Por qué Mujeres y Hombres y Viceversa cambió la televisión en España para siempre

Por qué Mujeres y Hombres y Viceversa cambió la televisión en España para siempre

Si viviste en España entre 2008 y 2021, es imposible que no tengas una opinión sobre el trono. Algunos lo odiaban. Otros no podían despegarse de la pantalla a la hora de comer. Pero, sinceramente, Mujeres y Hombres y Viceversa no fue solo un programa de citas para pasar el rato; fue el laboratorio donde se cocinó la cultura de la fama que consumimos hoy en día.

Seamos claros.

Antes de que Instagram dominara nuestras vidas, este programa ya estaba fabricando influencers en serie. No les llamábamos así. Eran "tronistas" o "pretendientes". Sin embargo, el mecanismo era el mismo: gente guapa, conflictos sentimentales y una audiencia masiva analizando cada gesto.

El fenómeno que Mediaset no vio venir

Cuando Emma García se sentó en las escaleras por primera vez el 9 de junio de 2008, nadie esperaba que el formato durara trece años. Basado en el italiano Uomini e donne, el estreno en Telecinco fue un choque cultural. España estaba acostumbrada a Gran Hermano, pero esto era diferente. Aquí no había convivencia 24 horas. Había citas. Había "confidencias". Y, sobre todo, había un ecosistema de reglas no escritas que los espectadores se aprendieron de memoria.

¿Qué lo hacía especial?

Básicamente, la democratización del cotilleo. No necesitabas ser un actor famoso para que media España hablara de tu infidelidad en una discoteca de Madrid. Solo necesitabas un buen físico, cierta capacidad de oratoria macarra y ganas de buscar "el amor" frente a las cámaras.

El éxito fue tan brutal que los datos de audiencia en la franja de la mañana empezaron a asustar a la competencia. Lograba cuotas de pantalla superiores al 20% en sus mejores épocas. Era el rey absoluto del público joven, ese sector que los anunciantes persiguen con desesperación.

La fábrica de estrellas: De las escaleras a los realities

Si miras hoy la parrilla de programas como Supervivientes o La Isla de las Tentaciones, verás la huella genética de Mujeres y Hombres y Viceversa en todas partes. El programa funcionaba como una cantera. Una escuela de formación para profesionales del espectáculo de telerrealidad.

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Piensa en nombres como Rafa Mora. Entró como un pretendiente más y acabó convirtiéndose en una figura fija de la televisión nacional durante más de una década. Su personaje de tipo duro y egocéntrico funcionó porque entendió antes que nadie que en la televisión la indiferencia es la muerte. O Tamara Gorro, que pasó de ser tronista a ser una de las creadoras de contenido con más seguidores en redes sociales y colaboradora habitual de programas de crónica social.

La lista es interminable:

  • Noel Bayarri, el eterno "Mojo Picón", que supo rentabilizar su carisma canario.
  • Oriana Marzoli, una villana perfecta que ha saltado de reality en reality por medio mundo.
  • Violeta Mangriñán, que hoy es un referente de moda y estilo de vida para millones de personas.

Todos ellos comparten un origen común. Aprendieron a gestionar la presión de las cámaras y el juicio del público en el plató de Emma García (y más tarde de Toñi Moreno o Jesús Vázquez).

Los códigos del trono: Entre el guion y la realidad

Mucha gente se pregunta todavía si aquello estaba preparado.

Kinda.

No es que hubiera un guion con líneas de diálogo como en una serie de Netflix, pero sí una estructura de tensión narrativa muy bien engrasada. La figura del "gancho" era fundamental. Personajes como Pipi Estrada, Miriam Sánchez o la mítica Nagore Robles no estaban ahí solo para opinar. Su función era pinchar. Buscar la contradicción. Sacar a la luz esa confidencia que el tronista quería ocultar.

El lenguaje del programa se filtró en la calle. ¿Quién no ha usado la palabra "confidencia" con ese tonito dramático? ¿O ha hablado de "dar una cita"? El programa creó un dialecto propio.

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Pero no todo fue gloria. Con el paso de los años, el desgaste fue evidente. Lo que en 2010 parecía fresco y auténtico, en 2018 se sentía a veces forzado. Los pretendientes ya no iban a buscar pareja; iban a ganar seguidores para su cuenta de Instagram. El negocio de los "bolos" en discotecas, que durante años hizo de oro a los concursantes cobrando miles de euros por una hora de presencia, empezó a flojear cuando las redes sociales permitieron monetizar la fama sin salir de casa.

El salto a Cuatro y el principio del fin

En 2018, Mediaset tomó una decisión arriesgada: mover el programa de Telecinco a Cuatro. Fue un intento de salvar las mañanas de la cadena principal y, de paso, darle vida a la secundaria. El cambio fue un golpe duro. Aunque el público más fiel lo siguió, la relevancia cultural de Mujeres y Hombres y Viceversa empezó a diluirse.

El formato intentó reinventarse. Tuvieron tronos gay, tronos de personas mayores e incluso ediciones con famosos. Pero la esencia se estaba perdiendo. El espectador de 2020 ya no era el de 2008. Ahora teníamos Tinder. La mística de ver a dos personas conociéndose en una cita grabada con tres cámaras ya no tenía el mismo impacto cuando tú mismo podías tener diez citas a la semana con un solo swipe.

La pandemia de 2020 fue el golpe de gracia. Un programa basado en el contacto físico, las citas cercanas y un plató lleno de gente no encajaba en un mundo confinado. Intentaron volver, incluso con una "casa" al estilo reality conviviendo, pero los números ya no cuadraban. El 25 de marzo de 2021, tras casi 3.000 programas, se despidieron definitivamente.

El legado: ¿Por qué nos sigue importando?

Es fácil descartar este programa como "telebasura". Sería un error de análisis.

Mujeres y Hombres y Viceversa fue el primer gran escaparate de la Generación Z y los Millennials tardíos en España. Mostró una realidad estética, una forma de relacionarse y una ambición profesional basada en la imagen que hoy es la norma. No puedes entender el éxito de TikTok o Instagram en España sin entender cómo este programa preparó el terreno.

Además, fue un espejo de las tensiones sociales. Se discutió sobre fidelidad, sobre roles de género, sobre la exposición de la intimidad. A veces de forma burda, sí. Pero caló.

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Claves para entender su impacto hoy

Para analizar el fenómeno con perspectiva, hay que fijarse en varios puntos que siguen vigentes en la cultura popular española:

  1. La profesionalización del reality: Casi cualquier concursante que veas hoy en un programa de telerrealidad ha estudiado (consciente o inconscientemente) los arquetipos de MyHyV. Saben cuándo llorar, cuándo gritar y cuándo crear un shippeo.
  2. El mercado de la imagen: El programa impulsó el sector de la medicina estética y el fitness a niveles nunca vistos. El "cuerpo de tronista" se convirtió en un estándar aspiracional para miles de jóvenes.
  3. La economía de la atención: Enseñó que no importa que hablen mal de ti, siempre que hablen. La polémica como activo financiero.

Honestamente, el programa murió porque el mundo se convirtió en el programa. Ya no necesitamos sintonizar la televisión a las 12:45 para ver drama sentimental; solo tenemos que abrir cualquier red social.

Cómo aplicar estas lecciones si eres creador de contenido

Si trabajas en comunicación, redes sociales o simplemente te interesa la psicología de masas, el estudio de este formato ofrece lecciones valiosas que no pasan de moda. No se trata de copiar el estilo, sino de entender por qué funcionaba.

Lo primero es la narrativa de conflicto. Un trono sin una confidencia o un rival no funcionaba. En el contenido moderno, necesitas un antagonista o un problema que resolver para mantener el interés. Nadie se queda a ver una balsa de aceite.

Segundo: la fidelización emocional. La gente no veía el programa por el juego en sí, sino por las personas. Te posicionabas con un bando. O eras de tal tronista o eras de cual. Generar bandos o comunidades identificables es la base del engagement actual.

Por último, la omnipresencia. MyHyV no terminaba cuando se apagaban las cámaras. Seguía en Twitter, en las discotecas, en las revistas. Esa estrategia transmedia es lo que hoy intentan todas las marcas.

Para profundizar en la evolución de este tipo de formatos, es útil revisar las trayectorias actuales de sus protagonistas más exitosos. Observa cómo han pasado de la televisión lineal al entorno digital puro. La mayoría han diversificado sus negocios: marcas de ropa, clínicas de estética o canales de YouTube. El trono fue solo el trampolín; la piscina la construyeron ellos después.

La televisión cambió. El público cambió. Pero la fascinación por ver cómo otros intentan quererse (y fracasan estrepitosamente en el intento) parece que es algo que llevamos grabado a fuego. Solo ha cambiado la pantalla.


Pasos prácticos para analizar la cultura de la telerrealidad actual

  • Rastrea los orígenes: La próxima vez que veas un conflicto en un reality moderno, intenta identificar si el arquetipo del concursante (el "malo", el "enamorado", el "estratega") nació en las escaleras de Telecinco.
  • Analiza el lenguaje: Fíjate en cuántos términos del programa siguen presentes en el lenguaje coloquial de la calle o en las redes sociales.
  • Estudia la transición digital: Sigue a tres antiguos tronistas que hayan tenido éxito fuera de la TV. Analiza qué tipo de contenido publican y cómo mantienen a su audiencia sin el apoyo de una gran cadena detrás. Es una clase magistral de marca personal.