Seguro has escuchado de todo. Que si las vacunas, que si la alimentación de la madre, que si el entorno. Hay demasiado ruido ahí fuera. Pero si nos ponemos serios y miramos los datos, la realidad es bastante más compleja y, honestamente, fascinante. Cuando nos preguntamos porque los niños nacen con autismo, no hay una sola respuesta tipo "A provoca B". No funciona así. Es más como un rompecabezas gigante donde algunas piezas vienen de los genes y otras del ambiente en el que se desarrolla el bebé antes de asomarse al mundo.
El autismo no es algo que "le pasa" al niño después de nacer por un susto o una mala racha. Es una configuración distinta del cerebro que ocurre mientras se está formando.
La genética: el peso de la herencia y las mutaciones sorpresa
Si hablamos de porque los niños nacen con autismo, tenemos que hablar de ADN. Punto. Los estudios con gemelos han sido clave aquí. Se ha visto que si un gemelo idéntico tiene autismo, hay una probabilidad altísima de que el otro también lo tenga. Estamos hablando de entre un 60% y un 90% de coincidencia. Eso nos dice que los genes mandan mucho.
Pero aquí viene lo curioso. No hay un "gen del autismo". Se han identificado cientos de variaciones genéticas que pueden influir. Algunas se heredan de los padres, sí. Pero otras son lo que los científicos llaman mutaciones de novo. Básicamente, son cambios genéticos que aparecen por primera vez en el niño y que no estaban en el código de papá ni de mamá. Es como un error de copia aleatorio en el manual de instrucciones.
Investigadores de instituciones como el Simons Foundation Autism Research Initiative (SFARI) han mapeado muchísimos de estos genes. Muchos de ellos tienen una tarea muy específica: controlar cómo las neuronas se comunican entre sí a través de las sinapsis. Si el "cableado" se conecta de forma distinta desde el primer trimestre, el procesamiento de la información será distinto. Es así de simple y de complejo a la vez.
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El ambiente prenatal: lo que pasa en el útero importa
No todo es genética. El ambiente cuenta, pero no el ambiente de "la contaminación de la ciudad" después de nacer. Nos referimos al entorno intrauterino.
Hay factores de riesgo que la ciencia ha confirmado tras analizar miles de casos. Por ejemplo, la edad de los padres. Se ha observado que tanto la edad avanzada de la madre como la del padre pueden aumentar ligeramente las probabilidades. En el caso de los hombres, el esperma de mayor edad tiene más riesgo de presentar esas mutaciones de novo que mencionaba antes.
También está el tema del sistema inmunitario. Si la madre sufre una infección muy grave con fiebre alta durante periodos críticos del embarazo, el sistema inmune libera unas proteínas llamadas citoquinas. En algunos casos, estas proteínas pueden cruzar la placenta y afectar el desarrollo neuronal del feto. No es que "la gripe cause autismo", ni mucho menos. Es una combinación de una predisposición genética con un evento inflamatorio puntual.
¿Y los medicamentos?
Es un terreno pantanoso. El ácido valproico, un fármaco usado para la epilepsia y el trastorno bipolar, se ha vinculado directamente con un mayor riesgo de que el niño nazca con rasgos del espectro autista. Por eso los médicos son tan cuidadosos ahora con lo que recetan a embarazadas. Pero fuera de casos muy específicos como este, la mayoría de las sospechas sobre medicamentos comunes no han aguantado el escrutinio científico serio.
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El desarrollo cerebral: un cableado diferente desde el inicio
Si pudiéramos mirar dentro de un cerebro autista en formación, veríamos que el crecimiento de las neuronas suele ser más acelerado de lo normal en ciertas áreas. Especialmente en la corteza prefrontal. Esta zona es la que se encarga de lo social, del lenguaje y de la toma de decisiones.
Al haber un "exceso" de neuronas en etapas tempranas, el proceso de "poda sináptica" no ocurre de manera eficiente. Imagina que el cerebro es un jardín. En un desarrollo neurotípico, el cerebro poda las ramas que no sirven para que las principales crezcan fuertes. En el autismo, parece que esa poda es menos intensa. Hay demasiadas conexiones, lo que genera un exceso de estímulos. Por eso muchos niños se sienten abrumados por ruidos o luces que a los demás nos parecen normales. Básicamente, su sistema está recibiendo demasiada información a la vez.
Mitos que ya toca enterrar (por el bien de todos)
Es agotador seguir escuchando ciertas teorías que ya han sido desmontadas mil veces. La más famosa es la de las vacunas. Todo empezó con un estudio de Andrew Wakefield en 1998 que resultó ser un fraude total. Le quitaron la licencia médica, se retractaron de la publicación, pero el daño ya estaba hecho. Miles de estudios posteriores con millones de niños han demostrado que no hay conexión. Ninguna.
Luego está la teoría de las "madres nevera". En los años 50 y 60, algunos psicólogos decían que el autismo era culpa de madres frías y distantes. Fue una crueldad absoluta. Hoy sabemos que el autismo es biológico. No tiene nada que ver con el estilo de crianza ni con cuánto cariño reciba el bebé. Un niño nace con autismo; no se "vuelve" autista por falta de abrazos.
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¿Se puede prevenir?
Sinceramente, no hay una receta mágica. Como gran parte de la respuesta a porque los niños nacen con autismo está en la genética, hay cosas que simplemente no podemos controlar. Sin embargo, sí hay pautas que reducen riesgos generales en el desarrollo fetal:
- El ácido fólico es sagrado. Tomarlo antes y durante el embarazo ayuda a que el tubo neural se cierre bien y reduce riesgos neurobiológicos.
- Controlar las infecciones. Estar al día con las vacunas de la madre (como la de la gripe) evita esas fiebres altas que mencioné antes.
- Evitar tóxicos ambientales pesados como el plomo o el mercurio en niveles altos, aunque esto es de sentido común para cualquier embarazo.
- Espaciar los embarazos. Algunos estudios sugieren que concebir menos de un año después de un parto previo puede aumentar ligeramente las probabilidades, probablemente porque el cuerpo de la madre aún no ha recuperado todos sus niveles de nutrientes.
Una mirada al futuro: ¿Hacia dónde vamos?
La ciencia está dejando de ver el autismo solo como un "error" para entenderlo como una forma de neurodivergencia. Se están haciendo estudios increíbles sobre la microbiota intestinal y su conexión con el cerebro a través del nervio vago. Resulta que las bacterias de nuestro intestino podrían influir en cómo se desarrolla el sistema nervioso, incluso antes de nacer.
También se está investigando el papel de la epigenética. Esto es básicamente cómo el estilo de vida o el ambiente pueden "encender" o "apagar" ciertos genes sin cambiar el ADN en sí. Es un campo nuevo, pero promete darnos muchas respuestas en la próxima década.
Lo importante es entender que el autismo no es una tragedia que aparece de la nada. Es una condición de nacimiento arraigada en la biología más profunda de nuestra especie. Al final del día, saber porque los niños nacen con autismo sirve para dos cosas: para quitar culpas absurdas a los padres y para crear intervenciones tempranas que aprovechen la enorme plasticidad cerebral de los primeros años de vida.
Pasos a seguir para familias y cuidadores
- Vigilancia del desarrollo: Si notas que tu bebé no hace contacto visual a los 6 meses o no balbucea a los 12, no esperes. La intervención temprana es la herramienta más potente que existe. El cerebro de un niño pequeño es como plastilina; se puede moldear mucho más fácil que el de un adulto.
- Busca especialistas actualizados: Huye de quien te hable de "curas" milagrosas o dietas extremas sin base científica. Un buen equipo suele incluir neurólogos pediátricos, psicólogos especializados en terapias de conducta (como ABA o modelos basados en el juego) y terapeutas ocupacionales.
- Pruebas genéticas: En algunos países, se recomienda un micro-array cromosómico para identificar variaciones específicas. No cambia el diagnóstico, pero puede ayudar a entender si hay otras implicaciones de salud asociadas.
- Prioriza el bienestar emocional: El diagnóstico puede ser un shock. Busca grupos de apoyo de otros padres. Ellos tienen la información práctica que no está en los libros de medicina: desde qué colegios son mejores hasta cómo manejar una crisis sensorial en el supermercado.