Hay algo magnético en el fondo del mar. No sé si es el azul profundo o esa sensación de que ahí abajo todo es posible, pero las películas de las sirenas siempre encuentran la forma de colarse en nuestra lista de pendientes. Desde que éramos niños con los clásicos de Disney hasta las versiones mucho más oscuras que han salido últimamente, estas criaturas mitad humanas, mitad peces, representan una libertad que en tierra firme simplemente no existe.
Es curioso.
Casi siempre que pensamos en este género nos viene a la mente el cabello rojo de Ariel. Pero, siendo honestos, el cine ha explorado este mito de formas que dan hasta un poco de miedo. No todas son canciones bajo el agua. Algunas son depredadoras. Otras son metáforas de la soledad.
Lo que el cine nos enseñó sobre el mito
La mayoría de la gente cree que las sirenas del cine son solo chicas guapas con cola de pez. Error. Si nos ponemos técnicos, el cine ha bebido de dos fuentes muy distintas. Por un lado, tienes la tradición griega —donde técnicamente eran pájaros con cabeza de mujer, aunque el cine pasó de eso olímpicamente— y por otro, el mito nórdico y europeo de las selkies o las ninfas de agua.
¿Te acuerdas de Splash? 1984. Tom Hanks joven. Daryl Hannah saliendo del agua en Liberty Island. Esa película básicamente cimentó el tropo de la "sirena fuera del agua" que intenta encajar en Nueva York. Fue un bombazo porque mezclaba la comedia romántica con esa nostalgia por lo mágico. Pero si la ves hoy, te das cuenta de que es una historia de aislamiento. Madison no entiende el mundo humano, y nosotros tampoco la entendemos a ella.
Luego está el cambio de siglo.
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Llegaron producciones como H2O: Just Add Water. Vale, es una serie australiana, pero marcó a toda una generación que de repente quería mojarse y convertirse en sirena. El problema es que mucha gente confunde la fantasía juvenil con la mitología real. En el cine más serio, las películas de las sirenas suelen tratar sobre la pérdida de la voz. Literal y figuradamente.
La transformación de Disney: De 1989 a 2023
No podemos hablar de este tema sin mencionar a la casa del ratón. La versión de 1989 salvó a Disney de la bancarrota. Punto. La animación era fluida, la música de Alan Menken era pegajosa y Ariel tenía una personalidad que, para la época, era bastante rebelde. Quería conocimiento, no solo un novio. Aunque bueno, Eric ayudaba.
En 2023, Rob Marshall dirigió el live-action con Halle Bailey. Hubo mucho ruido en internet, pero si analizas la película fríamente, lo que intentaron fue darle más peso al mundo submarino. No siempre lo lograron. El CGI es un arma de doble filo. A veces los peces se ven demasiado reales y eso te saca de la historia. Aun así, esa película demostró que el interés por las películas de las sirenas no ha muerto; solo se está adaptando a las nuevas sensibilidades visuales.
El lado oscuro que nadie te cuenta
Si quieres algo que no sea apto para niños, tienes que ver The Lure (Córka treszczu). Es una película polaca de 2015. Imagina un musical de terror ochentero sobre dos sirenas que terminan trabajando en un club nocturno. Es extraña. Es sangrienta. Es brillante.
Aquí las sirenas no son princesas. Son carnívoras. Tienen colas largas, viscosas y realistas que no parecen un disfraz de lentejuelas. Esta película nos recuerda que, en las leyendas originales, encontrarse con una sirena no era una bendición. Era una sentencia de muerte. Los marineros les temían porque su canto no era una invitación a bailar, sino una trampa para estrellar barcos contra las rocas.
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Realismo vs. Fantasía: El reto técnico
Hacer películas de las sirenas es una pesadilla logística. Los directores tienen dos opciones: el "dry-for-wet" (grabar en seco con luces que simulan agua) o meterse de verdad en una piscina gigante.
James Cameron, que está obsesionado con el océano, llevó esto al límite con Avatar: The Way of Water. Aunque no son sirenas tradicionales, los Metkayina funcionan bajo la misma lógica biológica. Usaron tanques de millones de litros de agua. Los actores tuvieron que aprender a aguantar la respiración por minutos para que sus caras no se vieran tensas.
En cambio, películas de bajo presupuesto suelen sufrir con las colas de silicona. Si la cola no se mueve con la fluidez del músculo, el cerebro humano lo detecta y se rompe la magia. Es lo que llaman el valle inquietante. Por eso, muchas veces las mejores escenas de sirenas son aquellas donde solo vemos fragmentos: un coletazo, un reflejo, un ojo bajo la superficie.
Títulos que quizás olvidaste
- Aquamarine (2006): La típica peli de domingo por la tarde. Es pura nostalgia adolescente. Sara Paxton con extensiones azules. No va a ganar un Oscar, pero captura esa idea de que las sirenas son el puente entre la infancia y la madurez.
- Ondine (2009): Dirigida por Neil Jordan. Colin Farrell interpreta a un pescador que atrapa a una mujer en su red. Es una versión mucho más folk y realista. ¿Es una sirena o solo una mujer con mala suerte? Juega con esa ambigüedad hasta el final.
- La forma del agua (2017): Vale, es un tritón/criatura del pantano, pero Guillermo del Toro utiliza toda la iconografía de las películas de las sirenas para hablar del amor entre marginados. Ganó Mejor Película por algo.
¿Por qué nos fascinan tanto?
Creo que es una cuestión de dualidad. Las sirenas pertenecen a dos mundos pero no son dueñas de ninguno. Tienen pulmones y branquias (en la ficción, claro). Esa lucha por pertenecer es algo con lo que cualquiera puede identificarse.
Además, está el factor estético. El movimiento del agua es hipnótico. En la pantalla grande, el azul turquesa y el plateado de las escamas crean una experiencia visual que pocas otras criaturas fantásticas pueden igualar. Los dragones son geniales, sí, pero no tienen esa elegancia melancólica.
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A veces, las películas de las sirenas fallan porque intentan explicar demasiado. La ciencia de cómo respiran o cómo se reproducen suele arruinar el misterio. Las mejores historias son las que aceptan que hay rincones del océano que no deberíamos entender.
Cómo disfrutar este género hoy mismo
Si te apetece un maratón, no te quedes solo en lo obvio. Mezcla estilos. Empieza con algo ligero como Luca de Pixar —que aunque son "monstruos marinos", la esencia es la misma— y luego lánzate a ver algo más denso como The Lighthouse de Robert Eggers. Sí, sale una sirena, y no es nada parecida a lo que imaginas. Es una pesadilla febril hecha cine.
Para sacarle el jugo a este tipo de cine, fíjate en:
- El diseño de producción: ¿La cola parece una extensión del cuerpo o un accesorio pegado?
- El sonido: El diseño sonoro bajo el agua es lo que realmente vende la inmersión.
- El mito subyacente: ¿Están usando la sirena como un monstruo, un interés romántico o un símbolo de libertad femenina?
Al final, las películas de las sirenas no van a desaparecer. Mientras el mar siga siendo ese gran desconocido, seguiremos proyectando nuestras fantasías y miedos en mujeres con colas de pez que nos miran desde la orilla.
Si quieres profundizar en este subgénero, lo mejor es buscar producciones fuera de Hollywood. El cine asiático y el europeo suelen tener versiones mucho más crudas y visualmente potentes que el estándar americano. Busca directores que se atrevan a mojar la cámara de verdad y que no abusen del fondo verde, porque en el agua, la textura lo es todo. Explora las filmografías independientes y verás que el mito está más vivo que nunca.