Jean-Claude Van Damme no es solo un actor. Es un espagat. Es un giro de 360 grados en el aire que termina con un talón golpeando la mandíbula de un villano genérico de los ochenta. Si creciste alquilando cintas VHS o simplemente te quedaste pegado a la tele un domingo por la tarde, sabes de lo que hablo. Las películas de Van Damme definieron una era donde los músculos importaban más que los diálogos profundos y la flexibilidad era la moneda de cambio más valiosa en Hollywood.
A veces me pregunto cómo un tipo de Bruselas terminó siendo el "Músculo de Bruselas" y conquistando el cine de acción mundial. No fue por pura suerte. Fue una mezcla de carisma extraño, una técnica de karate impecable y esa mirada de perro apaleado que ponía antes de masacrar a todo el mundo en el tercer acto.
El fenómeno de Bloodsport y el inicio del mito
Honestamente, nadie daba un duro por Bloodsport (Contacto Sangriento) al principio. Estuvo guardada en un cajón durante dos años porque los productores pensaban que era malísima. Pero cuando salió en 1988, algo hizo clic. La premisa es básica: Frank Dux viaja a Hong Kong para participar en el Kumite, un torneo ilegal donde la gente básicamente se mata a golpes.
Lo que hace que esta sea una de las películas de Van Damme más icónicas no es la trama. Es el villano, Chong Li, interpretado por un imponente Bolo Yeung, y esa escena final donde Jean-Claude tiene que pelear ciego porque le tiran polvos en los ojos. Es puro cine de serie B elevado a la categoría de culto. Aquí vimos por primera vez su famoso kick helicóptero. Funcionó. Vaya si funcionó.
Luego vino Kickboxer. Si Bloodsport era sobre honor, Kickboxer era sobre venganza pura. ¿Quién puede olvidar a Van Damme bailando borracho en un bar tailandés antes de que empiece la pelea? Esos momentos ridículos son los que separan a JCVD de tipos más serios como Steven Seagal. Jean-Claude no tenía miedo de parecer un poco tonto o vulnerable.
La era dorada de los noventa y la ciencia ficción
A medida que avanzaban los noventa, el presupuesto subía. Ya no eran solo torneos clandestinos. Entramos en la fase de la ciencia ficción y los viajes en el tiempo. Universal Soldier fue el pico de esta época. Compartir pantalla con Dolph Lundgren fue un movimiento maestro. Dos gigantes del cine de acción, uno convertido en un zombi regenerado y el otro... bueno, también, pero el bueno.
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La química (o la falta de ella, que funcionaba igual de bien) entre ambos creó una franquicia que, sorprendentemente, sigue viva hoy en día con secuelas mucho más oscuras y experimentales dirigidas por John Hyams.
Timecop es probablemente su película más exitosa comercialmente. Es absurda si intentas analizar la lógica de los viajes temporales, pero ver a Van Damme haciendo un espagat encima de una encimera de cocina para evitar una descarga eléctrica es, sencillamente, cine de autor para los fans de las patadas. En esa época, las películas de Van Damme eran garantía de taquilla, antes de que los excesos y los problemas personales empezaran a pasarle factura a finales de la década.
El giro inesperado: JCVD y la redención actoral
Mucha gente dejó de seguirle la pista cuando sus pelis empezaron a salir directamente en DVD. Error. Un error enorme.
En 2008, salió JCVD. No es una película de acción al uso. Es un drama metaficcional donde Jean-Claude se interpreta a sí mismo, un actor acabado, atrapado en un atraco a un banco en su Bélgica natal. Hay un monólogo de seis minutos, en una sola toma, donde rompe la cuarta pared y habla directamente a la cámara sobre sus errores, sus adicciones y la fama.
Es desgarrador.
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Ese momento demostró que detrás de las patadas voladoras había un actor de verdad. Recibió críticas brutales (de las buenas) y la revista Time incluso dijo que su actuación merecía una nominación al Oscar. No la tuvo, claro, porque Hollywood tiene prejuicios, pero cambió la percepción del público para siempre.
Lo que la gente suele olvidar de su filmografía
A veces se nos pasan joyas raras. Hard Target (Blanco Humano), por ejemplo. Fue el debut en Hollywood del legendario John Woo. Tiene cámaras lentas, palomas volando y a Van Damme con un peinado mullet que desafía las leyes de la estética. Es una de las mejores pelis de acción pura de la historia, punto.
O Double Impact. Aquí Jean-Claude interpreta a gemelos. Chad y Alex. Uno es un instructor de fitness en Beverly Hills y el otro un contrabandista en Hong Kong. Es divertidísima porque él mismo se da réplica, y puedes notar que se lo estaba pasando de miedo exagerando las diferencias entre ambos hermanos.
- Lionheart: Básicamente Van Damme peleando para ayudar a la familia de su hermano muerto. Muy emocional, muy de "lucha callejera".
- The Quest: Su debut como director. Es como un remake espiritual de Bloodsport pero con barcos piratas y Roger Moore. Un poco caótica, pero visualmente interesante.
- Sudden Death: Su versión de "Die Hard" en un estadio de hockey. Absurda pero efectiva.
Por qué nos sigue importando hoy
Sinceramente, hay algo de nostalgia, sí. Pero también hay una honestidad física que se ha perdido en el cine de CGI actual. Cuando ves las películas de Van Damme, sabes que es él quien está haciendo el movimiento. No hay dobles digitales, no hay cables exagerados (en la mayoría de los casos). Es un atleta de élite haciendo cosas que el 99% de la población no podría hacer ni en sueños.
Incluso en sus proyectos más recientes, como la serie Jean-Claude Van Johnson en Amazon, se ríe de su propia imagen. Sabe que el mundo ha cambiado, y él ha sabido envejecer con cierta gracia, manteniendo ese punto de excentricidad que lo hace único. No es un héroe de acción de molde. Es un tipo que estudió ballet para mejorar su equilibrio en el karate. Esa mezcla de delicadeza y brutalidad es lo que hace que sus películas sigan siendo revisionadas una y otra vez.
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La realidad es que el cine de acción moderno le debe mucho. Desde las coreografías de pelea más realistas hasta el concepto del héroe vulnerable. Van Damme nunca fue invencible en sus películas; siempre le daban una paliza tremenda antes de remontar. Eso nos hacía conectar con él.
Cómo disfrutar de un maratón de JCVD en la actualidad
Si quieres volver a entrar en este mundo, no lo hagas en orden cronológico. Empieza por lo alto. Mira Bloodsport para entender la base. Luego salta a Hard Target para ver lo que pasa cuando un gran director lo dirige. Y termina con JCVD para ver al hombre detrás del mito.
Es importante aceptar las películas por lo que son: entretenimiento puro de una época donde las reglas eran distintas. No busques coherencia científica en Timecop ni grandes diálogos en Cyborg. Busca la energía, la coreografía y ese carisma belga que, contra todo pronóstico, conquistó el mundo.
Para sacarle el máximo partido a este viaje por el cine de acción de los 80 y 90, aquí tienes unos puntos clave para tu próxima sesión de cine:
- Busca las versiones remasterizadas de Universal Soldier. La diferencia de calidad visual en las escenas de acción es abismal respecto a los viejos DVD.
- Presta atención a los villanos. Las películas de Van Damme siempre tenían antagonistas memorables como Michael Qissi (Tong Po) o el mismísimo Dolph Lundgren.
- No ignores sus trabajos post-2010. Películas como The Bouncer (Lukas) son thrillers oscuros y minimalistas que muestran una faceta mucho más madura y seria de su carrera.
- Si te interesa la técnica, fíjate en su juego de pies. Su pasado en el karate de contacto y el ballet clásico le da una fluidez que pocos actores de acción han logrado replicar sin trucos de cámara.
Al final del día, Jean-Claude sigue ahí, haciendo espagats entre camiones para anuncios de Volvo o rodando películas de acción en Bulgaria. Es un superviviente de una industria que suele escupir a sus estrellas cuando pasan de moda. Pero él no pasó de moda; se convirtió en un icono que trasciende sus propios tropos.
Para cualquier fan del género, explorar estas cintas es como volver a casa. Es recordar una época donde los problemas se resolvían con una patada giratoria bien dada y donde el héroe, a pesar de estar sangrando, siempre encontraba la fuerza para levantarse una última vez. Esa es la verdadera esencia de su legado.