Peinados de los 80: Por qué esa locura de volumen todavía nos obsesiona hoy

Peinados de los 80: Por qué esa locura de volumen todavía nos obsesiona hoy

Si cierras los ojos y piensas en la estética de hace cuatro décadas, lo primero que te viene a la mente no son las hombreras. Es el pelo. Un despliegue masivo de laca, frizz intencionado y siluetas que desafiaban la gravedad. Los peinados de los 80 no eran simplemente una elección de moda; eran una declaración de guerra contra el minimalismo de los años setenta. Básicamente, si tu pelo no ocupaba el mismo espacio que una televisión de tubo, no estabas esforzándote lo suficiente.

Fue una época extraña. Genial, pero extraña.

Hablamos de una década donde la identidad se construía a base de productos químicos. No importaba si eras una estrella del pop como Madonna o una secretaria en una oficina de Madrid; el objetivo era el mismo: volumen. Mucho volumen. La gente gastaba fortunas en botes de laca de fijación extra fuerte, de esas que probablemente contribuyeron al agujero de la capa de ozono, solo para asegurarse de que su flequillo se mantuviera rígido durante un concierto de Alaska o una jornada laboral de ocho horas.

El caos controlado del Mullet y la rebeldía del volumen

Honestamente, el mullet es el rey indiscutible de esta era. "Negocios por delante, fiesta por detrás". Esa frase resume perfectamente la psique colectiva de los ochenta. Pero lo curioso es que no nació como algo ridículo. Fue una evolución técnica. Estrellas del rock como David Bowie ya habían jugueteado con cortes asimétricos, pero en los 80, el mullet se democratizó. Lo llevaba Patrick Swayze, lo llevaba Andre Agassi y, sorprendentemente, lo llevaba tu vecino el del quinto.

Era funcional. Te permitía tener el pelo corto para que no te molestara en la cara, pero mantenías esa melena rebelde en la nuca que decía "no soy un conformista".

Luego estaba el tema de la permanente. Dios mío, las permanentes. Si viviste esa época, el olor a líquido de permanente es algo que tienes grabado a fuego en el hipotálamo. No era solo para mujeres. Los hombres también pasaban horas en la peluquería para conseguir esos rizos apretados, casi fritos, que luego peinaban hacia arriba. Era una arquitectura capilar compleja. Se trataba de romper la estructura natural del cabello para forzarlo a ser algo más. Algo más grande. Más ruidoso.

La laca como pegamento social

No podemos hablar de los peinados de los 80 sin mencionar marcas icónicas como Nelly en España o Aqua Net en Estados Unidos. La laca era el cemento de la sociedad. Sin ella, los flequillos "ola" —esos que subían varios centímetros antes de caer graciosamente hacia un lado— simplemente habrían colapsado.

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Había una técnica específica para esto. No era solo rociar y ya. Tenías que cardar el pelo, mechón por mechón, usando un peine de púas finas hasta crear una especie de nido de pájaros en la raíz. Solo entonces, con el brazo estirado, aplicabas la laca. Si lo hacías bien, tu pelo podía resistir un huracán de categoría tres. Era una armadura. Una forma de protección contra un mundo que estaba cambiando demasiado rápido.

Iconos que definieron una generación de flequillos

Miremos a Madonna en Desperately Seeking Susan. Ese look de "recién levantada pero con tres horas de preparación" definió el estilo de millones de adolescentes. No era un peinado limpio. Era sucio, con lazos de encaje, raíces oscuras a la vista y una textura que parecía haber sobrevivido a una noche de clubbing intenso. Rompió la regla de que el pelo rubio debía ser perfecto.

Y luego estaba Lady Di.

El corte "Diana" fue, posiblemente, el peinado más copiado de la historia de la peluquería moderna, compitiendo solo con el "Rachel" de los noventa. Era un corte a capas, corto pero con mucho cuerpo, que requería un secado minucioso hacia atrás. Aportaba una sofisticación que equilibraba la locura del punk y el glam metal. Porque sí, mientras unos usaban imperdibles, otros querían parecerse a la realeza británica. Esa era la dualidad de los peinados de los 80.

¿Por qué el pelo era tan grande? Una teoría sobre el exceso

A veces me pregunto si el volumen capilar era proporcional a la confianza económica de la época. Estábamos en la era del consumo desmedido, de Wall Street, de las series tipo Dinastía y Dallas. En esas series, actrices como Joan Collins o Linda Evans llevaban peinados que parecían esculturas de mármol. El pelo grande proyectaba poder. Si tenías un pelo enorme, ocupabas más espacio físico en la habitación. Eras imposible de ignorar.

El "crimped hair" o pelo zizagueado también tuvo su momento de gloria. ¿Te acuerdas de aquellas planchas que dejaban el pelo como un acordeón? Fue un invento de Geri Cusenza, cofundadora de Sebastian Professional, originalmente para una sesión de fotos. Nadie esperaba que se convirtiera en un estándar de belleza. Pero lo hizo. Aportaba una textura visual que ninguna otra técnica lograba. Era artificial, era sintético y era absolutamente ochentero.

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El legado actual: No, los 80 no se han ido

Si crees que los peinados de los 80 son solo para fiestas de disfraces, te equivocas. Echa un vistazo a TikTok o Instagram. El "Wolf Cut" que llevan las Gen Z ahora mismo no es más que un mullet con un mejor nombre de marketing. Las capas extremas y el volumen en la coronilla han vuelto, aunque esta vez con texturas más suaves y productos que no destruyen el planeta.

Incluso la permanente ha regresado, aunque ahora la llamamos "moldeado" o "perm de textura". Ya no buscamos ese rizo de caniche perfectamente redondo, sino ondas surferas que duren meses. La esencia es la misma: queremos que nuestro pelo haga algo que no hace de forma natural. Queremos drama.

Cómo adaptar el estilo ochentero hoy (sin parecer un extra de Stranger Things)

Si te pica la curiosidad y quieres canalizar tu Cyndi Lauper interior, hay formas de hacerlo sin que la gente te mire raro por la calle. La clave es la sutileza.

  1. Cardado selectivo: En lugar de cardar toda la cabeza, hazlo solo en la coronilla para dar un poco de elevación. Usa un spray de textura seca en lugar de laca de fijación total.
  2. Accesorios grandes: Los coleteros de tela (scrunchies) han vuelto con fuerza. Úsalos para una coleta alta lateral. Es un guiño directo pero funcional.
  3. Capas, capas y más capas: Si vas a la peluquería, pide un corte "shag". Es el descendiente directo de los looks de rockeros de los 80 como Joan Jett. Es fácil de peinar y da un aire de "no me importa nada" que sigue siendo muy cool.

El error común: Pensar que era "fácil"

Mucha gente cree que los peinados de los 80 eran el resultado de la pereza o del mal gusto. Nada más lejos de la realidad. Mantener un peinado con ese nivel de estructura requería una ingeniería constante. Tenías que saber usar el difusor del secador. Tenías que saber qué tipo de espuma funcionaba mejor para tu tipo de rizo. Era una época de experimentación técnica constante. Los peluqueros de aquel entonces eran verdaderos arquitectos.

Incluso el estilo "aeróbic", con esas coletas altísimas y cintas de sudor en la frente, tenía su técnica. No podía haber ni un pelo fuera de lugar antes de ponerte la cinta. Era un look atlético pero extremadamente pulido.

Pasos prácticos para recuperar el volumen ochentero con tecnología moderna

Si de verdad quieres experimentar con la estética de los peinados de los 80, olvida los métodos antiguos que destrozaban el cabello. Hoy tenemos herramientas mucho más sanas.

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Primero, busca un champú de volumen que no contenga siliconas pesadas. La silicona es el enemigo del volumen porque añade peso al cabello. Segundo, cuando te seques el pelo, hazlo con la cabeza hacia abajo. Parece un truco de abuela, pero es la forma más rápida de despegar la raíz del cuero cabelludo.

Usa polvos matificantes. Son esos polvos blancos que parecen salero y que aportan una fricción increíble en la raíz. Con una pequeña cantidad puedes conseguir una elevación que durará todo el día sin necesidad de usar medio bote de laca. Y si vas a usar una plancha de zig-zag (sí, todavía las venden), hazlo solo en las capas inferiores del pelo. Esto creará un "estante" de soporte para las capas superiores, dándote un volumen masivo pero con un acabado liso y moderno por fuera.

Los 80 fueron una década de libertad visual. No había miedo al error. El pelo era un accesorio más, tan importante como los zapatos o el maquillaje. Quizás por eso seguimos mirando atrás con una mezcla de nostalgia y admiración. En un mundo de filtros de suavizado y perfección digital, ese caos capilar se siente extrañamente auténtico.

Al final, se trata de divertirse. Si un día te levantas y te apetece llevar el flequillo más alto de lo normal, hazlo. La moda es cíclica, pero la actitud de los ochenta —esa seguridad de que podías conquistar el mundo con suficiente laca y una buena canción de sintetizadores— es algo que nunca debería pasar de moda.

Para profundizar en este estilo, lo ideal es analizar fotografías editoriales de la época, especialmente las de estilistas como Trevor Sorbie, quien fue pionero en texturas que hoy consideramos estándar. Observar cómo se construían las capas ayuda a entender que no era solo "pelo despeinado", sino una técnica de corte precisa que buscaba el movimiento constante. Si buscas un cambio radical, el corte tipo "shag" con flequillo denso sigue siendo la transición más elegante desde el presente hacia esa estética vibrante de 1985.