Entrar en el mundo de David Lynch no es como ver una película normal. Es más bien como intentar recordar un sueño mientras alguien te grita en un idioma que casi entiendes, pero no del todo. Si buscas películas y programas de tv de David Lynch, probablemente ya sepas que no vas a encontrar tramas lineales ni finales masticaditos. No. Aquí hay cortinas rojas, enanos que hablan al revés y una obsesión casi enfermiza con el café y las donas.
Lynch es ese artista que decidió que el cine comercial era demasiado aburrido. Honestamente, ver su obra es enfrentarse a lo que él llama "la lógica del sueño". Es un viaje oscuro. A veces es hermoso. Muchas veces es simplemente aterrador.
Twin Peaks: El fenómeno que cambió la televisión para siempre
Mucha gente cree que la televisión de "prestigio" empezó con Los Soprano o Breaking Bad. Se equivocan. Todo empezó en 1990 con un cadáver envuelto en plástico en un pueblo maderero. Twin Peaks fue el momento en que las películas y programas de tv de David Lynch dejaron de ser algo de nicho para colarse en el salón de todas las casas.
¿Quién mató a Laura Palmer? Esa era la pregunta. Pero a Lynch, en realidad, la respuesta le daba un poco igual. A él le interesaba el viento soplando entre los pinos Douglas, el agente especial Dale Cooper hablando con una grabadora llamada Diane y el mal ancestral que vive en los bosques.
La serie tuvo un ascenso meteórico y una caída estrepitosa cuando la cadena ABC obligó a Lynch y a Mark Frost a revelar al asesino en la segunda temporada. Fue un desastre. Lynch se largó. La audiencia cayó. Pero luego, décadas después, llegó Twin Peaks: The Return en 2017. 18 horas de cine puro. Sin reglas. Fue el dedo corazón más elegante de la historia del streaming. Si vas a verla, prepárate para el episodio 8. Es, básicamente, una explosión atómica de surrealismo que no se parece a nada que hayas visto en una pantalla.
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El surrealismo de Hollywood: Mulholland Drive y Blue Velvet
Si me preguntas cuál es la mejor película de este siglo, probablemente te diga Mulholland Drive. Lo curioso es que empezó como un piloto fallido para una serie de televisión. Nadie la quería. Lynch recuperó el material, rodó un final nuevo y creó una obra maestra sobre la identidad, los sueños rotos de Hollywood y un club llamado Silencio donde todo es una grabación. Es una de las películas y programas de tv de David Lynch más analizadas de la historia. Hay mil teorías en Reddit, pero la verdad es que solo Lynch sabe qué significa la caja azul. Y no te lo va a decir.
Antes de eso, en 1986, nos regaló Blue Velvet (Terciopelo Azul).
Es la película que nos enseñó que debajo de los jardines perfectos de los suburbios hay insectos pudriéndose y psicópatas como Frank Booth (un Dennis Hopper absolutamente desatado) que necesitan máscaras de oxígeno para sentir algo. Fue el momento en que Lynch perfeccionó su estética: lo americano, lo retro, lo siniestro. Kyle MacLachlan, su actor fetiche, es el ojo del espectador que descubre que el mundo es mucho más turbio de lo que parece.
Los experimentos que casi nadie menciona
No todo es Twin Peaks. Lynch ha hecho cosas rarísimas que merecen un vistazo si tienes el estómago suficiente. Eraserhead es su ópera prima. Tardó años en rodarla. Es una pesadilla en blanco y negro sobre la paternidad y el miedo. Hay un bebé que parece un alienígena y una mujer en un radiador. Es difícil de ver, pero te aseguro que no se te olvida en la vida.
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También está Inland Empire. Tres horas grabadas en video digital de baja calidad. Es confusa. Es laberíntica. Laura Dern hace un trabajo actoral que roza la locura. No busques una trama ahí; busca una sensación. Es como estar atrapado en una fiebre constante.
- The Elephant Man: Quizás su película más "normal" y humana. La historia de John Merrick te romperá el corazón. Ganó ocho nominaciones al Oscar. Demostró que Lynch, cuando quiere, puede ser el director más empático del mundo.
- Wild at Heart: Una road movie desquiciada con Nicolas Cage y Laura Dern. Hay fuego, chaquetas de piel de serpiente y referencias a El Mago de Oz. Es Lynch en su estado más rock and roll.
- Lost Highway: Un músico de jazz empieza a recibir cintas de video de él mismo durmiendo. Luego se convierte en otra persona. Literalmente. Es cine negro del siglo XXI, oscuro y lleno de sombras.
¿Por qué nos obsesiona tanto este tipo?
La respuesta corta es que no nos trata como idiotas. Lynch confía en que el espectador pueda sentir antes que entender. En sus películas y programas de tv de David Lynch, el sonido es tan importante como la imagen. Él mismo diseña gran parte del diseño sonoro. Esos zumbidos industriales de fondo, ese viento eléctrico... eso es lo que te pone los pelos de punta sin que sepas por qué.
A veces se le critica por ser "raro por ser raro". Pero si miras con atención, siempre hay temas recurrentes: la pérdida de la inocencia, el trauma, la dualidad de las personas (el "doppelgänger") y la idea de que existe otro mundo justo detrás de la cortina del nuestro. Es un artista total. Pinta, esculpe, compone música y medita dos veces al día. Esa paz interna es la que le permite bucear en la oscuridad más absoluta de la psique humana sin volverse loco en el intento.
Incluso su incursión en el cine comercial de gran presupuesto, Dune (1984), es fascinante. Sí, fue un fracaso de taquilla. Sí, él la odia y a menudo pide que quiten su nombre de los créditos. Pero tiene una estética visual tan única, tan viscosa y barroca, que hace que las versiones modernas parezcan un poco estériles en comparación. No es una buena película de ciencia ficción, pero es una excelente película de Lynch atrapada en el cuerpo de un blockbuster.
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Cómo abordar su filmografía sin morir en el intento
Si eres nuevo en esto, no empieces por Inland Empire. Te vas a asustar y vas a cerrar la laptop a los veinte minutos. El orden lógico suele ser este:
- Blue Velvet: Para entender su estilo visual y su obsesión con los secretos de los pueblos pequeños.
- Twin Peaks (Temporadas 1 y 2): Es la puerta de entrada perfecta. Es divertida, es extraña y es adictiva.
- The Elephant Man: Para ver su lado más clásico y emocional.
- Mulholland Drive: Cuando ya estés listo para que te explote la cabeza de verdad.
- Twin Peaks: The Return: Solo después de haber visto todo lo anterior. Es el examen final.
Hay algo mágico en la forma en que Lynch utiliza a los actores. Naomi Watts en Mulholland Drive pasa de ser una aspirante a actriz ingenua a una mujer rota en cuestión de segundos. Es pura alquimia. Lynch no dirige actores de forma tradicional; les da metáforas, les pone música en el set y les pide que encuentren el ritmo de la escena.
El legado y lo que viene
A sus ochenta y pico años, Lynch sigue siendo una figura envuelta en misterio. Durante la pandemia se dedicó a dar el reporte del clima desde su estudio en Los Ángeles y a fabricar lámparas de madera. Sus fans analizamos cada video suyo de YouTube buscando pistas sobre un nuevo proyecto. Se rumorea desde hace años algo llamado Wisteria o Unrecorded Night para Netflix, pero con David nunca se sabe. Él vive en su propio tiempo.
Lo que es innegable es que el cine actual le debe todo. Sin él, no existirían creadores como Ari Aster, Charlie Kaufman o incluso series como Atlanta. Él abrió la puerta a lo irracional en el mainstream. Nos enseñó que no pasa nada si no entendemos todo lo que pasa en pantalla, siempre y cuando sintamos algo en el estómago.
Pasos prácticos para disfrutar el universo Lynch:
- No busques explicaciones en Google a mitad de la película. La primera vez que veas algo de él, deja que las imágenes te golpeen. La lógica viene después (o nunca).
- Sube el volumen. El sonido en sus obras es el 50% de la experiencia. Si puedes usar auriculares, mejor. Hay texturas sonoras que se pierden en los altavoces normales.
- Mira los cortometrajes. Están en YouTube o en plataformas especializadas como MUBI. The Grandmother es una joya de animación y acción real que explica mucho de su estilo posterior.
- Lee "Atrapa el pez dorado". Es su libro sobre meditación y creatividad. Es corto, sencillo y te da una perspectiva fascinante sobre cómo se le ocurren esas ideas tan locas. Básicamente, él se sienta a esperar que un "pez" (una idea) muerda el anzuelo. No las fuerza, solo las pesca.