Es una duda constante. Si cruzas la frontera desde Estados Unidos hacia el norte, esperas encontrar una figura similar a la que habita en la Casa Blanca. Pero no existe. En Canadá, nadie vota por un presidente porque, sencillamente, ese cargo no figura en su Constitución.
Mucha gente se confunde. Es normal.
Vemos a Justin Trudeau en las cumbres del G7, dando discursos potentes y estrechando manos con líderes mundiales. Actúa como un jefe de Estado, habla como uno y, para el resto del mundo, proyecta esa imagen. Sin embargo, técnicamente, Trudeau es el Primer Ministro. Y aunque parezca un detalle semántico, la diferencia es abismal. En México, Colombia o Argentina, el presidente es el centro del universo político. En Ottawa, el poder funciona bajo una lógica totalmente distinta: la de la Corona británica y el parlamentarismo de Westminster.
Canadá es una monarquía constitucional. Sí, en pleno siglo XXI.
El papel de la Corona: ¿Por qué Canadá no tiene presidente y sí un Rey?
La respuesta corta es la historia. Canadá no nació de una revolución violenta contra un rey, como ocurrió en el caso estadounidense. Se formó a través de la negociación y la evolución gradual de las colonias británicas. Por eso, el jefe de Estado oficial de Canadá es el Rey Carlos III.
Suena extraño, ¿verdad?
El Rey no vive en Canadá. No gobierna. No decide los impuestos ni declara guerras por su cuenta. Pero él es la fuente de la autoridad legal. Como el Rey no puede estar en diez países a la vez, delega sus funciones en una figura local llamada Gobernador General. Actualmente, ese cargo lo ocupa Mary Simon. Ella es la representante directa de la monarquía en suelo canadiense.
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Si te preguntas qué hace ella todo el día, básicamente se encarga de lo ceremonial. Firma las leyes (el "asentimiento real"), convoca elecciones y recibe a embajadores. Es un árbitro. No juega el partido, pero se asegura de que todos sigan las reglas. Un presidente en un sistema republicano suele concentrar el poder simbólico y el poder ejecutivo. En Canadá, esos poderes están divorciados. El Rey (y la Gobernadora General) tienen el símbolo; el Primer Ministro tiene la gestión.
El Primer Ministro no es un presidente "disfrazado"
Aquí es donde la mayoría de los turistas y analistas primerizos se pierden. En un sistema presidencial, el pueblo suele elegir directamente (o mediante un colegio electoral) a una persona. En Canadá, tú no votas por el Primer Ministro. Votas por el candidato de tu distrito local para que sea Miembro del Parlamento (MP).
El partido que logra sentar a más personas en la Cámara de los Comunes es el que forma gobierno. El líder de ese partido se convierte automáticamente en Primer Ministro.
¿Ves la diferencia?
Un presidente tiene una legitimidad propia, separada del poder legislativo. Puede haber un presidente demócrata con un Congreso republicano, y ahí empieza el bloqueo. En Canadá, el Primer Ministro debe tener "la confianza" de la Cámara para sobrevivir. Si pierde una votación clave, su gobierno cae. Punto. No hay mandatos fijos de cuatro años que se cumplan pase lo que pase. Si el Parlamento dice "ya no confiamos en ti", se acabó el juego.
Esta estructura hace que el sistema canadiense sea increíblemente flexible, pero también volátil. Obliga a la colaboración, especialmente cuando hay un gobierno minoritario, algo muy común en la política canadiense reciente. En esos casos, el Primer Ministro tiene que negociar cada ley con otros partidos para que no lo echen a la calle a la mañana siguiente.
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El mito del poder absoluto de Ottawa
A veces pensamos que, al no tener un presidente fuerte, el Primer Ministro tiene menos poder. Error. En ciertos aspectos, un Primer Ministro canadiense con mayoría absoluta en el Parlamento tiene mucho más poder que un presidente de EE. UU.
Un presidente estadounidense se pelea constantemente con el Senado y la Corte Suprema. En Canadá, si el partido del Primer Ministro tiene la mayoría de los asientos, las leyes pasan como un cuchillo caliente en mantequilla. No existe el "filibusterismo" extremo ni el estancamiento crónico que vemos en Washington.
La herencia de 1867 y la Ley Constitucional
Para entender porque canada no tiene presidente, hay que viajar a 1867. La Confederación Canadiense se creó bajo la idea de "Paz, Orden y Buen Gobierno". Los padres fundadores de Canadá miraban hacia el sur, veían la Guerra Civil estadounidense y pensaban: "No queremos eso".
Ellos creían que el sistema republicano le daba demasiado poder a los estados o creaba un ejecutivo demasiado propenso a la tiranía o al caos popular. Decidieron mantener el cordón umbilical con Londres. Querían la estabilidad de una monarquía que estuviera por encima de las peleas políticas del día a día.
Por eso, la Constitución de Canadá no crea una oficina de presidencia. Crea un cargo que es "primero entre iguales" (primus inter pares). El Primer Ministro es técnicamente solo un diputado más que tiene la suerte de liderar al grupo más grande. No es un comandante en jefe con poderes casi divinos; es un empleado del Parlamento.
Diferencias clave que debes conocer
- La separación de poderes: En una república, el Ejecutivo (Presidente) y el Legislativo (Congreso) están separados. En Canadá, el Ejecutivo sale del Legislativo. Todos los ministros del gabinete de Trudeau deben ser miembros del parlamento. Tienen que ir todos los días a la Cámara de los Comunes y aguantar que la oposición les grite preguntas a la cara durante el "Question Period".
- El Jefe de Estado vs. Jefe de Gobierno: El presidente de EE. UU. es ambos. En Canadá, el Rey es el Jefe de Estado (unidad, tradición) y el Primer Ministro es el Jefe de Gobierno (política, gestión).
- El mandato: Un presidente suele tener un límite de mandatos (dos de cuatro años en muchos países). En Canadá, no hay límites. Wilfrid Laurier fue Primer Ministro durante 15 años seguidos. Mackenzie King estuvo casi 22 años. Si la gente te sigue votando y tu partido te mantiene como líder, puedes quedarte hasta que te canses.
¿Podría Canadá convertirse en una República algún día?
Es el elefante en la habitación. Cada vez que hay una coronación o un escándalo real, los canadienses se preguntan si ya es hora de cortar el lazo y poner a un presidente canadiense en las monedas.
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La respuesta honesta: es un lío jurídico monumental.
Para eliminar la monarquía y crear una presidencia, Canadá tendría que abrir su Constitución. Esto requiere el consentimiento unánime de las diez provincias y del Parlamento federal. Es casi imposible. Quebec pediría más autonomía, las provincias del oeste pedirían cambios en el reparto de recursos y los pueblos indígenas exigirían que se respeten los tratados firmados originalmente con la Corona.
Abrir la Constitución en Canadá es como abrir la caja de Pandora. La mayoría de los políticos prefieren vivir con un sistema "extraño" que funciona bien, antes que arriesgarse a una crisis nacional por un cambio de nombre en el cargo.
La realidad del día a día político
Si vives en Toronto, Vancouver o Montreal, el hecho de no tener presidente no cambia tu vida. Pagas impuestos a la Agencia de Ingresos de Canadá, obedeces leyes aprobadas en Ottawa y usas pasaportes que, irónicamente, piden en nombre de "Su Majestad" que te dejen pasar libremente.
La estabilidad canadiense se basa en esta ambigüedad. El sistema parlamentario permite que el país cambie de rumbo rápidamente si un gobierno pierde el favor del pueblo. No hay que esperar a un "impeachment" eterno o a que pasen cuatro años; un voto de no confianza y listo, a elecciones.
Es un sistema de frenos y contrapesos muy distinto al latinoamericano. Aquí el poder no reside en un hombre o una mujer, sino en la institución del Parlamento. Por eso, aunque Trudeau sea la cara visible, él siempre tiene que mirar por encima del hombro para ver si sus propios diputados lo siguen apoyando.
Pasos para entender la política canadiense hoy
Si quieres profundizar en cómo se mueve el poder en el norte, no busques noticias sobre "el presidente de Canadá". Busca estos conceptos:
- The House of Commons (Cámara de los Comunes): Donde ocurre la verdadera acción política y se deciden las leyes.
- The Senate: A diferencia de EE. UU., los senadores canadienses no son elegidos; son nombrados. Su poder es mucho más limitado y actúan como una cámara de "segunda lectura reflexiva".
- Order-in-Council: Son decisiones tomadas por el gabinete que no siempre necesitan pasar por una votación parlamentaria completa, una herramienta de poder clave para el Primer Ministro.
- Constitutional Monarchy: Investiga cómo otros países como Australia o Nueva Zelanda comparten este sistema y por qué ellos tampoco tienen presidentes.
Canadá seguirá siendo esa mezcla fascinante de modernidad norteamericana y tradición parlamentaria europea. Sin presidente, sí, pero con una de las democracias más sólidas y envidiadas del planeta. Al final del día, a los canadienses les importa menos el título de quien manda y mucho más que el sistema de salud funcione y la economía se mantenga a flote. Es puro pragmatismo canadiense.