Mark Williams es un gigante. Literalmente. Con sus 2 metros y 13 centímetros y una envergadura que parece no terminar nunca, el pívot de los Charlotte Hornets se ha convertido en una pieza de estudio fascinante para los que nos pasamos la noche viendo el League Pass. Si buscas las estadísticas de Mark Williams, no solo vas a encontrar números fríos; vas a ver el mapa de un jugador que, cuando está sano, cambia por completo la dinámica de su equipo.
El problema es ese: "cuando está sano".
La temporada 2023-2024 prometía ser su explosión definitiva tras un año de novato donde dejó destellos de dominancia defensiva. Jugó 19 partidos. Solo 19. Una lesión de espalda lo mandó al dique seco y dejó a Charlotte huérfanos de protección en el aro. Pero en esos pocos partidos, los números gritaban algo que no podemos ignorar. Williams promedió 12.7 puntos, 9.7 rebotes y 1.1 tapones con un acierto en tiros de campo del 64.9%. Es una eficiencia casi insultante. Básicamente, si Mark tira cerca del aro, lo normal es que la red se mueva.
El impacto real en la pintura: Más allá del box score
Mucha gente mira el promedio de tapones y piensa que Mark Williams es solo un corrector. No es tan simple. El verdadero valor de sus estadísticas reside en la disuasión. Cuando él está en pista, el porcentaje de acierto de los rivales en la zona restringida cae drásticamente.
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Honestamente, los Hornets son un equipo diferente con él. Durante su tramo inicial en la campaña pasada, Williams se situó entre los mejores de la liga en rebotes ofensivos, capturando 4.4 por noche. Eso son segundas oportunidades que valen oro. Si lo comparas con otros pívots jóvenes de su camada, Mark no tiene el juego exterior de un Chet Holmgren, pero su capacidad para sellar a su defensor y ganar la posición es de la vieja escuela. Es un martillo pilón.
¿Sabías que tuvo un partido de 24 rebotes contra los New York Knicks? Fue una locura. En ese encuentro, capturó 15 rebotes ofensivos. Sí, 15. Es una cifra que te hace frotarte los ojos porque es territorio de leyendas como Moses Malone o Dennis Rodman. Esas son las estadísticas de Mark Williams que demuestran que tiene un techo altísimo si su espalda le da un respiro.
La conexión con LaMelo Ball
No puedes analizar a Williams sin mencionar a LaMelo. Son el dúo dinámico que Charlotte necesita para dejar de ser el hazmerreír de la Conferencia Este. En situaciones de pick and roll, Mark es un objetivo masivo. Su radio de captura de pases (el famoso catch radius) es absurdo. LaMelo puede lanzar el balón a cualquier parte cerca del tablero y Mark lo va a bajar.
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- Su porcentaje de eFG% (Effective Field Goal Percentage) es élite porque casi no tira fuera de la zona.
- Promedia muy pocas pérdidas de balón para el volumen de juego que genera cerca del aro.
- En defensa, su movilidad lateral es sorprendentemente buena para alguien de su tamaño, aunque a veces sufre con bases extremadamente rápidos en el perímetro.
Comparativa: Williams vs el resto de pívots jóvenes
A menudo se le mete en el mismo saco que a Walker Kessler o Jalen Duren. Si miramos las estadísticas avanzadas, Williams suele ser más eficiente ofensivamente que Kessler, aunque quizás un paso por detrás en volumen de tapones puros. Duren es más atlético y un pasador ligeramente mejor, pero Mark tiene un instinto para el rebote de ataque que es difícil de enseñar.
Lo que separa a Mark es su disciplina. No salta a todas las fintas. Mantiene los brazos arriba. A veces, simplemente molestar el tiro es más efectivo que intentar el tapón y quedar fuera de posición para el rebote. Es inteligencia en pista.
Los puntos débiles que los números no esconden
No todo es perfecto. Sus estadísticas en tiros libres, por ejemplo, rondan el 70%. No es un desastre para un pívot, pero es un área donde necesita mejorar para que no le hagan el famoso "Hack-a-Mark" en finales de partido apretados. Además, su volumen de asistencias es bajísimo. Casi inexistente. Si recibe el balón, o tira o lo devuelve, pero rara vez genera juego para sus compañeros desde el poste alto o bajo.
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Y luego está la disponibilidad. Un jugador que no está en la cancha no puede acumular estadísticas. Sus problemas de espalda preocupan en Charlotte. Han sido muy cautelosos con su recuperación porque saben que su futuro depende de que esos 213 centímetros sean funcionales a largo plazo.
¿Qué esperar de Mark Williams en el futuro cercano?
Si las lesiones respetan su progresión, no es descabellado pensar en un Mark Williams promediando un doble-doble sólido de 15 puntos y 11 rebotes con un par de tapones por noche. Es un perfil de jugador que cada vez es más raro: el pívot tradicional que entiende su rol y no intenta ser Stephen Curry.
Sus métricas de impacto defensivo (Defensive Win Shares) sugieren que Charlotte podría pasar de ser una de las peores defensas de la NBA a una mediocre o incluso decente solo con su presencia. Parece poco, pero en la NBA actual, pasar de "terrible" a "decente" es la diferencia entre irse de vacaciones en abril o jugar el Play-In.
Para seguir de cerca la evolución de este jugador, lo más inteligente es monitorear su porcentaje de rebotes ofensivos y su disponibilidad por partido durante los primeros dos meses de competición. Si logra mantenerse por encima de los 30 minutos por noche, sus números totales se dispararán orgánicamente. El siguiente paso lógico para cualquier analista o aficionado es observar cómo se adapta al nuevo sistema de juego de los Hornets bajo la nueva dirección técnica, priorizando ver si se le permite tomar más decisiones con el balón en la mano o si seguirá siendo exclusivamente un finalizador de élite bajo el aro.