Seamos sinceros. Hay algo extrañamente reconfortante en ver a hombres con trajes caros discutiendo sobre lealtad mientras cenan pasta, justo antes de que todo termine en una balacera. Las peliculas de mafia italiana no son solo cine de acción. Son tragedias griegas modernas disfrazadas de crímenes organizados. Si buscas una lista genérica, Google está lleno de ellas. Pero si quieres entender por qué El Padrino sigue siendo citada en reuniones de negocios o por qué Scorsese cambió las reglas del juego con Goodfellas, quédate un rato.
La fascinación es real. No se trata de glorificar el crimen, o al menos no siempre. Es el concepto de la "familia". Ese código de honor inquebrantable que, irónicamente, siempre termina rompiéndose por la avaricia o la paranoia. Es una fórmula perfecta.
El origen del mito y la sombra de Coppola
Todo empezó realmente en 1972. Antes de eso, el cine de gánsteres era un poco más... acartonado. Pero Francis Ford Coppola llegó y decidió que la mafia no eran solo matones callejeros. Eran reyes.
El Padrino cambió la percepción pública de la Cosa Nostra. Marlon Brando, con esos mofletes rellenos de algodón y esa voz susurrante, creó un arquetipo. Don Vito Corleone no es un criminal común; es un estado dentro de un estado. La película es larga. Es lenta en partes. Pero cada plano cuenta una historia sobre el poder. Lo curioso es que, según registros históricos y entrevistas con expertos como Selwyn Raab (autor de Five Families), la verdadera mafia neoyorquina de los años 70 empezó a imitar el comportamiento de la película. La vida imitando al arte en su forma más peligrosa.
Luego está la secuela. Muchos dicen que es mejor. Yo creo que son una sola gran obra. Ver la ascensión de Michael y la caída de su alma es, honestamente, doloroso. Al final, las mejores peliculas de mafia italiana tratan sobre la soledad. Michael tiene todo el poder del mundo, pero está solo en una silla en Lake Tahoe. Esa es la verdadera cara del género.
Scorsese y el realismo sucio de la calle
Si Coppola es la ópera, Martin Scorsese es el rock and roll. En 1990, Goodfellas (Uno de los nuestros) golpeó las salas de cine como un mazo. Aquí no hay códigos de honor románticos. Aquí hay cocaína, ansiedad y tipos que te matan porque les dijiste que eran divertidos.
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Henry Hill, el protagonista real en el que se basa la película, dijo una vez que Scorsese captó exactamente cómo se sentía ese mundo: "Un día eres el rey, y al siguiente estás escondido en un programa de protección de testigos comiendo espaguetis con kétchup". Básicamente, esa es la esencia.
Joe Pesci como Tommy DeVito es el retrato más fiel de la volatilidad criminal. No hay lógica. Solo impulsos. Esta película de mafia italiana rompió la cuarta pared y nos hizo cómplices. Sentimos la adrenalina de los robos en el aeropuerto de Idlewild (ahora JFK) y luego sentimos el pánico cuando los cuerpos empiezan a aparecer en camiones de basura.
La conexión con la realidad: ¿Qué es real y qué no?
- La "Omertà": En el cine es sagrada. En la realidad, desde que Tommaso Buscetta rompió el silencio en los años 80 (el famoso "Pentito"), el código se ha desmoronado.
- El estilo de vida: Scorsese acertó en el consumismo vulgar. La mafia real no vivía en castillos como los Corleone, sino en casas de clase media alta con muebles demasiado brillantes en Long Island o Queens.
- La violencia: Las películas suelen ser rápidas. La realidad es mucho más sórdida y, a menudo, menos "cinematográfica".
No todo ocurre en Nueva York: El cine italiano puro
A veces olvidamos que Italia tiene su propia industria que retrata este fenómeno de una forma mucho más cruda y menos glamorosa. Si quieres ver peliculas de mafia italiana que te dejen mal cuerpo, tienes que mirar hacia Europa.
Gomorra (2008), de Matteo Garrone, basada en el libro de Roberto Saviano, es el antídoto contra el glamour de Hollywood. Aquí no hay trajes de seda. Hay bloques de pisos de hormigón en Nápoles, niños con AK-47 y una sensación de desesperanza absoluta. Saviano vive bajo protección policial desde que publicó su investigación. Eso te dice todo lo que necesitas saber sobre la precisión de la obra. La Camorra no es una familia elegante; es un sistema económico depredador.
Luego está El Traidor (Il traditore, 2019) de Marco Bellocchio. Narra la historia de Buscetta y el Maxiproceso de Palermo. Es fascinante porque muestra el juicio desde dentro, con los capos gritando desde las jaulas en la sala del tribunal. Es historia pura convertida en un thriller tenso.
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Por qué el género se niega a morir
¿Has visto The Irishman? Es el testamento final de una era. Robert De Niro, Al Pacino y Joe Pesci reunidos por Scorsese para decirnos que, al final del día, el crimen solo te deja viejo, sordo y seleccionando tu propio ataúd.
Es un círculo completo. Empezamos admirando a los tipos duros y terminamos sintiendo lástima por un anciano que no puede ni cerrar la puerta de su habitación. Las peliculas de mafia italiana funcionan porque son metáforas del capitalismo salvaje. Es el sueño americano llevado al extremo: hacer lo que sea necesario para cuidar a los tuyos, sin importar a quién tengas que enterrar en el proceso.
Kinda loco, ¿verdad? Pasamos tres horas viendo a gente terrible hacer cosas terribles y terminamos con ganas de comer pasta y llamar a nuestra madre. Ese es el poder de una buena narrativa.
La técnica detrás de la cámara
No se trata solo de guiones. La fotografía en estas películas suele usar claroscuros intensos. Sombras que ocultan los ojos de los actores. Es una decisión consciente. Si no puedes ver los ojos, no puedes saber si están mintiendo. Gordon Willis, el director de fotografía de El Padrino, fue apodado "El Príncipe de las Tinieblas" por esto mismo.
Y la música. Nino Rota o las bandas sonoras de pop/rock que elige Scorsese. La música suaviza la violencia o la hace más impactante por el contraste. Piensa en la escena de "Layla" en Goodfellas mientras descubren los cadáveres. Es pura poesía macabra.
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El futuro: ¿Queda algo por contar?
Mucha gente piensa que ya se ha dicho todo. Pero luego llega algo como la serie The Sopranos (que aunque es televisión, bebe directamente del cine de mafia) o películas recientes que exploran la perspectiva femenina, como The Kitchen o ciertos dramas italianos modernos sobre las mujeres de la 'Ndrangheta.
La mafia italiana ya no es lo que era en los años 20 o los 70. Se ha vuelto digital, se ha infiltrado en la construcción legal, en la gestión de residuos y en el lavado de dinero a escala global. El cine se está adaptando a eso. Menos ametralladoras Thompson y más teclados de ordenador, aunque el resultado final —la traición— siga siendo el mismo.
Honestamente, el género no morirá mientras sigamos teniendo conflictos entre nuestras ambiciones y nuestra moral. Eso es universal.
Para profundizar en este universo de forma auténtica, lo mejor es seguir una ruta de visionado que mezcle lo clásico con lo hiperrealista. No te quedes solo en la superficie de los grandes éxitos de Hollywood.
- Empieza con la trilogía de El Padrino (evita la versión de cine de la tercera si puedes y busca el nuevo montaje de Coppola, The Death of Michael Corleone).
- Salta al realismo de Goodfellas y Casino para entender la operación en Estados Unidos.
- Cruza el charco con Gomorra (la película de 2008) para quitarte cualquier idea romántica de la cabeza.
- Finaliza con El Traidor para entender cómo la justicia italiana finalmente logró golpear a la Cosa Nostra desde adentro.
El siguiente paso lógico es investigar la historia real de la Comisión de Nueva York o leer los reportajes de Saviano. Entender el contexto histórico hace que cada escena de estas películas cobre un peso mucho mayor, revelando que a menudo, la realidad fue mucho más extraña y violenta que cualquier guion de cine.