Brasil ya no es lo que era. O al menos, no se siente igual. Si le preguntas a cualquier abuelo en una plaza de Río sobre las posiciones de selección de fútbol de brasil, probablemente te hable de Garrincha pegado a la cal o de Pelé flotando como un diez que en realidad era un nueve y medio. Pero hoy, en pleno 2026, la realidad táctica de la Canarinha es un rompecabezas que ni los algoritmos más avanzados terminan de descifrar. La gente se obsesiona con los nombres, con si Vinícius Jr. rinde igual que en el Madrid, pero el verdadero drama ocurre en el dibujo, en cómo se reparten los metros sobre el césped.
Es una crisis de identidad. Básicamente. Durante décadas, el mundo envidió el "Jogo Bonito", esa idea casi mística de que el orden no importaba tanto como el talento. Mentira. Brasil siempre fue tácticamente riguroso, desde el 4-2-4 de 1958 hasta el esquema de tres centrales de Scolari en 2002. El problema actual es que el fútbol europeo ha colonizado la pizarra brasileña. Ya no vemos laterales que son aviones, como Cafú o Roberto Carlos; ahora vemos "laterales invertidos" que se meten al medio a dar pases de seguridad. Es raro. Se siente ajeno.
El fin del lateral volador y la nueva estructura defensiva
Históricamente, las posiciones de selección de fútbol de brasil se definían por sus laterales. Eran los dueños del show. Pero mira lo que ha pasado recientemente con Danilo o Yan Couto. Ya no se les pide que lleguen a la línea de fondo y lancen centros desesperados. Dorival Júnior y los técnicos que pasaron antes por la silla eléctrica de la CBF han priorizado la estabilidad. En el esquema actual, el lateral derecho a menudo se queda para formar una línea de tres en la salida, permitiendo que el lateral izquierdo suba un poco más o que los extremos se queden bien abiertos.
Es una cuestión de equilibrio. Si dejas que ambos laterales suban, te matan a la contra. Lo vimos contra Croacia en el Mundial pasado y dolió. Por eso, la posición de "lateral" en Brasil ha mutado en algo mucho más aburrido pero necesario. Se busca perfiles que entiendan el juego de posición, casi como mediocentros extra. No es lo que el fanático quiere ver, honestamente, pero es lo que el fútbol moderno exige para no quedar expuesto ante transiciones rápidas.
Los guardianes del mediocampo: El doble pivote
Aquí es donde la cosa se pone tensa. Brasil siempre tuvo un "volante de contenção" feroz. Casemiro fue el último gran exponente de esa estirpe de perros de presa. Ahora, la tendencia es usar dos jugadores que sepan hacer de todo. Bruno Guimarães y Douglas Luiz representan ese cambio. No son solo destructores; son arquitectos. Se turnan. Si uno salta a la presión, el otro cubre.
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A veces parece que el mediocampo de Brasil está vacío. Es una queja constante. La distancia entre los volantes y los delanteros se vuelve kilométrica si el rival sabe presionar. Por eso, la posición de "cinco" en la selección ya no es un solo hombre estancado frente a los centrales. Es una zona de rotación constante donde el error se paga con la eliminación.
El dilema del "Diez" y los extremos que no se hablan
Hablemos de Vinícius y Rodrygo. En el Real Madrid vuelan. En las posiciones de selección de fútbol de brasil, a veces parecen estar jugando un deporte distinto. El problema principal es el espacio. En Brasil, se espera que el extremo gane el uno contra uno el 100% de las veces. Pero si el lateral no dobla por fuera, el defensa rival siempre tiene ayuda. Vinícius termina rodeado de tres tipos y la jugada muere en un córner o un saque de banda insípido.
¿Y el número 10? Neymar dejó un hueco que parece un cráter lunar. Paquetá ha intentado llenarlo, moviéndose entre líneas, pero la fluidez no es la misma. La posición de enganche en Brasil se ha vuelto una posición de sacrificio. Ya no es el tipo que espera el balón para inventar; es el tipo que tiene que correr 12 kilómetros para tapar salidas y luego tener claridad para filtrar un pase. Es agotador de ver, imagínate jugarlo.
Rodrygo es quizás el jugador más inteligente tácticamente que tiene Brasil hoy. Puede ser extremo, puede ser falso nueve, puede ser interior. Esa polivalencia es su bendición y su maldición. Al no tener una posición fija en la selección, termina siendo el parche para todo, y cuando eres el parche de todo, a veces no eres el dueño de nada.
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La delantera: ¿Dónde quedó el 9 de área?
Desde Ronaldo Fenómeno, Brasil busca un heredero y solo encuentra sombras. Richarlison tuvo su momento, Gabriel Jesus es un trabajador incansable que a veces se olvida de marcar, y ahora todas las oraciones apuntan a Endrick. La posición de centrodelantero en la verdeamarela pesa toneladas. No basta con estar ahí; hay que participar, hay que generar, hay que asustar.
El 4-3-3 que suele usar Brasil se convierte a menudo en un 4-2-4 cuando están desesperados. Ahí es donde el nueve se pierde. Si el equipo no tiene volumen de juego por el centro, el delantero centro se convierte en un espectador VIP que solo toca el balón para sacar de medio tras un gol del rival. Es frustrante. La falta de un nueve de referencia claro que intimide por su físico y su técnica es, probablemente, el mayor déficit en las posiciones actuales de la plantilla.
La pizarra de Dorival y la búsqueda de la armonía
Dorival Júnior llegó con una idea clara: recuperar la confianza. Para eso, ha intentado simplificar las posiciones de selección de fútbol de brasil. Menos inventos de Guardiola y más sentido común sudamericano. Su enfoque se basa en bloques. Un bloque defensivo sólido de cuatro, dos mediocentros que no se despegan demasiado y cuatro atacantes con libertad relativa.
- Salida de balón: Brasil ahora intenta salir jugando por bajo casi siempre, incluso bajo presión extrema. Los centrales, Marquinhos y Gabriel Magalhães, son fundamentales aquí. Tienen que tener nervios de acero.
- Transición defensiva: Es el punto débil. Cuando Brasil pierde el balón arriba, el retroceso suele ser un caos organizado. Los extremos tardan en bajar y el mediocampo queda en inferioridad numérica.
- Ataque estático: Contra defensas cerradas (el pan de cada día en las eliminatorias de la CONMEBOL), Brasil sufre. Aquí es donde se extraña la improvisación. Las posiciones se vuelven demasiado rígidas y el juego se hace predecible.
Lo curioso es que Brasil tiene jugadores para jugar a lo que quiera. El talento sobra. Pero la sincronización es un proceso lento. No puedes pedirle a un grupo que se ve cada tres meses que juegue como el Manchester City. Por eso, las posiciones deben ser más intuitivas. Menos flechas en la pizarra y más complicidad entre los jugadores.
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Realidades tácticas que nadie quiere admitir
Mucha gente piensa que Brasil debería jugar siempre al ataque. Es un suicidio. El fútbol de hoy es físico, es de transiciones. Si Brasil no respeta las posiciones defensivas, cualquier selección de nivel medio le hace pasar vergüenza. La clave está en la "compactación". Mantener las líneas juntas. Algo que suena simple pero que en el calor de Barranquilla o en la altura de La Paz es una tortura china.
- La importancia del arquero: Alisson y Ederson no son solo para atajar. Son el primer eslabón del ataque. Sus pases largos rompen líneas y cambian el sentido de las posiciones de selección de fútbol de brasil en un segundo.
- La presión alta: Brasil ya no espera en su campo. Intenta asfixiar. Pero si la primera línea de presión falla, el equipo se parte a la mitad. Es una apuesta de alto riesgo.
- El rol de los suplentes: En los torneos cortos, el que entra desde el banco suele cambiar el esquema. Brasil tiene "revolvedores" de partidos como Savinho que rompen cualquier estructura previa.
Un futuro basado en la flexibilidad
¿Hacia dónde vamos? El fútbol brasileño está en una encrucijada. O abraza totalmente el modelo europeo de posiciones fijas y rigor táctico, o intenta rescatar la anarquía creativa que los hizo pentacampeones. Lo más probable es que veamos un híbrido. Un equipo que se defienda en un 4-4-2 clásico pero que ataque con una anarquía organizada, donde los jugadores no se sientan presos de una zona del campo.
El mayor reto no es encontrar al nuevo Pelé, sino encontrar la forma de que Vinícius y compañía se sientan cómodos. Si las posiciones de selección de fútbol de brasil siguen siendo una camisa de fuerza, el talento se va a seguir asfixiando. La libertad debe volver, pero con un seguro de vida en el mediocampo.
Básicamente, Brasil necesita dejar de intentar ser el mejor equipo táctico del mundo para volver a ser el equipo más temido. Hay una diferencia sutil pero enorme ahí. El miedo no se genera con una formación perfecta, se genera con la imprevisibilidad. Y eso, amigos, no se enseña en los cursos de la UEFA.
Pasos a seguir para entender la evolución táctica brasileña
Para los que siguen de cerca el desempeño de la Canarinha y quieren profundizar en cómo estas posiciones afectan el rendimiento real en el campo, aquí hay algunos puntos clave para observar en los próximos partidos:
- Observa el triángulo defensivo: No mires el balón; mira la distancia entre los dos centrales y el mediocentro defensivo. Si esa distancia es mayor a 10 metros, Brasil está en problemas.
- Analiza el comportamiento de los extremos: Fíjate si Vinícius se queda siempre pegado a la banda o si intenta diagonales hacia el área. El éxito de Brasil depende de que sus extremos no sean predecibles.
- El rol del lateral izquierdo: Históricamente una posición de ataque, hoy es el termómetro del equipo. Si el lateral izquierdo sube, el mediocentro debe caer a esa banda inmediatamente. Es un baile de relevos.
- Revisar las estadísticas de pases progresivos: No importa cuántos pases den, sino cuántos de esos pases rompen la línea de presión del rival. Brasil suele liderar en posesión, pero a veces esa posesión es estéril.
La próxima vez que veas un partido, olvida el dibujo inicial del 4-3-3. El fútbol es líquido. Mira dónde terminan los jugadores después de diez minutos. Ahí es donde descubrirás la verdadera identidad de la selección brasileña actual.