La presencia de buques de Estados Unidos en Venezuela o, mejor dicho, en las aguas que rodean al país caribeño, no es un tema de ciencia ficción ni de teorías de conspiración de Twitter. Es geopolítica pura. Dura. Casi siempre, cuando escuchas que un destructor de la Marina estadounidense anda cerca de las costas venezolanas, la narrativa se divide en dos: "la invasión es inminente" o "es un simple ejercicio de rutina". La verdad, honestamente, suele estar en un punto medio mucho más complejo y burocrático que tiene que ver con el Comando Sur (SOUTHCOM) y la lucha contra el narcotráfico.
No es algo nuevo.
Desde hace años, la relación entre Washington y Caracas se mide en nudos náuticos. Si echamos la vista atrás, especialmente a partir de 2020, el despliegue de activos navales en el Caribe alcanzó niveles que no veíamos desde la época de la Guerra Fría. En aquel entonces, la administración Trump anunció una operación "anti-narcóticos" masiva. Mandaron destructores de la clase Arleigh Burke, barcos de combate litoral (LCS) y patrulleros de la Guardia Costera. Todo esto frente a las narices del gobierno de Nicolás Maduro. ¿El objetivo oficial? Cortar las rutas del tráfico de drogas que, según el Departamento de Justicia de EE. UU., involucran a altos mandos del Cartel de los Soles. ¿El objetivo real? Bueno, la presión psicológica también cuenta.
La realidad de las operaciones de "Libertad de Navegación"
Mucha gente se confunde con los términos técnicos. A veces, un buque de la Armada de los Estados Unidos realiza lo que llaman un Freedom of Navigation Operation (FONOP). Esto básicamente significa que pasan con un barco de guerra por zonas que un país reclama como suyas, pero que el derecho internacional considera aguas internacionales. En el caso venezolano, esto ha pasado varias veces cerca del límite de las 12 millas náuticas.
El destructor USS Pinckney (DDG 91) fue protagonista de uno de estos episodios. En julio de 2020, el Comando Sur confirmó que el buque desafió el "excesivo reclamo marítimo" de Venezuela. Caracas dice que su jurisdicción va más allá de lo que el resto del mundo acepta. Washington dice "ni de broma". Y así, un barco de 9.000 toneladas termina navegando a pocos kilómetros de la costa para dejar claro quién manda en el manual de derecho del mar. Es un juego de ajedrez donde las piezas pesan miles de toneladas y llevan misiles guiados.
Pero ojo, no todo es exhibición de fuerza bruta.
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A veces, la presencia de estos barcos tiene que ver con el monitoreo de otros actores. Cuando los buques iraníes, como el Fortune o el Forest, empezaron a traer gasolina y diluentes a las refinerías venezolanas de El Palito o Cardón, los buques de Estados Unidos en Venezuela (o en sus proximidades) se convirtieron en sombras. No hubo abordajes, porque eso sería un acto de guerra, pero sí un seguimiento constante. Los radares Aegis no descansan. Es una vigilancia silenciosa que busca recopilar inteligencia: ¿quién sube al barco?, ¿qué están descargando realmente?, ¿cuánto tiempo tardan?
El factor de los portaaviones y el peso del Comando Sur
¿Ha habido portaaviones cerca? La respuesta corta es: raramente de forma directa. Mover un portaaviones como el USS Gerald R. Ford o el USS Dwight D. Eisenhower hacia el Caribe sur es un movimiento logístico y político masivo. Normalmente, estos gigantes operan más al norte o se quedan en aguas del Atlántico. Sin embargo, su sombra siempre está ahí. El Comando Sur, liderado en su momento por el Almirante Craig Faller y más recientemente por la General Laura Richardson, ha sido muy vocal sobre la "amenaza" que representa la inestabilidad venezolana para la seguridad del hemisferio.
Richardson ha mencionado repetidamente la presencia de Rusia y China en la región como un factor de preocupación. Por eso, cuando vemos un buque de Estados Unidos cerca, no solo están mirando a Maduro. Están mirando a Moscú. En 2008, Rusia envió el crucero nuclear Pyotr Velikiy a realizar ejercicios con la Armada Bolivariana. Desde entonces, el Caribe dejó de ser un "lago estadounidense" para convertirse en un tablero de pruebas.
La situación actual es más de "guerra fría" que de conflicto abierto.
Es importante entender que la Marina de EE. UU. no opera sola. Casi siempre trabajan con aliados. Países como los Países Bajos (que tienen las islas ABC: Aruba, Bonaire y Curazao justo ahí al lado), el Reino Unido y Francia mantienen una presencia constante. Curazao, de hecho, es un punto logístico vital. El aeropuerto de Hato sirve como base de operaciones de avanzada (FOL) para aviones de vigilancia estadounidenses que trabajan en conjunto con los barcos en el mar.
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¿Qué buscan realmente estos despliegues?
Si crees que los barcos están ahí para desembarcar marines mañana por la mañana, probablemente estés consumiendo demasiada propaganda de uno u otro bando. La doctrina militar actual se basa en la "disuasión integrada". Básicamente: te muestro lo que tengo para que ni se te ocurra escalar el conflicto.
Las misiones principales suelen ser:
- Interdicción de drogas: El Caribe es una autopista para la cocaína que sale de Colombia a través de Venezuela.
- Recopilación de señales (SIGINT): Escuchar comunicaciones militares y gubernamentales.
- Entrenamiento con aliados: Asegurarse de que las armadas de la región hablen el mismo idioma táctico.
- Protección de rutas comerciales: Evitar que cualquier inestabilidad afecte el flujo de petróleo (aunque Venezuela exporte poco ahora, el paso por el Canal de Panamá depende de un Caribe estable).
A veces, la presencia es humanitaria. No olvidemos el USNS Comfort. Ese enorme barco hospital blanco con cruces rojas ha estado en las costas de Colombia, Brasil y otras naciones vecinas atendiendo a miles de migrantes venezolanos. Aunque técnicamente no es un "buque de guerra" artillado, es parte de la flota naval y envía un mensaje político potente: nosotros damos medicina, mientras el régimen genera la crisis. Es "soft power" en su máxima expresión.
El riesgo de un error de cálculo
Navegar tan cerca de un país bajo sanciones y con una retórica hostil tiene sus riesgos. En 2020, ocurrió un incidente extraño con el crucero de bandera portuguesa Resolute. Chocó con un patrullero de la marina venezolana, el Naiguatá (GC-23). El barco venezolano terminó hundiéndose tras intentar embestir al crucero, que resultó tener el casco reforzado para el hielo. Aunque no era un buque estadounidense, el incidente demostró lo tensa que está la zona. Si eso hubiera pasado con un buque de la Armada de EE. UU., estaríamos contando una historia muy distinta.
Los capitanes de los buques de Estados Unidos en Venezuela operan bajo reglas de enfrentamiento muy estrictas. Tienen prohibido disparar a menos que sean atacados primero. Pero en el mar, un movimiento brusco de una lancha rápida de la Guardia Nacional Bolivariana o un "vuelo rasante" de un Sukhoi Su-30 venezolano puede encender la mecha.
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Honestamente, la capacidad de la Armada venezolana hoy en día es limitada. Tienen problemas de mantenimiento graves. Muchos de sus barcos no pueden alejarse demasiado de la costa. Por eso, la estrategia estadounidense no es de combate, sino de asfixia y observación. Saben que tienen la superioridad tecnológica. Un solo destructor clase Arleigh Burke tiene más potencia de fuego que casi toda la flota operativa de Venezuela.
La conexión con Guyana y el Esequibo
Recientemente, el foco se ha desplazado un poco hacia el este. La disputa por el Esequibo ha provocado que los buques de Estados Unidos aparezcan cerca de las aguas de Guyana. En diciembre de 2023 y principios de 2024, tras las amenazas de Caracas de anexar el territorio, el Reino Unido envió el HMS Trent y EE. UU. intensificó los ejercicios de sobrevuelo.
Esto cambia la dinámica. Ya no se trata solo de "presionar a Maduro", sino de proteger intereses petroleros tangibles. ExxonMobil está allí. Y donde hay petróleo e intereses de empresas estadounidenses, suele haber barcos con la bandera de las barras y estrellas cerca. El mensaje para Venezuela fue clarísimo: si cruzas la línea roja hacia Guyana, la respuesta no será solo diplomática.
La verdad sobre la "invasión" naval
Es un mito persistente. Cada vez que el Marine Traffic muestra un barco "sospechoso", el internet explota. Pero la realidad es que una operación de desembarco requeriría una flota de transporte de anfibios (como los de la clase Wasp o America) que no se ven por estas latitudes desde hace décadas. La presencia actual es de vigilancia y control.
¿Podría cambiar? Por supuesto. La política exterior de Washington es voluble. Pero mover buques de guerra cuesta millones de dólares al día. No lo hacen por diversión. Lo hacen porque Venezuela sigue siendo un punto negro en el mapa de seguridad de la Casa Blanca. Ya sea por la migración, el narcotráfico o la influencia de Irán y Rusia, el Caribe sur es una prioridad que no va a desaparecer.
Acciones y consideraciones prácticas
Si sigues de cerca la actividad naval en la región, hay un par de cosas que deberías tener en cuenta para no caer en noticias falsas:
- Verifica las fuentes de rastreo satelital: Herramientas como Marine Traffic o servicios de OSINT (Inteligencia de Fuentes Abiertas) en redes sociales suelen detectar los transpondedores de barcos de apoyo, aunque los buques de guerra suelen apagarlos en zonas sensibles.
- Entiende la diferencia entre aguas territoriales y Zona Económica Exclusiva (ZEE): Venezuela reclama una ZEE inmensa. Estados Unidos respeta las 12 millas de agua territorial, pero navega libremente en la ZEE, lo que genera los roces diplomáticos que vemos en las noticias.
- No ignores los ejercicios multinacionales: Eventos como el ejercicio UNITAS son la mejor oportunidad para ver buques de EE. UU. operando cerca de Venezuela de forma "legal" y coordinada con otros países de la región como Colombia o Brasil.
- Sigue los comunicados oficiales del SOUTHCOM: Son secos y aburridos, pero son la única fuente oficial de lo que está haciendo la Marina en el área. Si ellos no lo confirman, tómalo con pinzas.
La presencia de los buques de Estados Unidos en Venezuela seguirá siendo una herramienta de presión política mientras la situación interna del país no cambie. No esperes ver una batalla naval, pero tampoco esperes que los barcos se retiren. El tablero está puesto y las piezas se mueven con extrema cautela.