Por qué las peliculas de brad pitt siguen siendo lo mejor que le ha pasado a Hollywood

Por qué las peliculas de brad pitt siguen siendo lo mejor que le ha pasado a Hollywood

Brad Pitt no debería ser una estrella de cine tan grande. Piénsalo un segundo. Normalmente, si eres así de guapo, la industria te encasilla en comedias románticas olvidables o te convierte en el héroe de acción genérico número cuarenta y dos. Pero él no. Desde el principio, tuvo esa extraña fijación por afearse, por buscar personajes rotos, sucios o directamente desquiciados. Esa es la verdadera magia detrás de las peliculas de brad pitt. No se trata de ver a un galán; se trata de ver a un actor de carácter atrapado en el cuerpo de un dios griego que hace todo lo posible por recordarnos que tiene cerebro y un sentido del humor bastante retorcido.

Honestamente, su carrera es un caos fascinante. Pasó de ser el autoestopista que le robó el corazón (y el dinero) a Geena Davis en Thelma & Louise a comerse un sándwich en casi todas las escenas de Ocean's Eleven. Hay algo en su forma de masticar frente a la cámara que te hipnotiza. Es natural. Es real.

El punto de inflexión donde todo cambió

A mediados de los 90, Pitt podría haber elegido el camino fácil. Tenía el mundo a sus pies después de Leyendas de pasión. Pero, ¿qué hizo? Se fue a rodar con Terry Gilliam.

En Doce monos, Pitt interpreta a Jeffrey Goines, un fanático desquiciado en un manicomio. No es una actuación de "niño bonito". Es nerviosa, física, llena de tics y con una mirada estrábica que te hace olvidar por completo que estás viendo al hombre más sexy del mundo según la revista People. Ahí es donde la crítica empezó a tomarlo en serio. No era solo una cara bonita en un póster; era alguien dispuesto a arriesgar su imagen por el arte.

Luego llegó David Fincher. Esa relación es, probablemente, lo mejor que le ha pasado al cine moderno. Seven es oscura, visceral y tiene un final que todavía nos hace gritar "¿Qué hay en la caja?". Pero si hablamos de hitos, tenemos que hablar de El club de la lucha. Tyler Durden no es solo un personaje; es un icono cultural. Pitt personificó la anarquía con una chaqueta de cuero rojo y un diente roto (que, por cierto, se rompió de verdad para el papel). Esas peliculas de brad pitt definieron a una generación que buscaba algo más que finales felices.

La obsesión con los directores de autor

Si miras su filmografía reciente, notarás un patrón. Brad no busca blockbusters vacíos. Busca nombres. Quentin Tarantino, los hermanos Coen, Bennett Miller, James Gray.

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En Érase una vez en Hollywood, Cliff Booth es básicamente la esencia de Pitt destilada. Es un tipo que desborda confianza, que pelea con Bruce Lee y que conduce por Los Ángeles como si fuera el dueño de la ciudad. Ganó el Oscar por esto, y con razón. Hay una sutileza en su actuación que solo viene con los años. Ya no necesita gritar para llamar la atención. Solo necesita estar ahí, apoyado en una pared, exudando un carisma que no se puede comprar ni fingir.

No todo es drama y golpes

A veces olvidamos lo divertido que es. En Snatch: Cerdos y diamantes, Guy Ritchie le dio el papel de Mickey, un boxeador gitano con un acento tan cerrado que ni siquiera los otros personajes lo entienden. Es una clase maestra de comedia física y verbal.

Y qué decir de Quemar después de leer. Chad Feldheimer es, posiblemente, el personaje más tonto de su carrera. Ver a Brad Pitt haciendo de un instructor de gimnasio con un tupé ridículo, bailando en un ascensor y tratando de chantajear a la CIA es una delicia. Demuestra que no tiene ego. Si el papel requiere que parezca un idiota completo, lo hará mejor que nadie.

El impacto de Plan B Entertainment

No podemos hablar de su éxito sin mencionar su faceta como productor. A través de su productora, Plan B, ha impulsado historias que Hollywood solía ignorar. 12 años de esclavitud, Moonlight y La gran apuesta existen en gran parte gracias a su visión y su dinero.

A menudo aparece en estas películas en roles secundarios. No necesita ser el protagonista. En La gran apuesta, interpreta a Ben Rickert, un ex-trader paranoico que ayuda a unos jóvenes a apostar contra el mercado inmobiliario. Es un papel pequeño, pero fundamental. Esto te dice mucho sobre dónde tiene puesta la cabeza ahora mismo. Le interesa más el cine como medio de comunicación y denuncia que como un vehículo para su propio lucimiento.

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La madurez frente al espejo

Con el paso del tiempo, las peliculas de brad pitt han adquirido un tono más reflexivo. Ad Astra es un ejemplo perfecto. Es una película lenta, introspectiva, casi un monólogo interno sobre la paternidad y la soledad en el espacio profundo. No es para todo el mundo. Mucha gente esperaba una aventura de acción tipo Star Wars y se encontró con una meditación existencial. Pero su actuación ahí es de una vulnerabilidad que rompe el corazón.

Lo mismo ocurre con El curioso caso de Benjamin Button. Más allá de los efectos visuales (que para la época eran increíbles), la película trata sobre la pérdida y la inevitabilidad del tiempo. Pitt logra transmitir la sabiduría de un anciano en el cuerpo de un joven y la confusión de un niño en el cuerpo de un viejo. Es un equilibrio difícil que maneja con una naturalidad pasmosa.

Por qué sigue siendo relevante en 2026

En un mundo lleno de influencers y estrellas de usar y tirar, Pitt representa la última estirpe de la vieja escuela de Hollywood, pero con una sensibilidad moderna. Se ha adaptado. Ha sobrevivido a divorcios mediáticos, problemas personales y al cambio de era del streaming.

Lo ves en Bullet Train. Es una película pura de entretenimiento, palomitas y sangre. Y ahí está él, divirtiéndose como un niño, aportando un toque de comedia "slapstick" que eleva un guion que en manos de otro habría sido mediocre. Sabe elegir sus batallas. Sabe cuándo ser serio y cuándo simplemente dejarse llevar.

¿Qué ver si quieres entender su legado?

Si alguien te pregunta por dónde empezar con su filmografía, no le des una lista interminable. Dale momentos.

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  • Diles que vean la escena final de Seven para entender la desesperación.
  • Diles que miren su cara en El club de la lucha cuando Tyler Durden se ríe mientras lo golpean.
  • Que busquen el monólogo sobre el arte del béisbol en Moneyball.

Esa última es clave. Moneyball no trata sobre deportes. Trata sobre hombres maduros lidiando con el fracaso y tratando de cambiar un sistema que los cree obsoletos. Es, quizás, su actuación más infravalorada. Billy Beane es un hombre que come compulsivamente porque está nervioso, que rompe radios cuando pierde y que ama a su hija por encima de todo. Es humano.

Una trayectoria sin miedo al error

Ha tenido fallos, claro. Siete años en el Tibet fue un poco pretenciosa, y Troya... bueno, Troya es divertida por lo visual, pero no es exactamente Shakespeare. Pero incluso en sus tropiezos, hay una intención clara. Nunca se queda estancado.

Lo más impresionante es cómo ha manejado el envejecimiento. Muchos actores de su calibre se pierden en el botox o en intentar interpretar a tipos de 30 años cuando ya tienen 60. Pitt ha abrazado sus arrugas. En sus fotos y películas actuales, se ve a un hombre que ha vivido. Y eso, en una industria obsesionada con la juventud eterna, es revolucionario.

La hoja de ruta para disfrutar del cine de Pitt

Para apreciar realmente las peliculas de brad pitt, no basta con ver los trailers. Hay que fijarse en los detalles. Aquí tienes una forma de abordar su catálogo para notar su evolución real:

  1. La etapa de descubrimiento: Empieza con Thelma & Louise y True Romance (Amor a quemarropa). Fíjate en cómo su presencia llena la pantalla incluso con pocos minutos de diálogo.
  2. La era del riesgo: Salta directamente a Doce monos y Seven. Aquí es donde decide que no quiere ser solo una cara bonita.
  3. La consolidación con directores top: Mira Inglourious Basterds (Malditos bastardos). Su Teniente Aldo Raine es una caricatura brillante que solo funciona porque él se compromete al 100% con el personaje.
  4. El Brad reflexivo: Termina con Moneyball o The Tree of Life. Es un cine más pausado, donde el silencio dice más que las palabras.

Al final del día, Brad Pitt es un recordatorio de que se puede ser una superestrella y un artista al mismo tiempo. No ha dejado que la fama devore su talento, y eso es algo extremadamente raro en Hollywood. Sigue eligiendo proyectos que nos desafían, que nos hacen reír o que simplemente nos dejan pegados a la butaca preguntándonos cómo alguien puede tener tanto estilo comiendo una hamburguesa mientras resuelve un crimen.

Para profundizar en su filmografía, lo ideal es buscar las colaboraciones menos conocidas, como su trabajo en The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford. Es una película visualmente impresionante, fotografiada por Roger Deakins, donde Pitt ofrece una interpretación contenida y oscura de un hombre que sabe que su tiempo se acaba. Es el cine en su estado más puro. No busques solo los éxitos de taquilla; busca esas piezas donde el actor desaparece y solo queda el personaje. Esa es la verdadera forma de entender por qué, décadas después, seguimos hablando de él.