Por qué el próximo partido de la selección mexicana define realmente el proceso de Javier Aguirre

Por qué el próximo partido de la selección mexicana define realmente el proceso de Javier Aguirre

Hay algo en el ambiente cada vez que se acerca un partido de la selección mexicana. No importa si es un amistoso molero en Estados Unidos o un duelo de Nations League; la conversación se detiene. Pero seamos honestos, últimamente la relación entre el fan y el Tri está... complicada. No es solo que los resultados no acompañen, es que el estilo de juego parece atrapado en un bucle infinito de centros al área que nadie remata. Con el regreso de Javier "El Vasco" Aguirre al banquillo, la expectativa no es ver un fútbol de autor al estilo Guardiola, sino recuperar la garra, el orden y, sobre todo, esa identidad que parece haberse perdido en los últimos años entre cambios de técnicos y proyectos cortoplacistas.

El fútbol mexicano vive en una crisis de confianza constante. Los datos no mienten. Tras el fracaso en el Mundial de Qatar 2022 y la eliminación temprana en la Copa América 2024, la afición ha empezado a alejarse de los estadios. Ya no basta con ganar; ahora el público exige ver una evolución táctica real. El próximo partido de la selección mexicana no es solo un compromiso en el calendario de la FIFA; es una prueba de fuego para ver si Aguirre y Rafa Márquez han logrado transmitir ese gen competitivo a una generación de futbolistas que, honestamente, parece cargar con un peso psicológico enorme cada vez que se pone la verde.


La obsesión con el cambio generacional que no termina de llegar

Siempre escuchamos lo mismo: "Necesitamos caras nuevas". Pero cuando llega el partido de la selección mexicana, vemos a los mismos de siempre o a jóvenes que no terminan de dar el estirón. Es frustrante. La realidad es que México tiene un problema estructural en la formación, pero Aguirre ha sido claro en que no va a regalar convocatorias. Aquí juega el que esté mejor, punto. Esa mentalidad pragmática es lo que diferencia este proceso de los anteriores, donde parecía que ciertos nombres tenían un lugar asegurado por decreto o por jerarquía comercial.

El factor Rafa Márquez en el banquillo

Tener al "Káiser" junto a Aguirre no es un adorno. Márquez aporta la visión europea, el orden táctico que aprendió en el Barcelona y esa presencia que impone respeto inmediato en el vestuario. Durante los entrenamientos previos a cada partido de la selección mexicana, se nota una intensidad distinta. Rafa se enfoca en la salida de balón, en los perfiles de los defensas, en cosas que quizás antes se daban por sentadas. El objetivo es claro: llegar al 2026 con un equipo que sepa sufrir pero que también sepa qué hacer con la pelota bajo presión.

La mezcla de la experiencia callejera de Aguirre con la formación académica y de élite de Márquez es el experimento más interesante que ha hecho la Federación Mexicana de Fútbol en décadas. ¿Funcionará? Kinda. Al menos en el papel, suena a que finalmente hay un equilibrio entre la motivación emocional y la estructura táctica moderna. Pero los experimentos no sirven de nada si el balón no entra en la red contraria.


Lo que los números nos dicen (y lo que la televisión no cuenta)

Si miramos las estadísticas de los últimos encuentros, hay una tendencia preocupante. La posesión de balón de México suele ser alta, a veces superando el 60% contra rivales de CONCACAF, pero la efectividad en el último tercio es bajísima. Básicamente, tocamos mucho la pelota pero no lastimamos. En el último partido de la selección mexicana, la falta de profundidad fue evidente. Los extremos llegan a línea de fondo y envían centros "a la olla" esperando que un milagro ocurra.

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  1. La falta de un "9" nominal en estado de gracia es el dolor de cabeza principal.
  2. Santiago Giménez, Henry Martín y Raúl Jiménez viven realidades distintas, pero ninguno ha logrado establecerse como el dueño absoluto del área en este ciclo.
  3. El mediocampo suele verse superado cuando el rival propone transiciones rápidas.

No se trata solo de correr más, sino de correr mejor. Aguirre ha enfatizado mucho en las coberturas preventivas. Si pierdes la pelota en ataque, no puedes permitir que te agarren mal parado. Esa es la base de su sistema. En cualquier partido de la selección mexicana bajo su mando, verás a un equipo que prioriza el orden defensivo antes que la pirotecnia ofensiva. A muchos fans les parece aburrido, pero honestamente, después de los desastres defensivos que vimos recientemente, un poco de solidez no le vendría mal a nadie.

El peso de la localía y el factor Estados Unidos

Jugar en Estados Unidos es un arma de doble filo. Por un lado, el apoyo económico y la asistencia están garantizados. Por otro, se crea una burbuja que no siempre refleja la realidad competitiva del equipo. Los partidos de la Selección Mexicana en suelo estadounidense son festivales de nostalgia para los paisanos, pero a veces carecen de la hostilidad necesaria para curtir a los jugadores jóvenes. Aguirre sabe que necesita que sus pupilos sientan la presión de verdad, esa que te hace crecer o te rompe.

Es curioso cómo cambia la narrativa dependiendo de dónde se juegue. En el Estadio Azteca, la presión es otra. El público es más crítico, el aire pesa más y el rival se encierra. El próximo partido de la selección mexicana en territorio nacional será el termómetro real de la conexión con la gente. Si el equipo no muestra una mejora sustancial, los abucheos volverán, y con ellos, la inestabilidad que tanto daño hace a los procesos largos.

¿Qué esperar tácticamente en los próximos 90 minutos?

No esperes un 4-3-3 romántico. El Vasco suele ser más flexible, adaptándose a lo que el rival propone. Podríamos ver un 4-4-2 sólido o incluso una línea de cinco si el oponente es de mayor jerarquía. Lo que es innegociable es la intensidad en la marca. El jugador que no corra, que no muerda, simplemente no va a estar. Esa es la filosofía Aguirre en estado puro.

La clave estará en cómo conecten Luis Romo o Edson Álvarez con los volantes creativos. México ha sufrido históricamente para encontrar a ese "10" que ponga pases entre líneas. Con el retiro de las canchas internacionales de algunos referentes, el espacio está ahí para quien quiera tomar la batuta. Charly Rodríguez, Marcel Ruiz o el que decidan poner tiene que entender que en un partido de la selección mexicana, el tiempo para pensar es mínimo.

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El elefante en la habitación: La falta de exportación a Europa

No podemos hablar de un partido de la selección mexicana sin mencionar que cada vez tenemos menos jugadores en las ligas top de Europa. Esto afecta directamente el ritmo de juego. Mientras que rivales como Estados Unidos o incluso Canadá tienen a la mayoría de sus titulares en equipos competitivos de la UEFA, México se ha vuelto una liga que paga muy bien y retiene a sus talentos.

Esto crea un desfase. Cuando el Tri se enfrenta a equipos con ritmo europeo, la diferencia física y de toma de decisiones se nota a los 20 minutos de juego. Aguirre ha mencionado esto de forma indirecta, pidiendo a los jugadores que salgan de su zona de confort. Pero mientras el mercado interno siga tan inflado, es difícil que el panorama cambie pronto. Por eso, cada partido de la selección mexicana es también una vitrina. O al menos debería serlo.

  • La intensidad en la Liga MX no es la misma que en la Premier o la Bundesliga.
  • El jugador mexicano suele tardar más en madurar tácticamente.
  • La presión mediática en México es desproporcionada comparada con el rendimiento real.

Es una mezcla explosiva que suele terminar en decepción cuando llegan los torneos importantes. Por eso, los amistosos actuales no deben tomarse a la ligera. Son ensayos generales para evitar la tragedia en 2026.

Por qué este proceso es diferente (o eso queremos creer)

A diferencia de la era de Gerardo Martino, donde el divorcio con la prensa y la afición fue total al final, o el breve y caótico paso de Diego Cocca, Aguirre tiene el beneficio de la duda porque "conoce el negocio". Ya ha rescatado barcos hundidos antes. Sabe cómo manejar al periodismo y cómo motivar al futbolista mexicano, que a veces necesita más un psicólogo que un estratega.

En cada partido de la selección mexicana que viene, veremos pinceladas de ese pragmatismo. No busques el "Joga Bonito". Busca el resultado, busca el orden y busca recuperar el respeto en la zona. La CONCACAF ya no es el patio de recreo de México; ahora hay que sudar cada victoria contra Panamá, Jamaica o Costa Rica. El respeto se perdió y solo se recupera con actuaciones sólidas, no con campañas de marketing.

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Pasos a seguir para el aficionado que quiere entender el juego

Si vas a ver el próximo partido de la selección mexicana, te sugiero que no te fijes solo en quién mete el gol. Mira los siguientes puntos para entender si realmente hay una evolución:

  1. La altura de la línea defensiva: ¿Se quedan colgados atrás o presionan en medio campo? Si México logra recuperar el balón lejos de su portería, es que el sistema de Aguirre está funcionando.
  2. Las transiciones defensa-ataque: ¿Cuánto tardan en llegar al área rival tras recuperar la posesión? Si el equipo da 15 pases laterales antes de cruzar la mitad de la cancha, el problema de lentitud persiste.
  3. El lenguaje corporal: Suena a cliché, pero tras un gol en contra o una jugada fallida, observa cómo reaccionan. El Tri de los últimos años se caía anímicamente muy rápido.
  4. La gestión de cambios: Aguirre es famoso por leer bien los partidos. Observa si los cambios entran a cerrar el juego o a revolucionarlo y si realmente tienen un impacto en el marcador.

El camino al Mundial es largo y, aunque México ya está calificado por ser anfitrión, el riesgo de llegar sin ritmo competitivo es real. Por eso, cada partido de la selección mexicana debe ser tratado como una final. No hay espacio para la complacencia. El fútbol mexicano no se puede permitir otro fracaso estrepitoso, especialmente en casa.

La realidad es que el Tri está en una fase de reconstrucción profunda. No esperes milagros de la noche a la mañana. Pero sí exige entrega. Al final del día, lo que el aficionado quiere ver en un partido de la selección mexicana es un equipo que lo represente, que luche cada balón y que, gane o pierda, deje la sensación de que se dejó todo en el pasto. El resto es puro ruido.

Para estar realmente al tanto de lo que sucede, lo ideal es seguir las conferencias de prensa de Aguirre post-partido. Suele ser mucho más honesto que sus predecesores y no tiene miedo de señalar errores individuales o colectivos. Entender su visión te ayudará a procesar por qué el equipo juega como juega, más allá de la pasión del momento. Mantén el ojo en los jóvenes que están recibiendo sus primeras oportunidades; ellos son los que realmente determinarán si el techo de cristal de los octavos de final se romperá algún día o si seguiremos atrapados en la misma historia de siempre.