Por qué las películas de terror ya no asustan como antes (y dónde encontrar el miedo real)

Por qué las películas de terror ya no asustan como antes (y dónde encontrar el miedo real)

El miedo es algo raro. Lo que a mi abuela le quitaba el sueño en 1973 con el estreno de El Exorcista (gente desmayándose en los cines de Nueva York, literalmente), hoy a un adolescente le parece un meme de TikTok. Es la evolución natural de nuestra tolerancia al trauma cinematográfico. Pero, sinceramente, las películas de terror actuales están pasando por una crisis de identidad bastante extraña. O te saturan con un jumpscare ruidoso cada tres minutos o se ponen tan profundas y metafóricas que terminas necesitando un doctorado en psicología para entender por qué el monstruo es, en realidad, una representación del duelo familiar.

A veces solo queremos pasar un mal rato. Uno de los buenos.

El truco barato del ruido contra el miedo psicológico

Hay una diferencia abismal entre que te asusten y que te sobresalten. Lo primero se queda contigo cuando apagas la luz y el roce de una sábana te hace saltar el corazón. Lo segundo es una reacción fisiológica a un decibelio demasiado alto. Robert Eggers, el director de The Witch, lo entiende perfectamente. No necesita que una silla vuele por la habitación para que sientas que algo está mal en ese bosque. El cine de terror moderno se ha dividido en dos facciones casi irreconciliables: el elevated horror de productoras como A24 y el cine de palomitas de Blumhouse.

Mucha gente se queja de que el terror "intelectual" es aburrido. Puede ser. Pero si miras Hereditary de Ari Aster, te das cuenta de que el miedo no viene de lo que ves, sino de lo que sabes que va a pasar. Esa escena del coche (si la has visto, sabes exactamente cuál) no tiene música. Es silencio puro. Y eso es infinitamente más aterrador que cualquier monstruo CGI de diez millones de dólares. El CGI ha matado un poco la magia, la verdad. No hay nada como los efectos prácticos de Rob Bottin en The Thing (1982). Esa masa de carne y tentáculos se sentía real porque estaba ahí.

¿Por qué seguimos viendo películas de terror?

Es una pregunta biológica. Buscamos el chute de dopamina y adrenalina en un entorno controlado. Tu cerebro sabe que el tipo con la máscara no va a salir de la pantalla de 65 pulgadas, pero tu sistema nervioso no ha recibido el memo. Según estudios de la Universidad de Aarhus en Dinamarca, los fans del terror suelen tener una mejor regulación emocional ante situaciones de estrés real. Básicamente, ver a un asesino perseguir a alguien por un campamento nos entrena para el caos de la vida cotidiana.

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Kinda loco, ¿no?

Pero no todas las películas de terror funcionan igual. El subgénero del found footage (metraje encontrado) casi muere por saturación después de que Paranormal Activity se estirara más de la cuenta. Sin embargo, de vez en cuando sale algo como Host, grabada enteramente en Zoom durante la pandemia, que nos recordó que el formato todavía tiene pulso si se usa con ingenio. El secreto no es la cámara movida, es la sensación de que estamos viendo algo que no deberíamos. La violación de la privacidad es un miedo muy moderno.

El cine asiático y la ruptura de las reglas occidentales

Si de verdad quieres sentir que el alma se te sale del cuerpo, tienes que mirar hacia el Este. El terror japonés (J-Horror) y el coreano operan bajo reglas distintas. No buscan el cierre narrativo perfecto donde el bien vence al mal. A veces el mal simplemente es. Pulse (Kairo), dirigida por Kiyoshi Kurosawa en 2001, es probablemente la película más deprimente y aterradora sobre internet que se ha hecho jamás. No hay monstruos saltando a la cámara, solo figuras borrosas al fondo de una habitación que se mueven de una forma... incorrecta.

Esa es la palabra clave: incorrecto.

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El cerebro humano está programado para detectar patrones. Cuando algo se mueve de una forma que no encaja con la biología humana, entramos en el "valle inquietante". Películas de terror como The Ring jugaron con esto usando actores de teatro Butoh que se movían espasmódicamente. Es un truco visual que el cine de Hollywood a menudo intenta replicar con efectos digitales, pero siempre se nota el truco. Lo analógico tiene una suciedad que el píxel no puede imitar.

Joyas ocultas que deberías ver (si te atreves)

No voy a poner las típicas. Todos sabemos que El Resplandor es una obra maestra. Vamos a lo que de verdad perturba:

  1. Terrified (Aterrados): Una película argentina de Demián Rugna. Olvida las sutilezas. Esta película tiene algunas de las imágenes más genuinamente aterradoras de la última década. El tipo que sale de debajo de la cama... en fin. Suerte durmiendo.
  2. Lake Mungo: Un falso documental australiano. Es lenta. Muy lenta. Pero el giro final y la imagen granulada que se revela al final te van a perseguir durante semanas. Es terror existencial puro.
  3. Noroi: The Curse: Terror japonés en formato documental. Es larga y confusa al principio, pero la forma en que conecta todos los puntos al final es magistral.

El problema del "Jump Scare" predecible

Seguro que conoces la fórmula. La música sube de tono... violines estridentes... de repente, silencio. El protagonista cierra la puerta del espejo del baño y ¡BUM!, un amigo aparece detrás para gastarle una broma. Es un recurso tan manoseado que ya genera más irritación que miedo. James Wan, el director de Expediente Warren (The Conjuring), es uno de los pocos que sabe jugar con la expectativa. Él te enseña el rincón oscuro, te hace mirar, y el susto no viene de donde esperas, sino de un detalle mínimo en el fondo. Eso es talento.

La saturación de plataformas de streaming como Netflix o Prime Video ha llenado el catálogo de películas de terror genéricas. Son producciones "de algoritmo". Tienen la iluminación correcta, los actores guapos y los tropos de siempre, pero les falta alma. Les falta ese deseo de incomodar de verdad al espectador. El terror real no es cómodo. No debería serlo.

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Los nuevos miedos de la Generación Z y Alpha

El terror evoluciona con la sociedad. En los 50, el miedo era la radiación y los extraterrestres (el comunismo disfrazado). En los 80, eran los asesinos imparables (la pérdida de seguridad en los suburbios). Hoy, el terror es social. Películas como Get Out o Barbarian exploran miedos que tienen que ver con el otro, con la gentrificación o con el simple hecho de que no conocemos a la persona a la que le alquilamos un Airbnb.

Barbarian es un ejemplo perfecto de cómo romper una película en dos. Empieza como un thriller de suspense convencional y, a mitad de metraje, se convierte en algo completamente distinto. Ese riesgo creativo es lo que mantiene vivo al género. Cuando una película de terror deja de seguir el manual de guion de Robert McKee y decide volverse loca, es cuando ocurren las cosas interesantes.

Cómo disfrutar del terror sin morir en el intento

Si eres de los que cierran los ojos, aquí tienes un consejo de experto: fíjate en las esquinas de la pantalla. Los directores mediocres ponen el susto en el centro. Los grandes directores esconden la verdadera amenaza en los bordes, donde tu ojo apenas llega a procesarla. Ver terror solo es una experiencia, pero ver terror en un cine lleno de gente gritando es una catarsis colectiva que no se puede replicar en el sofá de casa.

Honestamente, el género está en un gran momento si sabes dónde buscar. No te quedes solo con lo que te recomienda la portada de tu app de streaming. Busca festivales como Sitges o el Fantastic Fest. Ahí es donde están los directores que realmente quieren hacerte pasar la peor noche de tu vida. Y eso, en el fondo, es lo que buscamos.


Pasos prácticos para mejorar tu cultura de cine de terror:

  • Busca directores, no títulos: Si te gustó una película, sigue al director. El estilo en el terror es más importante que la trama. Nombres como Ari Aster, Robert Eggers, Julia Ducournau o Ti West son apuestas seguras actualmente.
  • Aprende sobre efectos prácticos: Ver documentales sobre cómo se hicieron los monstruos de los 80 (como In Search of Darkness) te hará apreciar mucho más el esfuerzo artístico detrás de la sangre y el látex, disminuyendo el impacto del "asco" y aumentando el de la admiración técnica.
  • Varía el origen geográfico: No consumas solo cine estadounidense. El terror europeo (especialmente el francés con el "New French Extremity") y el cine asiático ofrecen perspectivas narrativas que rompen los clichés de Hollywood a los que ya estamos inmunizados.
  • Analiza la banda sonora: El 50% del miedo en una película entra por los oídos. Prueba a ver una escena de tensión en silencio y verás cómo el efecto desaparece casi por completo. Entender esto te ayuda a "desarmar" la película si el miedo se vuelve insoportable.

El cine de terror es el único género que te obliga a sentir algo físicamente, ya sea un escalofrío o un nudo en el estómago. Aprovecha esa conexión visceral para descubrir qué es lo que realmente te inquieta de la condición humana. Al final, los monstruos son lo de menos; lo que importa es por qué les abrimos la puerta.