Para qué es bueno el ajo: Lo que la ciencia dice (y lo que tu abuela ya sabía)

Para qué es bueno el ajo: Lo que la ciencia dice (y lo que tu abuela ya sabía)

Seguramente has escuchado mil veces que el ajo es una especie de medicina milagrosa. Mi abuela solía decir que un diente de ajo al día mantiene al médico en la ría, y aunque suena a exageración de pueblo, la verdad es que la ciencia moderna le está dando la razón de formas bastante sorprendentes. No es solo para espantar vampiros o arruinar una primera cita con el aliento. Estamos hablando de un bulbo que ha sido usado por civilizaciones desde los egipcios hasta los griegos, no por capricho, sino por pura supervivencia.

Si te preguntas para qué es bueno el ajo, la respuesta corta es: para casi todo lo que tenga que ver con tu sistema cardiovascular y tus defensas. Pero vamos a lo profundo. No se trata de comerlo de cualquier forma ni de creer que cura el cáncer de la noche a la mañana. Hay matices. Hay química real involucrada, específicamente una molécula llamada alicina.

El secreto está en el azufre

Cuando cortas un diente de ajo, ocurre una reacción química fascinante. La alina y la enzima alinasa se mezclan para crear alicina. Ese es el compuesto "mágico". Es lo que le da ese olor fuerte que se te pega a los dedos durante horas. Curiosamente, si cocinas el ajo entero sin machacarlo, destruyes gran parte de este beneficio. El ajo necesita ser maltratado. Machacado. Picado finamente. Y luego, lo más importante: necesita reposar unos diez minutos antes de ir al fuego. Ese tiempo de espera permite que la alicina se estabilice.

¿Para qué sirve esto en el cuerpo? Básicamente, actúa como un potente antioxidante y antimicrobiano. Diversos estudios, como los publicados en el Journal of Nutrition, sugieren que el consumo regular de ajo reduce el estrés oxidativo. Esto es vital. El estrés oxidativo es el responsable del envejecimiento celular y de muchas enfermedades crónicas que nos complican la vida después de los cuarenta.

Corazón de hierro y arterias limpias

Uno de los mayores beneficios, y quizás el más documentado, es su efecto en la salud del corazón. La hipertensión es una asesina silenciosa. El ajo ayuda a que los vasos sanguíneos se relajen. Es un vasodilatador natural. Al relajar los vasos, la sangre fluye con menos resistencia y la presión arterial baja. Algunos ensayos clínicos han comparado el efecto de suplementos de ajo envejecido con medicamentos recetados para la presión, y aunque el ajo no reemplaza a la medicina química en casos graves, es un apoyo brutal.

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Luego está el tema del colesterol. Aquí hay mucha tela que cortar. No es que el ajo vaya a limpiar tus arterias como si fuera un desatascador de tuberías, pero sí ayuda a reducir el colesterol LDL (el "malo") de forma moderada. Lo hace inhibiendo la síntesis de colesterol en el hígado. Es un proceso lento pero constante. Si tienes el colesterol en el límite, añadir ajo crudo a tu dieta es una decisión inteligente.

El sistema inmune bajo ataque

¿Te resfrías con facilidad? El ajo es un inmunomodulador. No es que "suba las defensas" como si fuera un interruptor, sino que ayuda a las células asesinas naturales (NK cells) a ser más eficientes. Un estudio famoso de 12 semanas encontró que las personas que tomaban un suplemento de ajo tenían un 63% menos de probabilidades de resfriarse en comparación con el grupo placebo. Y si se resfriaban, la duración de los síntomas era significativamente menor.

Es la diferencia entre estar en cama cinco días o simplemente tener moqueo un par de tardes.

Para qué es bueno el ajo en el día a día: Digestión y desintoxicación

Hay gente que dice que el ajo le cae pesado. Es irónico, porque para muchos otros es un remedio contra los parásitos y las bacterias intestinales dañinas. El ajo tiene propiedades prebióticas. Alimenta a las bacterias buenas de tu microbioma. Además, ayuda al hígado a producir enzimas que eliminan toxinas del torrente sanguíneo. Especialmente metales pesados. Se ha visto en estudios con trabajadores de fábricas de baterías que el ajo reduce los niveles de plomo en la sangre de manera más segura que algunos fármacos quelantes.

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Pero ojo, no todo es color de rosa. Si sufres de gastritis severa o reflujo, el ajo crudo puede ser tu peor enemigo. La clave es la tolerancia individual.

Mitos que hay que enterrar

Mucha gente cree que el ajo cocido es igual de potente. Error. El calor extremo inactiva la alinasa. Si vas a hacer un guiso, añade el ajo al final o asegúrate de haberlo picado y dejado reposar antes. Otro mito: el ajo negro. Aunque está muy de moda y sabe a regaliz balsámico, sus propiedades son distintas. El ajo negro tiene más antioxidantes pero menos alicina. Es genial para el sabor, pero para combatir una infección, el ajo blanco crudo sigue siendo el rey.

¿Y qué hay del olor? Ese es el gran sacrificio. El olor no viene solo de la boca; los compuestos de azufre se absorben en la sangre y se liberan a través de los poros y los pulmones. Masticar perejil o manzana cruda ayuda un poco a neutralizarlo, pero si vas a comer ajo medicinal, prepárate para oler a ajo. Es el precio de la salud.

La importancia de la procedencia

No todos los ajos son iguales. El ajo que compras en mallas baratas en el supermercado, muchas veces importado de muy lejos, suele estar tratado con químicos para que no germine. Si puedes, busca ajo orgánico o de productores locales. El ajo morado, por ejemplo, tiende a tener una mayor concentración de compuestos azufrados que el ajo blanco común. Se nota en el picor. Si pica, es que funciona.

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Cómo consumirlo para que realmente funcione

Si quieres aprovechar para qué es bueno el ajo, olvídate de tragar un diente entero como si fuera una pastilla. Tu cuerpo no lo va a digerir bien y saldrá casi igual que entró. Tienes que romper las paredes celulares.

  1. Machaca el diente de ajo.
  2. Déjalo sobre la tabla de cortar 10 minutos.
  3. Cómelo con un poco de aceite de oliva o miel para proteger el estómago.
  4. Hazlo preferiblemente con algo de comida si tienes el estómago sensible.

Consideraciones finales y seguridad

El ajo es potente. Tan potente que puede interactuar con medicamentos anticoagulantes como la warfarina. Si te vas a operar pronto, deja de comer grandes cantidades de ajo al menos una semana antes, porque puede aumentar el riesgo de sangrado. Es un anticoagulante natural, lo cual es excelente para prevenir trombosis, pero un problema en una mesa de operaciones.

También hay que tener cuidado con los suplementos concentrados. A veces, más no es mejor. El consumo excesivo puede causar malestar estomacal o incluso una caída brusca de la presión arterial en personas que ya la tienen baja. La moderación, como en todo, es la clave del éxito.

Pasos prácticos para integrar el ajo en tu salud

Empieza poco a poco. No te metas tres dientes de ajo crudo el primer día porque vas a acabar con acidez. Introduce un diente pequeño picado en tus ensaladas. Si el sabor es muy fuerte, mézclalo con aguacate; la grasa del aguacate suaviza el picor pero mantiene las propiedades intactas.

Asegúrate de comprar ajo fresco que esté firme al tacto. Si los dientes están blandos o tienen brotes verdes muy largos, el perfil nutricional ha cambiado y el sabor será mucho más amargo. Incorporar este hábito no solo mejorará tu perfil lipídico y tu presión arterial a largo plazo, sino que le dará a tu sistema inmune una capa extra de protección que notarás especialmente en los meses de invierno. La naturaleza rara vez se equivoca con los remedios que nos pone cerca de la mano.