Seamos sinceros. Casi todos hemos sudado frente a una hoja llena de preguntas de respuesta múltiple, tratando de adivinar si la "C" es la opción correcta simplemente porque no ha salido en las últimas cinco preguntas. O peor aún, nos ha tocado diseñarlas para un curso, una encuesta de satisfacción o un examen universitario y terminamos poniendo la típica opción de "Todas las anteriores" porque se nos acabaron las ideas. Es frustrante. Realmente frustrante.
Las preguntas de respuesta múltiple parecen fáciles de crear. Al fin y al cabo, solo es una pregunta y cuatro opciones, ¿no? Pues no. La realidad es que la mayoría de los exámenes y cuestionarios que circulan por ahí son mediocres. Están llenos de pistas involuntarias que cualquier estudiante astuto puede detectar sin haber abierto el libro.
El mito de la "pregunta fácil"
Existe esta idea extraña de que este formato es para evaluar cosas superficiales. Memorización pura. Datos sueltos. Fechas. Nombres de reyes. Sin embargo, si hablas con expertos en psicometría o con gente que diseña certificaciones profesionales de alto nivel, te dirán que una buena pregunta de opción múltiple puede evaluar el pensamiento crítico mejor que un ensayo de tres páginas.
El problema es el diseño.
Cuando una pregunta está mal hecha, no mide conocimiento. Mide la capacidad del examinado para jugar al sistema. Básicamente, estamos premiando a los que saben tomar exámenes, no a los que saben la materia. Y eso, honestamente, es un fallo del sistema.
La anatomía real de las preguntas de respuesta múltiple
Para entender por qué fallamos, hay que mirar las piezas. Tenemos el enunciado (o stem), la respuesta correcta y los distractores. Esos benditos distractores. Ahí es donde muere la calidad del contenido.
Un distractor no es solo una respuesta falsa. Es una respuesta que debería parecerle correcta a alguien que no domina el tema por completo. Si pones una opción que es obviamente absurda, estás regalando el acierto. Es como preguntar "¿Cuál es la capital de Francia?" y poner como opciones:
- París
- La Luna
- Un tenedor
- Mi primo Juan.
Obviamente, nadie va a marcar "Mi primo Juan". Al eliminar las tres absurdas, el alumno acierta por descarte, no porque sepa geografía. Esto parece un ejemplo exagerado, pero en el mundo corporativo y académico pasa constantemente con distractores que son gramaticalmente incorrectos o que tienen un tono totalmente distinto al de la respuesta correcta.
Errores que gritan "soy la respuesta correcta"
Hay patrones psicológicos que los humanos no podemos evitar. Los redactores suelen esforzarse mucho más en la respuesta verdadera. La hacen más larga. La redactan con más cuidado. Le añaden matices para que sea técnicamente irreprochable.
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¿El resultado? La respuesta correcta suele ser la más larga y detallada. Los estudiantes lo saben. Si ves tres opciones de cinco palabras y una de veinte, apuesta por la de veinte. Tienes un 80% de probabilidades de ganar.
Otro error garrafal: el uso de absolutos. Palabras como "siempre", "nunca", "totalmente" o "absolutamente" suelen ser señales de que una opción es falsa. El mundo real rara vez es absoluto. Por el contrario, palabras como "frecuentemente", "normalmente" o "puede" suelen esconder la verdad.
Cómo redactar enunciados que no confundan
El enunciado debe ser una unidad de pensamiento completa. Punto. Si el usuario termina de leer el enunciado y no sabe qué le estás preguntando hasta que ve las opciones, lo estás haciendo mal.
Evita las negaciones. "Cuál de las siguientes NO es una característica de..." es una de las formas más comunes y, a la vez, más confusas de preguntar. El cerebro humano tiene que hacer un esfuerzo extra para procesar la negación. Si encima pones un distractor que también es negativo, creas una doble negación que marea a cualquiera. A veces es inevitable, pero si puedes preguntar en positivo, hazlo. Es mucho más limpio.
El problema de "Todas las anteriores"
Hablemos de este pecado capital. "Todas las anteriores" es el refugio del redactor perezoso.
Si un estudiante identifica que dos de las opciones son correctas, automáticamente sabe que la respuesta es "todas", aunque no tenga ni idea de si la tercera opción es cierta o no. De nuevo, estamos evaluando lógica básica, no conocimiento específico. Lo mismo pasa con "Ninguna de las anteriores". Si usas estas opciones, estás reduciendo la eficacia de tu evaluación de forma drástica.
Haladyna (2004), uno de los mayores expertos en diseño de pruebas, sugiere en su libro Developing and Validating Multiple-Choice Test Items que estas opciones deberían evitarse casi siempre porque inflan las puntuaciones de forma artificial. No aportan valor real al diagnóstico del aprendizaje.
La psicología detrás de la elección
¿Por qué elegimos lo que elegimos? Hay un componente de ansiedad enorme en las preguntas de respuesta múltiple. En tests de alta presión, como el MIR en medicina o el Bar Exam en derecho, el diseño de las preguntas es casi una ciencia militar.
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Los distractores en estos exámenes se basan en "concepciones erróneas comunes". No se inventan una mentira; usan una verdad que no aplica a ese caso concreto. Por ejemplo, si preguntas por un tratamiento médico, un buen distractor es el tratamiento que se usaba hace diez años y que ya está obsoleto, o un tratamiento que sirve para una enfermedad similar pero no para esa. Eso sí evalúa si el profesional está actualizado.
Variar la dificultad sin ser injusto
No necesitas preguntas rebuscadas para que un examen sea difícil. La dificultad debe venir de la finura de la distinción entre las opciones.
Si las opciones son muy parecidas entre sí, obligas al cerebro a trabajar a un nivel superior de discriminación. Pero cuidado. Hay una línea muy fina entre la dificultad legítima y la "pregunta trampa". Las preguntas trampa son de mal gusto. No evalúan conocimiento; evalúan si el lector se ha fijado en una coma o en una palabra ambigua. Eso no sirve para nada en la vida real.
Aplicaciones modernas: encuestas y algoritmos
Hoy en día no solo usamos este formato en la escuela. Las empresas viven de las encuestas de satisfacción. "Del 1 al 5...", "¿Cuál de estos servicios prefiere?". Aquí el riesgo es el sesgo de confirmación.
Si diseñas una encuesta donde todas las opciones de respuesta múltiple son positivas, estás sesgando los datos. "¿Qué es lo que más le gustó de nuestro hotel? A) La limpieza B) El desayuno C) La ubicación". ¿Y si al cliente no le gustó nada? Al no dar una opción de escape o un rango neutral, los datos que recojas serán basura. Útil para el departamento de marketing, quizás, pero inútil para mejorar el negocio.
La inteligencia artificial y la generación de ítems
Es tentador pedirle a una IA que genere 20 preguntas sobre un texto. Kinda fácil, ¿no? El problema es que la IA tiende a ser muy predecible. Suele generar distractores que son opuestos gramaticales directos o que usan un lenguaje muy similar al texto original (lo que se llama word matching).
Un buen diseñador humano lee entre líneas. Entiende el contexto. Sabe qué es lo que suele confundir a los novatos. La IA todavía cojea en esa "intuición del error". Puede ayudarte a crear la base, pero si no revisas esos distractores, tendrás un examen que cualquier estudiante con dos dedos de frente aprobará en cinco minutos.
Guía práctica para mejorar tus cuestionarios
Si tienes que crear preguntas pronto, olvida las reglas rígidas de los manuales antiguos. Piensa en la utilidad.
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Un solo concepto por pregunta. No intentes evaluar tres cosas a la vez. Si la pregunta es larga y enrevesada, el usuario se pierde. Simplifica el lenguaje. Menos es más.
Ordena las opciones con lógica. Si son números, ponlos de menor a mayor. Si son fechas, en orden cronológico. No mezcles. Esto ayuda a que el ojo del lector procese la información sin ruido innecesario.
La longitud importa. Intenta que todas las opciones tengan más o menos la misma extensión. Si no puedes, agrúpalas: dos cortas y dos largas. Pero nunca dejes una opción "huérfana" que sea tres veces más larga que las demás. Es un imán para los ojos.
Evita la repetición innecesaria. Si todas tus opciones empiezan con la misma frase, mueve esa frase al enunciado. Ahorra tiempo de lectura y hace que la pregunta sea más directa.
Usa distractores plausibles. Si estás preguntando sobre software, no pongas una opción que hable de hardware. Todos los distractores deben pertenecer a la misma "familia" conceptual.
La validación es la clave
Antes de lanzar un cuestionario al mundo, pruébalo. Pásaselo a alguien que sepa del tema y a alguien que no. El que sabe debería detectar si hay alguna ambigüedad técnica. El que no sabe te dirá si ha podido adivinar la respuesta por la forma en que está escrita. Si alguien sin conocimientos aprueba tu test, tu test no funciona. Básicamente es un juego de lógica, no una prueba de conocimiento.
Las preguntas de respuesta múltiple son herramientas poderosas si dejamos de verlas como un trámite. Son el puente entre la información y el entendimiento real. Ya sea para un examen de conducir, una encuesta de clima laboral o una certificación técnica, la calidad de la respuesta depende totalmente de la honestidad de la pregunta.
Para llevar esto a la práctica hoy mismo, revisa el último cuestionario que escribiste. Busca esa opción que pusiste "de relleno" solo para llegar a cuatro. Bórrala. Es mejor tener tres opciones sólidas y bien pensadas que cuatro donde una es un chiste. Tu análisis de datos y tus alumnos te lo agradecerán.
Pasos a seguir para optimizar tus evaluaciones
- Audita tus "Todas las anteriores": Reemplaza estas opciones por preguntas de selección múltiple múltiple (donde el usuario puede marcar varias casillas) si la plataforma lo permite. Es mucho más preciso.
- Mapea tus distractores: Por cada respuesta incorrecta, escribe por qué alguien podría elegirla. Si no encuentras una razón lógica, ese distractor es débil.
- Limita el uso de "No" y "Excepto": Intenta transformar esas preguntas en retos positivos. En lugar de "¿Qué no es un mamífero?", prueba con "De la siguiente lista, identifica el animal que pertenece a la categoría de los reptiles".
- Analiza los resultados: Si nadie elige nunca la opción D en ninguna de tus preguntas, es que tus distractores son demasiado obvios. Ajusta la dificultad basándote en el comportamiento real de los usuarios.