bien con todo el mundo. Fue directo. Desde el primer día, la administración Trump puso en marcha lo que muchos llamaron "el desmantelamiento del Estado administrativo". No es una frase elegante de un libro de texto; es lo que pasó cuando empezaron a reclasificar a miles de empleados federales para poder despedirlos.
¿Te acuerdas del famoso Anexo F? Bueno, dejó de ser una teoría de pasillo para convertirse en una orden ejecutiva real.
Honestamente, la logística de gobernar un país tan dividido como este requiere más que solo ganar el Colegio Electoral. Requiere control. Y el 2025 fue el año del control absoluto sobre la narrativa fronteriza y económica. Los precios de la gasolina bajaron un poco al principio por la pura expectativa de "drill, baby, drill", pero la inflación subyacente nos dio varios sustos a mitad de año porque los aranceles no perdonan a nadie, ni siquiera a los que votaron por ellos.
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La economía bajo el mando del presidente de los Estados Unidos 2025
El bolsillo manda. Siempre. Si le preguntas a un dueño de una pequeña empresa en Ohio o a un desarrollador de software en Austin, te van a dar versiones totalmente opuestas de lo que ha sido este primer año. La política arancelaria ha sido el eje central. Se implementaron impuestos de importación masivos, especialmente contra productos chinos, lo que disparó el costo de los componentes electrónicos básicos. Básicamente, si querías comprar una laptop nueva en el verano de 2025, sentiste el golpe de la política exterior en tu cuenta bancaria.
- Los aranceles pasaron de ser una amenaza a ser una realidad diaria.
- El sector manufacturero vio un repunte leve, pero la logística se volvió un dolor de cabeza por las represalias comerciales.
- El mercado de valores reaccionó con una volatilidad que no veíamos desde la pandemia.
Hay un mito que circula por ahí diciendo que el presidente de los Estados Unidos 2025 arregló la economía con un chasquido de dedos. No es cierto. Lo que hubo fue una desregulación masiva. Se eliminaron cientos de normas ambientales y laborales. Para las grandes petroleras, fue Navidad en julio. Para las comunidades que dependen de la protección del agua y el aire, bueno, la cosa se puso color de hormiga. Es un trade-off. Dinero rápido a cambio de riesgos a largo plazo. Es la vieja escuela americana llevada al extremo.
Fronteras y la logística de lo imposible
El tema migratorio fue el motor de la campaña y el eje del 2025. Se habló mucho de las "deportaciones masivas". En la práctica, lo que vimos fue una batalla legal sin precedentes. Los estados demócratas como California y Nueva York se negaron a colaborar con ICE, creando una crisis constitucional que todavía hoy, en 2026, sigue en los tribunales.
No es tan fácil como mover gente en buses. Cuesta dinero. Muchísimo dinero. El Congreso tuvo que pelear cada centavo para financiar los centros de detención temporales. Hubo imágenes que dieron la vuelta al mundo y que pusieron a la diplomacia estadounidense en una posición bastante incómoda, especialmente con México y los países del Triángulo Norte. La relación con la presidenta Claudia Sheinbaum ha sido, por decir lo menos, gélida. Son dos planetas distintos chocando en la misma órbita.
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¿Qué pasó con la política exterior?
Si pensabas que la OTAN iba a seguir igual, te equivocaste medio a medio. El presidente de los Estados Unidos 2025 dejó claro que el cheque en blanco para Ucrania se había terminado. Eso cambió el mapa de Europa en cuestión de meses. Putin leyó el mensaje alto y claro, y la Unión Europea tuvo que empezar a gastar en defensa lo que antes gastaba en bienestar social. Es un cambio de paradigma total. Ya no somos la policía del mundo, o al menos, ya no somos la policía que trabaja gratis.
En Medio Oriente, la postura fue de apoyo total a Israel, pero con una presión inmensa para "terminar el trabajo" rápido. La diplomacia de las redes sociales sustituyó a los canales tradicionales del Departamento de Estado. Kinda loco, si lo piensas, ver decisiones de seguridad nacional anunciadas en una plataforma privada antes que en una rueda de prensa oficial. Pero así es como se juega ahora.
La tecnología y la guerra de los chips
Silicon Valley tuvo que arrodillarse un poquito. A pesar de que figuras como Elon Musk jugaron un papel clave en el ascenso del presidente de los Estados Unidos 2025, la relación con las Big Tech ha sido tensa. La administración se enfocó en asegurar que la Inteligencia Artificial se desarrollara bajo estándares de "interés nacional", lo que en lenguaje sencillo significa: queremos que EE. UU. gane la carrera a cualquier costo, incluso si eso significa saltarse algunas medidas de seguridad ética que se habían discutido anteriormente.
La escasez de semiconductores se volvió un tema de seguridad nacional, no solo de consumo. El gobierno empezó a intervenir de manera más directa en dónde se construyen las fábricas y quién tiene acceso a la tecnología más avanzada. Ya no es el libre mercado de los años 90; es un nacionalismo tecnológico agresivo.
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Lecciones aprendidas y el camino a seguir
Mirando este 2026 que apenas arranca, queda claro que la presidencia de 2025 no fue un accidente. Fue una respuesta a un sistema que mucha gente sentía que ya no les servía. Te guste o no el resultado, la eficiencia con la que se han ejecutado las órdenes ejecutivas demuestra que el poder ejecutivo ha mutado. Ya no hay tantos frenos y contrapesos cuando tienes una Corte Suprema que ve el mundo con tus mismos ojos.
Para navegar lo que queda de este periodo, hay que entender que la volatilidad es la nueva norma. No esperes estabilidad. Espera disrupción. Si tienes inversiones, diversifica fuera de los sectores que dependen de la estabilidad global. Si eres un ciudadano preocupado por los derechos civiles, la acción ahora es local, porque el nivel federal está en otra frecuencia.
Pasos prácticos para entender el clima político actual:
- Monitorea los cambios fiscales: Las leyes de impuestos que se movieron a finales de 2025 empezarán a afectar tus declaraciones este año. Habla con un contador que entienda las nuevas deducciones por producción nacional.
- Verifica tus fuentes: En 2025 la desinformación alcanzó niveles de post-verdad absurdos. No te quedes solo con lo que dice un lado. Lee los documentos oficiales de la Casa Blanca y compáralos con los reportes de agencias internacionales.
- Prepara tu presupuesto para la inflación de importados: Los aranceles no se van a ir. Si necesitas renovar maquinaria o tecnología pesada, hazlo antes de que las nuevas rondas de impuestos comerciales entren en vigor a mitad de este año.
- Observa el mercado laboral regional: Con el cambio en las políticas migratorias, sectores como la agricultura y la construcción están sufriendo escasez de mano de obra. Esto va a empujar los salarios al alza, pero también los precios finales de los servicios.
El 2025 nos enseñó que las instituciones son mucho más frágiles de lo que pensábamos, pero también que la economía estadounidense tiene una resiliencia casi absurda. Estamos en un territorio nuevo, sin mapa, y lo mejor que puedes hacer es mantener la cabeza fría mientras los titulares siguen gritando.