Si alguna vez has visto una foto del skyline de la Panamá capital, probablemente pensaste que estabas mirando Miami o Dubái. Honestamente, esa es la trampa en la que caemos todos. Al llegar, te das cuenta de que esta ciudad es mucho más que un montón de rascacielos de vidrio frente al Pacífico; es un caos hermoso, húmedo y lleno de capas históricas que chocan entre sí cada cinco minutos.
Es la única capital del mundo que tiene un bosque tropical húmedo justo en su centro. No bromeo. Literalmente puedes estar comprando en un centro comercial de lujo y, diez minutos después, estar esquivando coatíes en el Parque Natural Metropolitano.
El mito del "Miami del Sur" y la realidad del suelo
Mucha gente viene buscando solo el Canal. Claro, el Canal de Panamá es una bestia de la ingeniería y ver pasar un carguero Neopanamax por las exclusas de Miraflores te hace sentir diminuto. Pero si te quedas solo con eso, te pierdes el alma de la ciudad.
La verdadera Panamá capital se divide, básicamente, en tres ciudades distintas que conviven como pueden. Tienes las ruinas de Panamá Viejo, que fue el primer asentamiento europeo en la costa del Pacífico allá por 1519. Luego está el Casco Antiguo, ese barrio colonial con calles de piedra que parece sacado de una película de piratas (literalmente lo quemó el pirata Henry Morgan en 1671). Y por último, la selva de concreto moderna que ruge con el tráfico y el dinero de los bancos.
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¿Quieres un consejo de alguien que ha caminado esas calles hasta que las suelas dijeron basta? No te fíes de las distancias en el mapa. El tráfico aquí no es una molestia, es un estilo de vida. Si Google Maps dice 15 minutos, prepárate para 45.
¿Por qué el Casco Antiguo es el corazón (y el drama) de la ciudad?
Caminar por el Casco es una experiencia extraña. Ves una mansión restaurada de tres millones de dólares al lado de un edificio que se está cayendo a pedazos. Es la gentrificación en su estado más puro, pero también es donde ocurre la magia.
- La Iglesia de San José: Tienes que entrar para ver el Altar de Oro. Cuenta la leyenda que los monjes lo pintaron de negro para engañar al pirata Morgan y que no se lo robara. Funcionó.
- Las azoteas: Hay una obsesión sana con los rooftops. Sitios como Tántalo o Selina te ofrecen una vista del skyline moderno que, con un trago en la mano al atardecer, te hace olvidar el calor sofocante.
- El Mercado de Mariscos: Está justo a la entrada del Casco. Olvida los restaurantes caros por un segundo. Ve allí, pide un ceviche de combinación en un vaso de foam y una cerveza nacional bien fría. Eso es Panamá.
Datos que te salvarán el viaje (y el presupuesto)
- El clima no perdona: En la Panamá capital no hay "invierno". Hay temporada seca (enero a abril) y temporada de "me voy a mojar sí o sí" (mayo a diciembre). Si vienes en octubre, prepárate para ver cómo el cielo se cae cada tarde a las 3:00 p.m.
- El Metro es tu mejor amigo: Es el único de Centroamérica y funciona de maravilla. Por 35 centavos te saltas el tráfico infernal de la Vía España.
- Dólares por todos lados: La moneda oficial es el Balboa, pero solo existe en monedas. Los billetes son dólares estadounidenses. Es rarísimo recibir el cambio en una mezcla de ambos, pero te acostumbras rápido.
Lo que la mayoría de los turistas se salta (y no debería)
Casi nadie habla de Río Abajo. Si quieres probar la verdadera comida afroantillana —esa que te hace querer llorar de lo buena que está—, tienes que ir allá. Busca el "saos" (patas de cerdo marinadas) o un pescado frito con arroz con coco y porotos. Es la herencia de los trabajadores que vinieron de las islas del Caribe para construir el Canal y que le dieron a esta ciudad su sabor único.
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Otro rincón ignorado es el Cerro Ancón. Es el punto más alto de la ciudad. Antiguamente era parte de la "Zona del Canal" bajo control de EE. UU. Ahora es un área protegida donde puedes subir caminando. Si tienes suerte, verás perezosos colgados de los cables de luz. La vista de la bandera gigante ondeando con la ciudad moderna de fondo es, sinceramente, la mejor foto que te vas a llevar.
Un vistazo a la economía vertical
La ciudad tiene más de 200 rascacielos. Algunos, como la F&F Tower (mejor conocida como "El Tornillo"), son iconos arquitectónicos. Pero detrás de tanto vidrio hay una economía que no se detiene. Panamá se ha consolidado como el "Hub de las Américas", no solo por el aeropuerto de Tocumen —que conecta casi cualquier lugar del mundo— sino por su centro financiero.
Aun así, no todo es perfecto. La ciudad lucha con la gestión de desechos y una desigualdad social que se nota al cruzar una calle. Es una ciudad de contrastes brutales: yates de lujo en la Marina de Amador y barrios que aún esperan servicios básicos a pocos kilómetros.
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Pasos prácticos para tu próxima visita
Si estás planeando aterrizar en la Panamá capital pronto, hazte un favor y sigue estos pasos:
- Descarga una app de transporte: Uber funciona bien, pero InDrive es lo que usan los locales (aunque prepárate para negociar el precio).
- No compres agua embotellada: El agua del grifo en la Ciudad de Panamá es perfectamente potable. Una de las pocas en la región. Ahorra ese dinero para el ceviche.
- Visita el Biomuseo un lunes o martes: Está en la Calzada de Amador y fue diseñado por Frank Gehry. Es una explosión de colores, pero se llena de grupos escolares los fines de semana.
- Vístete ligero, pero lleva un suéter: Suena contradictorio, pero los panameños aman el aire acondicionado a temperaturas árticas. Entrar a un centro comercial o a un bus es como entrar al congelador.
La ciudad no es para todo el mundo. Es ruidosa, es húmeda y a veces te saca de quicio con su desorden. Pero hay algo en la brisa que viene del Pacífico y en el olor a café de especialidad del Casco que te atrapa. No trates de entenderla, solo vívela.
Sugerencia de acción: Para moverte como un experto, adquiere la tarjeta Rapi-Pass en cualquier estación del Metro; te servirá tanto para los trenes como para los metrobuses, evitando el lío de cargar efectivo exacto para el transporte público.