Ves un poco de rojo en el lavabo después de cepillarte. No duele. Así que, honestamente, lo ignoras. Piensas que quizás te diste un poco fuerte con el cepillo o que el hilo dental te jugó una mala pasada. Pero aquí está el problema: las encías sanas no sangran, punto. Imagina que tus manos empezaran a sangrar cada vez que te las lavas. Entrarías en pánico, ¿verdad? Pues con la boca debería ser igual. Entender por qué sangran las encías es el primer paso para no acabar perdiendo piezas dentales a los cincuenta.
No es solo una cuestión de estética o de mal aliento. Hay una conexión real y documentada entre la inflamación gingival y problemas serios como la diabetes o enfermedades del corazón. La ciencia es clara al respecto. Cuando tus encías sangran, hay una herida abierta en tu boca que permite que las bacterias entren directamente al torrente sanguíneo. Es una puerta abierta a problemas mayores.
El culpable número uno: La placa bacteriana
Casi siempre, la respuesta a por qué sangran las encías es la acumulación de placa. Es esa película pegajosa y asquerosa que se forma sobre los dientes. Si no la quitas bien, se endurece y se convierte en sarro. Y el sarro no se va con un cepillado normal; necesitas que un profesional meta mano ahí.
La gingivitis es la etapa inicial. Es básicamente una protesta de tu cuerpo. Las encías se hinchan, se ponen de un rojo intenso y sangran al mínimo contacto. Lo bueno es que es reversible. Si te pones las pilas con la higiene, puedes volver a tener unas encías perfectas. Pero si lo dejas pasar, la cosa se pone fea y pasamos a la periodontitis. Aquí es donde el hueso que sujeta tus dientes empieza a destruirse. No hay vuelta atrás con el hueso perdido.
No es solo falta de cepillado
A veces eres un obseso de la limpieza y aun así ves sangre. ¿Por qué? Pues porque a lo mejor te estás pasando de frenada. El cepillado agresivo es una causa común. Usar un cepillo de cerdas duras es como pasar una lija por seda. Las encías son tejido delicado. Además, el uso incorrecto del hilo dental puede causar cortes. Tienes que abrazar el diente con el hilo, no usarlo como si estuvieras serrando un tronco de madera.
📖 Related: Thinking of a bleaching kit for anus? What you actually need to know before buying
Hormonas y cambios químicos
Las mujeres lo tienen más difícil en este aspecto. Los cambios hormonales durante la pubertad, el embarazo o la menopausia afectan directamente a la sensibilidad de las encías. Durante el embarazo, por ejemplo, los niveles de progesterona suben y esto hace que los vasos sanguíneos de las encías sean más susceptibles a la placa. Se conoce como gingivitis gestacional. Es tan común que muchas mujeres piensan que es normal que les sangren las encías mientras esperan al bebé, pero no lo es. Requiere vigilancia extra.
También están los medicamentos. Si tomas anticoagulantes como la warfarina o incluso aspirinas a diario, es lógico que sangres más fácilmente. Algunos fármacos para la presión arterial o inmunosupresores causan algo llamado hiperplasia gingival, que es básicamente que la encía crece de más y se vuelve un nido de bacterias difícil de limpiar.
Factores de riesgo que sueles ignorar
El tabaco es el peor enemigo de tu boca. Lo que pasa con los fumadores es curioso y peligroso: sus encías suelen sangrar menos de lo normal. ¿Por qué? Porque la nicotina reduce el flujo sanguíneo (vasoconstricción). Las encías están enfermas, pero no "avisan" sangrando porque no les llega suficiente sangre. Cuando un fumador ve sangre en su cepillo, es probable que la enfermedad esté ya muy avanzada.
La nutrición también cuenta. La falta de vitamina C —el famoso escorbuto de los piratas— sigue existiendo en versiones leves hoy en día. Si tu dieta se basa en ultraprocesados y no tocas una fruta ni por error, tus tejidos no tendrán el colágeno necesario para mantenerse firmes. Y luego está el estrés. El cortisol alto debilita el sistema inmune, y las bacterias de la boca aprovechan cualquier debilidad para montar una fiesta.
👉 See also: The Back Support Seat Cushion for Office Chair: Why Your Spine Still Aches
Enfermedades sistémicas: Cuando el problema no es la boca
A veces, el motivo de por qué sangran las encías está lejos de los dientes. La Sociedad Española de Periodoncia y Osteointegración (SEPA) ha publicado numerosos estudios que vinculan la salud de las encías con enfermedades sistémicas.
- Diabetes: Es una relación de doble sentido. Si tienes las encías mal, tu azúcar se descontrola. Si tu azúcar está alto, tus encías sufren más infecciones. Es un círculo vicioso agotador.
- Leucemia: En casos raros, el sangrado persistente y la inflamación extrema sin causa aparente pueden ser señales tempranas de trastornos sanguíneos.
- Deficiencias de vitamina K: Esta vitamina es esencial para la coagulación. Sin ella, cualquier roce te hará sangrar.
Es vital entender que el cuerpo es un todo. No puedes separar tu boca del resto del organismo. Si tus encías no mejoran después de dos semanas de buena higiene, necesitas un chequeo médico completo, no solo una limpieza dental.
Cómo diferenciar lo normal de lo preocupante
Es normal que si llevas seis meses sin usar hilo dental, el primer día que lo uses sangres un poco. Eso es porque el tejido está inflamado y el hilo está removiendo la "basura" acumulada. Lo que no es normal es que el sangrado persista después de una semana de uso diario. Tampoco es normal que las encías se retraigan y veas más parte del diente (la raíz) de la que solías ver. Eso es signo de que estás perdiendo soporte.
Pasos prácticos para frenar el sangrado hoy mismo
Deja de comprar el cepillo más barato del súper. Busca uno de cerdas suaves o medias. Los cepillos eléctricos con sensor de presión son una bendición porque te avisan cuando estás apretando demasiado. A veces somos nuestros propios enemigos por exceso de celo.
✨ Don't miss: Supplements Bad for Liver: Why Your Health Kick Might Be Backfiring
La técnica es más importante que la fuerza. No hagas movimientos horizontales de sierra. Haz movimientos circulares o de barrido desde la encía hacia el diente. Y no te olvides de la lengua; es una alfombra llena de bacterias que luego migran a las encías.
El enjuague bucal ayuda, pero no hace milagros. Si tienes mucha inflamación, busca uno que contenga clorhexidina, pero ojo: no lo uses más de dos semanas porque puede teñir tus dientes de un tono amarronado poco estético. Úsalo como un tratamiento de choque, no como algo eterno.
Mejora tu dieta. El kiwi y el pimiento rojo tienen más vitamina C que la naranja. Dale a tu cuerpo los ladrillos que necesita para reparar el tejido gingival. Y bebe agua. La boca seca (xerostomía) es un caldo de cultivo para la placa porque la saliva no está ahí para neutralizar los ácidos.
Agenda una cita profesional
Si te preguntas por qué sangran las encías a pesar de que te lavas los dientes tres veces al día, la respuesta suele estar bajo la línea de la encía, donde tú no llegas. Una limpieza profesional (tartrectomía) es obligatoria al menos una vez al año. En casos de periodontitis, se realizan raspados y alisados radiculares, que básicamente es limpiar profundamente las raíces de los dientes para que la encía pueda volver a pegarse a ellos.
No esperes a que te duelan. La enfermedad de las encías es silenciosa. No suele doler hasta que el diente se mueve o aparece un flemón. El sangrado es tu única alarma temprana. Escúchala.
Acciones inmediatas:
- Cambia tu cepillo: Si las cerdas están abiertas como un abanico, tíralo ya. Usa uno suave.
- Hilo dental nocturno: Úsalo cada noche sin falta durante siete días seguidos. Verás como el sangrado disminuye drásticamente.
- Cita con el dentista: Si el sangrado persiste más de 10 días tras mejorar tu higiene, pide cita. Podría haber sarro subgingival que solo ellos pueden quitar.
- Control de vitamina C: Asegúrate de incluir alimentos frescos en cada comida para fortalecer los capilares sanguíneos de tu boca.