Por qué el vestuario de los 70 mujeres sigue dominando nuestro armario actual

Por qué el vestuario de los 70 mujeres sigue dominando nuestro armario actual

Si echas un vistazo rápido a cualquier tienda de ropa hoy mismo, te darás cuenta de algo gracioso. No estamos en el siglo XXI. Al menos, no del todo. Gran parte de lo que consideramos "tendencia" ahora mismo es, básicamente, vestuario de los 70 mujeres reciclado con un filtro de Instagram. Es una locura pensar que una década que terminó hace casi cincuenta años siga teniendo tanto peso en cómo decidimos vernos frente al espejo cada mañana.

La moda de los setenta no fue una sola cosa. No fue solo discoteca. No fue solo hippies quemando cosas. Fue una explosión de libertad individual que, honestamente, no hemos vuelto a ver con la misma intensidad. Pasamos de la estructura rígida de los sesenta a un "todo vale" que permitió que los pantalones de campana convivieran con minifaldas de cuero y vestidos de Diane von Furstenberg en la misma calle.

La revolución del pantalón y la silueta que lo cambió todo

Antes de los setenta, ver a una mujer de pantalones en un evento formal todavía levantaba algunas cejas. Pero entonces llegó el vestuario de los 70 mujeres y rompió la puerta. No solo se trataba de usarlos, sino de cómo se usaban. Los talles se volvieron altísimos. La cintura se marcó como nunca.

Hablemos de los bell-bottoms. No eran solo pantalones anchos; eran una declaración de principios. Los vaqueros empezaron a ajustarse en los muslos para luego abrirse de forma dramática desde la rodilla. Marcas como Levi’s se convirtieron en el uniforme oficial de una generación. Pero no eran solo vaqueros. Los pantalones de vestir en tejidos sintéticos como el poliéster (que sí, hoy nos parece un poco horroroso por el sudor, pero en ese entonces era el futuro) permitían colores neón y estampados psicodélicos que marearían a cualquiera.

¿Sabes qué es lo más curioso? Que esa silueta buscaba alargar la pierna hasta el infinito. Se usaban con plataformas de madera o corcho que añadían diez centímetros de altura sin el dolor insoportable de los tacones de aguja. Era una mezcla rara de comodidad y espectáculo.

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El traje de chaqueta: El mensaje de Yves Saint Laurent

En 1966, Saint Laurent presentó Le Smoking, pero fue en la década de los setenta cuando el traje sastre femenino se infiltró en la vida cotidiana. Las mujeres estaban entrando en masa al mundo laboral corporativo y necesitaban un uniforme que proyectara autoridad sin renunciar a la feminidad. El resultado fue un estilo de hombros marcados y solapas anchas que hoy verías en cualquier pasarela de Milán.

El fenómeno del Wrap Dress: Cuando Diane von Furstenberg hizo historia

Si tenemos que elegir una prenda que defina el vestuario de los 70 mujeres en un entorno más profesional o sofisticado, es el vestido cruzado. En 1974, Diane von Furstenberg lanzó esta pieza de punto de jersey. Era sencillo. No tenía cremalleras. No tenía botones. Te lo envolvías alrededor del cuerpo, te hacías un lazo y lista para conquistar el mundo.

Vendió millones. Literalmente.

El éxito del wrap dress radicaba en que funcionaba para todos los cuerpos. Se adaptaba a las curvas en lugar de intentar esconderlas o forzarlas. Fue un símbolo de la liberación femenina: una prenda que podías usar para ir a la oficina y, con un cambio de accesorios, irte directa a Studio 54. Representaba a la mujer que no tenía tiempo que perder peleándose con una faja.

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El brillo de la noche y el caos de Studio 54

Cuando el sol se ponía, el algodón y la pana desaparecían. Entraba el lúrex. Entraba el satén. La música disco transformó el vestuario de los 70 mujeres en algo casi líquido. La ropa tenía que moverse con el cuerpo bajo las luces de la pista de baile.

Halston fue el rey absoluto de esta estética. Sus diseños eran minimalistas pero increíblemente sexis. Usaba cortes al bies que hacían que la tela cayera como agua sobre la piel. Piensa en Bianca Jagger entrando a caballo en Studio 54. Llevaba vestidos que apenas se sostenían con tirantes finos, dejando la espalda descubierta. Era un glamour que se sentía natural, nada de peinados tiesos con laca de los años cincuenta. Aquí el pelo era libre, largo y con mucho volumen, al estilo Farrah Fawcett.

  • Telas brillantes: Lentejuelas por todos lados, hilos metálicos y satén de seda.
  • Cortes: Escotes profundos en V y aberturas laterales en las faldas que llegaban hasta la cadera.
  • Accesorios: Joyas arquitectónicas, a menudo de diseñadores como Elsa Peretti para Tiffany & Co., que preferían la plata y las formas orgánicas al oro tradicional.

El estilo Boho y el retorno a la naturaleza

Pero no todo era brillo. Hubo una corriente muy fuerte que rechazaba lo industrial. El estilo bohemio de los setenta fue el precursor de lo que hoy llamamos boho-chic. Fue la época de las túnicas bordadas, los flecos y los estampados florales inspirados en los años treinta y cuarenta.

Las mujeres buscaban ropa en tiendas de segunda mano, mezclando lo viejo con lo nuevo. Se puso de moda el ganchillo (crochet). De repente, ver a alguien con un chaleco tejido a mano o un gorro de lana hecho en casa era lo más cool del mundo. Stevie Nicks, la cantante de Fleetwood Mac, fue la musa definitiva de este look: gasas, encajes, botas de plataforma y un aire de misterio gótico-suave que todavía intentamos replicar en festivales como Coachella.

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Este lado del vestuario de los 70 mujeres se sentía más auténtico. Era una respuesta al consumismo masivo. Se usaban materiales naturales como el ante, el cuero y el algodón crudo. Fue aquí donde nacieron los vestidos maxi, esos que llegan hasta el suelo y que te hacen sentir como una diosa griega que acaba de salir de una furgoneta Volkswagen.

Los errores que solemos cometer al hablar de esta época

A veces pensamos que los 70 fueron un disfraz constante de "Fiebre del sábado noche". Error total. La mayoría de las mujeres vestían de forma mucho más pragmática. El estilo preppy también tuvo mucha fuerza: jerséis de cuello alto debajo de vestidos de tirantes, faldas de cuadros escoceses y mocasines.

Incluso el punk empezó a asomar la cabeza a finales de la década en Londres. Vivienne Westwood ya estaba rompiendo camisetas y usando imperdibles antes de que los 80 explotaran. El vestuario de los 70 mujeres es un espectro, no un punto fijo. Es un error reducirlo a una peluca afro y unas gafas de sol gigantes, aunque las gafas XL sí que fueron un accesorio indispensable para ocultar las ojeras tras una noche de baile.

Cómo adaptar el estilo setentero hoy sin parecer que vas a una fiesta temática

Si quieres incorporar elementos de esta década sin parecer salida de una cápsula del tiempo, la clave es el equilibrio. No te pongas el total look. Si usas unos pantalones de campana muy marcados, combínalos con una camiseta básica blanca de corte moderno o una blazer minimalista.

  1. Busca el talle alto: Es lo más favorecedor que ha inventado la moda. Define la cintura y hace que las piernas parezcan kilométricas.
  2. Apuesta por los tonos tierra: Marrón chocolate, terracota, mostaza y verde bosque. Son los colores reales de los 70 y funcionan increíblemente bien en otoño e invierno.
  3. Invierte en unas botas de plataforma: Pero busca versiones modernas con tacón ancho. Son mucho más cómodas que cualquier stiletto y dan ese aire de autoridad instantánea.
  4. El poder del pañuelo: Un pañuelo de seda atado al cuello o como diadema en el pelo es el truco más barato y efectivo para canalizar a una actriz de la época.

El vestuario de los 70 mujeres nos enseñó que la moda puede ser divertida y política al mismo tiempo. Fue la década en la que las mujeres decidieron que podían ser lo que quisieran: una ejecutiva con traje, una hippie con flores o una diva de la discoteca bañada en purpurina. Y esa libertad es, en última instancia, lo que seguimos buscando hoy en día cuando abrimos el armario.

Para empezar hoy mismo, revisa tu colección de accesorios. A veces, un par de aros dorados gigantes y una camisa con el cuello un poco más largo de lo normal son suficientes para evocar toda esa energía sin esfuerzo. No necesitas comprar todo nuevo; lo vintage suele tener mejor calidad y cuenta una historia que el fast fashion nunca podrá replicar. Busca piezas originales en mercados de segunda mano, fíjate en las etiquetas de composición (busca lana y algodón) y dale una segunda vida a la historia.