Peceras y acuarios: Lo que casi nadie te dice antes de meter el primer pez

Peceras y acuarios: Lo que casi nadie te dice antes de meter el primer pez

Tener una pecera en casa mola. Mucho. Ver el movimiento rítmico de los neones o la elegancia parsimoniosa de un pez ángel tiene algo que te atrapa, casi como si fuera una meditación visual. Pero seamos sinceros: la mayoría de la gente empieza fatal. Compran un recipiente de cristal, lo llenan de agua del grifo, tiran tres piedras de colores fluorescentes y meten un pez naranja. A los tres días, el agua está turbia y el pez... bueno, ya sabes.

No es culpa tuya. Es que nos han vendido la idea de que cuidar peces es "fácil". No lo es, pero tampoco es física cuántica. Se trata de entender que no estás cuidando un animal, sino que estás gestionando un ecosistema microscópico. Si el agua está sana, el pez vive. Es así de simple y así de complejo a la vez.

El mito de la pecera de bola: Un error de principiante

Lo primero es lo primero. Si tienes o estás pensando en comprar una de esas peceras redondas de cristal, para. En serio. En muchos países y regiones, como en partes de Alemania o Italia, están prácticamente desaconsejadas o incluso prohibidas para ciertas especies. ¿Por qué? Básicamente porque son cámaras de tortura.

La superficie de contacto con el aire es mínima, lo que impide que el oxígeno entre correctamente. Además, la forma curva distorsiona la visión del pez y no permite instalar un filtro decente. Los peces necesitan espacio para nadar en línea recta. Un pez en una bola es como un humano viviendo en un armario de espejos: estresante y asfixiante.

¿Qué tamaño elegir realmente?

Aquí viene lo contraintuitivo. Cuanto más pequeña es la pecera, más difícil es de mantener. Te lo juro. En un acuario de 20 litros, si un pez muere o te pasas con la comida, los niveles de amoníaco suben tanto que matan a todo lo demás en horas. En uno de 100 litros, tienes un margen de error. El volumen de agua diluye los problemas. Si eres nuevo en esto, intenta empezar con al menos 40 o 60 litros. Tu espalda me lo agradecerá cuando no tengas que estar cambiando el agua cada dos días por desesperación.

El ciclo del nitrógeno o por qué tu agua se vuelve blanca

Este es el punto donde la mayoría tira la toalla. Montas todo, el agua está cristalina, metes a los peces y a la semana el agua se pone lechosa. Es el famoso "síndrome del acuario nuevo".

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Básicamente, los peces hacen pis y caca. Eso genera amoníaco ($NH_3$), que es veneno puro. Necesitas que crezcan bacterias "buenas" que se coman ese amoníaco y lo conviertan en nitritos ($NO_2^-$), y luego otras que lo pasen a nitratos ($NO_3^-$). Este proceso se llama ciclado.

  • Paso 1: Montas el acuario sin peces.
  • Paso 2: Echas una pizca de comida para que se pudra y genere amoníaco.
  • Paso 3: Esperas. Unas 3 o 4 semanas. Sí, un mes entero mirando una pecera vacía.
  • Paso 4: Mides con un test de gotas (los de tiras suelen fallar más que una escopeta de feria).

Si metes peces antes de que este ciclo termine, los estás quemando vivos por dentro. Literalmente. El Dr. Herbert R. Axelrod, una eminencia en la acuarofilia, ya lo decía en sus manuales clásicos: la paciencia es el filtro más importante que puedes comprar.

La filtración: El corazón del sistema

No escatimes aquí. El filtro no es para que el agua se vea "limpia", es para que el agua esté viva. Hay tres tipos de filtración y necesitas los tres metidos en esa cajita ruidosa:

  1. Mecánica: Una esponja que atrapa los trozos de comida y porquería.
  2. Biológica: Canutillos de cerámica o piedras porosas donde viven las bacterias de las que hablamos antes. Nunca los limpies con agua del grifo; el cloro matará a tus bacterias y tendrás que empezar de cero. Usa siempre el agua que sacas de la pecera durante los cambios.
  3. Química: Carbón activo. Sinceramente, a menos que quieras quitar restos de un medicamento, no lo necesitas siempre. Ocupa sitio que podrías usar para más filtración biológica.

Plantas naturales vs. plástico

Kitsch. Es la palabra para las plantas de plástico naranja neón. Más allá de la estética, las plantas naturales en una pecera son tus mejores aliadas. Absorben los nitratos y producen oxígeno.

Si no quieres complicarte la vida con sustratos caros y CO2, busca Anubias o Microsorum (Helecho de Java). Son duras como piedras. Las atas a un tronco o a una roca con un poco de hilo de pescar y listo. No necesitan enterrarse. De hecho, si entierras el rizoma de una Anubia, se pudre. Curioso, ¿verdad?

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El gran error de la limpieza total

Mucha gente cree que limpiar una pecera significa vaciarla, frotar los cristales con jabón y hervir la grava. ¡No lo hagas nunca!

Si haces eso, destruyes todo el ecosistema que tardaste un mes en crear. El mantenimiento real es aburrido pero sencillo:
Sifoneas el fondo una vez por semana o cada quince días para sacar el 20% del agua. Rellenas con agua nueva que haya sido tratada con un acondicionador para quitar el cloro y las cloraminas. El cloro es excelente para que nosotros no cojamos el cólera, pero deshace las branquias de los peces.

Honestamente, si hueles el agua y huele a tierra mojada o a bosque después de llover, vas por buen camino. Si huele a podrido o a amoníaco, algo va muy mal.

La compatibilidad: No todos son amigos

No puedes meter un pez de agua fría (como el típico Goldfish) con peces tropicales. Los de agua fría necesitan mucho oxígeno y generan muchísimos desechos. Los tropicales, como los Guppys o los Tetras, necesitan un calentador que mantenga el agua a unos 25°C constantes.

Además, está el tema del pH y la dureza ($GH$). Hay peces de aguas ácidas y blandas, como los del Amazonas (Discos, Neones), y otros de aguas alcalinas y duras, como los cíclidos africanos del lago Malawi o Tanganica. Mezclarlos es condenar a uno de los dos bandos a vivir estresado y con el sistema inmune por los suelos. Es como intentar que un pingüino y un dromedario compartan habitación. Uno de los dos no va a estar cómodo.

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Peces que "limpian" (el gran mito)

"Dame un pez limpiafondos". Cuántas veces habré oído eso en las tiendas. No existen. Los Corydoras o los Plecos no comen caca. Comen restos de comida o algas, pero ellos también hacen caca. De hecho, los Plecos crecen muchísimo (algunos llegan a los 30-40 cm) y ensucian más de lo que limpian. Si quieres menos algas, lo que necesitas es menos luz directa del sol y mejores cambios de agua, no más peces.

El factor luz y ubicación

No pongas la pecera cerca de una ventana. Jamás. La luz del sol directa disparará el crecimiento de algas verdes y convertirá tu acuario en una sopa espesa en cuestión de días. Además, el sol calienta el agua de forma descontrolada. Busca un rincón tranquilo, lejos de corrientes de aire y radiadores.

La iluminación debe estar controlada con un temporizador. Entre 6 y 8 horas es el punto dulce para la mayoría de tanques con plantas sencillas. Si te pasas, algas. Si te quedas corto, las plantas mueren.


Pasos prácticos para no fracasar en tu primer intento

Si vas en serio con esto, olvida las prisas. Aquí tienes la hoja de ruta real para montar tu pecera sin dramas:

  • Compra un kit básico pero decente: Busca una urna de cristal de al menos 40-60 litros que incluya filtro y calentador. Evita los kits que traen filtros internos diminutos; si puedes, compra un filtro de mochila o "cascada" que tenga espacio para meter material cerámico.
  • Sustrato natural: Usa arena de sílice o grava natural fina. Evita las piedras de colores estridentes, suelen soltar químicos con el tiempo y estresan a los peces por el reflejo de la luz.
  • El test de gotas es tu mejor amigo: Olvida el instinto. Compra un kit de test para medir $NH_3$, $NO_2$ y $pH$. Es la única forma de saber qué está pasando realmente en el agua.
  • Introduce los peces poco a poco: Una vez terminado el ciclado, no metas diez peces de golpe. Mete dos o tres, espera una semana para que las bacterias se ajusten a la nueva carga de desechos, y luego mete otros pocos.
  • Menos es más en la comida: Un pez tiene el estómago del tamaño de su ojo. Si ves que cae comida al fondo y nadie se la come en dos minutos, estás echando demasiada. La comida podrida es la causa número uno de muerte en acuarios domésticos.

Invertir en una buena pecera es invertir en un trozo de naturaleza en tu salón. Requiere observación y un poco de disciplina, pero cuando ves a un cardumen de peces nadando tranquilos entre las plantas que tú mismo has visto crecer, te aseguro que vale cada minuto de espera. No busques el acuario perfecto de las fotos de Instagram el primer día; busca un acuario sano y el resto vendrá solo.