Por qué la selección de fútbol de Japón ya no es la sorpresa del Mundial

Por qué la selección de fútbol de Japón ya no es la sorpresa del Mundial

Si crees que la selección de fútbol de Japón sigue siendo ese equipo simpático que solo corre mucho y limpia el vestuario después de perder, estás muy atrasado. En serio. Lo que pasó en Qatar 2022 no fue un milagro ni una alineación astral extraña. Fue un aviso. Ganarle a Alemania y a España en un mismo torneo no es casualidad, es el resultado de un plan que lleva décadas cocinándose en las oficinas de la JFA (Japan Football Association) bajo un nombre que suena a anime pero que es tan real como un presupuesto estatal: el "Plan 2050". Básicamente, quieren ser campeones del mundo antes de mitad de siglo. Y lo dicen en serio.

El mito del equipo pequeño se acabó

Históricamente, nos acostumbramos a ver a los "Samurái Blue" como un conjunto disciplinado, técnicamente aseado, pero con la pegada de un mosquito. Se decía que les faltaba "físico" o esa "picardía" sudamericana. Mentira. Hoy ves el plantel y te das cuenta de que la selección de fútbol de Japón es, esencialmente, una sucursal de la Bundesliga y la Premier League. Jugadores como Wataru Endo, que pasó de Stuttgart al Liverpool para darle equilibrio a Klopp, o Kaoru Mitoma, que literalmente escribió una tesis universitaria sobre el regate antes de humillar defensas en Inglaterra, han cambiado la narrativa.

Ya no juegan a ver qué pasa. Juegan a ganar.

El fútbol japonés ha pasado por tres etapas muy claras. Primero, la era de la profesionalización con la llegada de Zico y la creación de la J.League en los 90. Luego, la fase de exportación masiva, donde figuras como Shunsuke Nakamura o Hidetoshi Nakata abrieron las puertas de Europa. Ahora estamos en la tercera fase: la de la jerarquía táctica. Bajo el mando de Hajime Moriyasu, el equipo ha aprendido a ser un camaleón. Pueden tener el balón y asfixiarte, o pueden darte el 80% de la posesión, encerrarse atrás como un bloque de granito y matarte en tres toques. Es frustrante para el rival. Pregúntale a Hansi Flick.

La infraestructura detrás del éxito de la selección de fútbol de Japón

No puedes entender este fenómeno sin mirar hacia abajo. La estructura de formación en Japón es única en el mundo porque mezcla el sistema de clubes con el sistema escolar y universitario. A diferencia de Europa, donde si no entras en una academia a los 10 años estás fuera, en Japón muchos cracks salen de los torneos de institutos. Es un sistema de "red de seguridad" que asegura que ningún talento se pierda por maduración tardía.

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El centro de entrenamiento J-Village en Fukushima es el corazón de todo esto. Es una instalación de clase mundial que sirve de base para todas las categorías. Ahí se enseña una filosofía común. No importa si es la sub-17 o la absoluta; todos saben a qué juegan. Hay una coherencia táctica que selecciones con mucha más historia, como Argentina o Francia, a veces pierden en medio de crisis internas o cambios de ciclo. En Japón, el ciclo es infinito.

¿Por qué Mitoma y Kubo son diferentes?

Takefusa Kubo es un caso de estudio fascinante. Criado en La Masia, fogueado en el Real Madrid y finalmente explotando en la Real Sociedad. Representa el primer prototipo de jugador japonés que no necesita "adaptarse" a Europa porque ya creció allí mentalmente. Tiene esa arrogancia competitiva que antes les faltaba. No respeta jerarquías.

Por otro lado, Kaoru Mitoma es el genio tardío. Su capacidad para desbordar no es solo talento natural; es ciencia. Estudió el centro de gravedad de los defensas. Analizó cómo el ángulo de los hombros de un lateral predice hacia dónde se va a mover. Cuando la selección de fútbol de Japón lo pone en el campo, no solo están metiendo a un extremo rápido, están soltando a un analista que ejecuta movimientos con una precisión quirúrgica. Es una mezcla de intelecto y atletismo que está empezando a dar miedo en Asia y fuera de ella.

El trauma de Doha y la madurez psicológica

Para entender la obsesión de este equipo hay que viajar a 1993, a la "Agonía de Doha". Japón estaba a segundos de clasificar a su primer Mundial (USA 94), pero un gol de Irak en el último minuto los dejó fuera. Fue una tragedia nacional. Curiosamente, Hajime Moriyasu estaba en el campo ese día como jugador.

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Treinta años después, en el mismo país, Moriyasu lideró a la selección de fútbol de Japón para vencer a dos campeones del mundo. El círculo se cerró, pero la ambición creció. El mayor problema que enfrentan ahora no es técnico, sino mental: creerse que pertenecen a la élite de forma permanente. A veces, en partidos contra rivales teóricamente inferiores, como Costa Rica en el último Mundial, el equipo peca de exceso de respeto o de falta de creatividad para romper bloques bajos. Son mejores siendo el cazador que siendo la presa.

La defensa y el equilibrio de Endo

Wataru Endo es, probablemente, el jugador más infravalorado de la última década en el fútbol asiático. En el Liverpool le dicen el "soldado". En la selección es el ancla. Sin él, el sistema de carrileros de Moriyasu se desmoronaría. Su capacidad para ganar duelos aéreos a pesar de no ser un gigante es un testimonio de su timing y fuerza central. Junto a defensas como Ko Itakura o Takehiro Tomiyasu (del Arsenal), han formado una línea defensiva que ya no se deja intimidar por la potencia física de los delanteros africanos o europeos.


La realidad es que el ecosistema del fútbol está cambiando. Mientras las potencias tradicionales se estancan en debates internos, Japón ha creado una máquina de producir jugadores exportables. Tienen más de 100 futbolistas en ligas europeas. Eso te da un fondo de armario que muy pocos países tienen. Si se lesiona el extremo titular, el que entra juega en la Ligue 1 o en la liga belga y tiene el mismo ritmo competitivo.

Qué esperar en el ciclo hacia el próximo Mundial

La selección de fútbol de Japón ya no se conforma con pasar a octavos de final. Ese es su techo de cristal histórico, la barrera que no han podido romper en 2002, 2010, 2018 y 2022. La eliminación por penales ante Croacia dolió más que ninguna otra porque se sintieron superiores por tramos largos del partido. Para el próximo ciclo, la meta es mínima: cuartos de final.

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El camino no es fácil porque la Copa Asiática se ha vuelto extremadamente competitiva con el crecimiento de Corea del Sur (liderada por Son Heung-min) y la inversión masiva de Arabia Saudita. Sin embargo, Japón tiene algo que los demás no: consistencia institucional. No despiden entrenadores por un mal resultado amistoso. Confían en los procesos.

Puntos clave que definen su estilo actual:

  • Transiciones ultra-rápidas: No necesitan 20 pases para llegar al área. Recuperan y lanzan flechas.
  • Disciplina táctica asfixiante: El "pressing" japonés se hace en bloque; si uno sale, todos cubren. Es como una coreografía.
  • Versatilidad de roles: Jugadores como Daichi Kamada pueden jugar de pivote, de diez o de falso nueve sin que el equipo sufra.
  • Mentalidad de "Kaizen": Mejora continua. Analizan cada error hasta el hartazgo para que no vuelva a ocurrir.

Muchos analistas dicen que a Japón le falta un "nueve" de clase mundial, un Haaland o un Lewandowski. Es cierto. No tienen ese goleador nato que mete medio gol de la nada. Pero lo compensan con una distribución de goles impresionante; cualquiera puede marcar. Es fútbol coral en su máxima expresión.

Pasos para seguir la evolución del equipo

Si quieres entender hacia dónde va la selección de fútbol de Japón, no basta con ver los partidos del Mundial. Hay que mirar dónde están sus piezas clave. Aquí tienes una hoja de ruta para seguirles la pista:

  1. Monitoriza la Real Sociedad y el Brighton: Kubo y Mitoma son los termómetros del talento individual. Si ellos están bien, la selección es imparable.
  2. Sigue la J.League: No es una liga de retiro. Es el laboratorio donde se prueban los nuevos sistemas tácticos que Moriyasu luego implementa. Equipos como el Yokohama F. Marinos o el Vissel Kobe son fundamentales.
  3. Observa el desempeño en la Copa Asiática: Es el torneo donde Japón suele sufrir más porque les juegan a defenderse, lo que les obliga a evolucionar su juego de posesión.
  4. No ignores a la sub-20: La profundidad de talento es tal que los jugadores que hoy están en las juveniles estarán en Europa en menos de 24 meses.

Kinda impresionante lo que han logrado, ¿no? Básicamente, han pasado de ser un equipo exótico a ser el rival que nadie quiere ver en su grupo en un sorteo. La próxima vez que veas a la selección de fútbol de Japón en el campo, olvida los prejuicios. Estás viendo a una potencia emergente que ya no pide permiso para sentarse en la mesa de los grandes. El "Plan 2050" sigue su curso y, honestamente, van adelantados según el cronograma.

La clave de su éxito futuro reside en la capacidad de mantener esa humildad de aprendizaje mientras adoptan la arrogancia necesaria para ganar trofeos. No es una mezcla fácil de lograr, pero si alguien puede hacerlo mediante la disciplina y el análisis exhaustivo, son ellos. El fútbol mundial ha sido advertido: el sol naciente ya está en el cenit.