Hay películas que te venden una fiesta y terminan dándote una pesadilla. Parpadea dos veces (o Blink Twice, si prefieres el título original en inglés) es exactamente eso. Es el debut como directora de Zoë Kravitz y, sinceramente, es mucho más oscuro y retorcido de lo que el tráiler te hace creer. No es solo una película de una isla privada. Es un puñetazo en el estómago sobre el poder, el olvido y lo que los hombres ricos creen que pueden comprar.
Si esperabas una comedia ligera porque sale Channing Tatum, te vas a llevar una sorpresa. Una bastante amarga.
De qué trata realmente Parpadea dos veces (Sin spoilers graves)
La premisa parece sencilla, casi un cliché del género. Frida (Naomi Ackie) es una camarera que vive al día y está obsesionada con Slater King (Channing Tatum), un magnate de la tecnología que ha tenido que pedir "disculpas públicas" por algún escándalo pasado y ahora vive en plan zen. Ella y su amiga Jess logran colarse en una gala benéfica, conocen a King y, antes de que se den cuenta, están volando en un jet privado hacia su isla paradisíaca.
Champán. Comida de tres estrellas Michelin. Vestidos blancos de lino. Piscina infinita. Parece el sueño de cualquier persona que odia madrugar para ir a trabajar. Pero, como dice el título, si parpadeas, te pierdes el horror que se esconde detrás de las flores de hibisco.
La película juega constantemente con la memoria. Las protagonistas empiezan a notar que no recuerdan cuánto tiempo llevan ahí. ¿Días? ¿Semanas? ¿Por qué sus uñas están siempre perfectamente pintadas de rojo si nadie se las ha hecho? La tensión no sube poco a poco; explota cuando el personaje de Jess desaparece y nadie, absolutamente nadie en la isla, parece recordar que alguna vez existió.
Kravitz utiliza el color de una manera casi agresiva. Los amarillos y rojos son tan brillantes que molestan. Es una técnica visual para mostrar que, bajo ese sol radiante, hay algo pudriéndose. No es un thriller sutil. Es ruidoso y, a veces, muy difícil de ver.
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El reparto que sostiene la locura
Channing Tatum está increíble. Y lo digo porque es raro verlo así. Estamos acostumbrados a su faceta de tipo simpático o de bailarín con corazón de oro, pero aquí utiliza ese carisma para dar auténtico miedo. Es ese tipo de villano que te sonríe mientras te apuñala por la espalda. Su interpretación de Slater King es una crítica directa a los CEOs de Silicon Valley que se esconden tras una fachada de espiritualidad y "crecimiento personal" para ocultar una psicopatía de manual.
Naomi Ackie, por otro lado, es el ancla emocional. Su transformación de una fan enamorada a una mujer que lucha por su vida es visceral. Pero quien se roba cada escena en la que sale es Adria Arjona. Interpreta a Sarah, una ex concursante de un reality show que sabe que algo va mal pero no logra ponerle nombre. La química entre ella y Ackie es lo que realmente eleva la película en su tercer acto.
También vemos caras conocidas como Christian Slater, Geena Davis y Simon Rex. Cada uno aporta un nivel diferente de incomodidad. Slater, en particular, tiene un don para interpretar a tipos que parecen normales pero que tienen un vacío absoluto en los ojos.
Por qué esta película causó tanta polémica
No vamos a andarnos con rodeos: Parpadea dos veces es una película sobre el abuso. Específicamente, sobre el abuso sistémico y cómo el trauma puede ser borrado, literal y figuradamente. Cuando se estrenó, mucha gente la comparó con Get Out (Déjame salir) de Jordan Peele, y es una comparación justa, aunque esta es mucho más gráfica.
El uso de una droga que borra la memoria a corto plazo es la metáfora central. Representa cómo la sociedad a menudo elige olvidar los pecados de los poderosos si el "vibe" es lo suficientemente bueno. Hubo críticas que decían que la violencia hacia el final era excesiva. Otros argumentaron que era necesaria para mostrar la rabia acumulada de las víctimas.
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Kravitz no intenta ser amable. No hay una "lección" suave al final. Hay sangre, hay venganza y hay un cinismo que te deja pensando mucho después de que aparecen los créditos. La película toca fibras muy sensibles relacionadas con el movimiento #MeToo, pero lo lleva al extremo del cine de género exploitation. Es una apuesta arriesgada que, para la mayoría de los críticos, funcionó bastante bien con una calificación sólida en Rotten Tomatoes y una recepción en taquilla que demostró que el público todavía quiere thrillers originales.
Los detalles ocultos que quizá no viste
Si decides verla de nuevo o si vas por primera vez, presta atención a las flores. El "perfume" que todas las mujeres usan en la isla no es solo un accesorio de lujo. Es parte del mecanismo de control. Los conejos que aparecen por la isla también tienen un significado simbólico; no están ahí solo por decoración, representan la caza y la experimentación.
Otro detalle brutal es la comida. Al principio, las escenas de banquetes son lujosas, casi pornográficas en su presentación. A medida que la verdad sale a la luz, la comida empieza a parecer grosera, excesiva y repugnante. Es una transición visual magistral.
La dirección de fotografía de Adam Newport-Berra es clave aquí. Usa lentes que a veces deforman un poco los bordes de la imagen, dándote esa sensación de que estás un poco borracho o drogado, igual que las protagonistas. No es un error técnico; es una decisión artística para que te sientas tan desorientado como Frida.
Qué nos dice el final (Sin spoilers directos)
El cierre de la película ha generado debates interminables en Reddit y Twitter. ¿Es justicia o es simplemente un cambio de guardia? Zoë Kravitz parece sugerir que el poder corrompe a cualquiera que lo ostente, sin importar sus intenciones iniciales. El final no es "feliz" en el sentido tradicional. Es satisfactorio, sí, pero deja un sabor metálico en la boca.
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Lo que realmente da que hablar es la última mirada de Frida. Hay una ambigüedad ahí que te hace cuestionar si ella realmente ha ganado o si simplemente ha aprendido a jugar el juego mejor que su captor. Es un final que exige una conversación inmediata al salir del cine o al apagar la tele.
Lo que puedes aprender de esta película para tu próxima noche de cine
Si te gustó Parpadea dos veces, hay todo un subgénero de "thrillers de islas o lugares aislados con gente rica comportándose mal" que deberías explorar. No es algo nuevo, pero Kravitz le ha dado un giro moderno y muy femenino.
- No te fíes del carisma: La película es una advertencia sobre cómo idolatramos a figuras públicas basándonos en una marca personal construida por publicistas.
- La importancia del consentimiento: Aunque parece obvio, la película profundiza en las capas de manipulación que pueden invalidar la voluntad de una persona.
- El cine de género como espejo social: A veces, para hablar de traumas reales, necesitamos la exageración del cine de terror o del thriller psicológico.
Si estás buscando algo que ver este fin de semana y quieres algo que te mantenga pegado al asiento (y probablemente un poco incómodo), búscala. Eso sí, prepárate para no querer irte de vacaciones a una isla privada en mucho tiempo.
Para disfrutarla al máximo, intenta verla con el menor conocimiento posible de la trama. Evita los análisis detallados escena por escena antes de darle al play. Deja que el misterio te envuelva, fíjate en los colores, en los sonidos de la selva y, sobre todo, no te olvides de mirar lo que hay en los márgenes de la pantalla. A veces, la clave de todo está en un detalle que parece insignificante, como una mancha de suciedad en un vestido blanco impecable o una mirada fugaz de una sirvienta que sabe demasiado.
Una vez que la termines, revisa las entrevistas con Zoë Kravitz sobre el proceso de escritura. Es fascinante cómo cambió el guion original (que se titulaba Pussy Island) para convertirlo en algo que, aunque sigue siendo provocador, tiene muchas más capas de significado sobre la identidad y el lenguaje.
Busca la película en plataformas de streaming como Max o alquílala en tu servicio digital favorito. Mírala con amigos, porque vas a necesitar hablar de ese tercer acto durante al menos un par de horas. No es una película para ver solo y simplemente irse a dormir. Es una experiencia que se queda contigo, molestando un poquito en el fondo de la mente, como una pestaña que no te puedes quitar del ojo.