Mucha gente piensa en Oriente Medio y lo primero que le viene a la mente es un desierto infinito o, peor aún, puro conflicto. Es normal. Las noticias no ayudan. Pero, sinceramente, si te quedas con esa imagen, te estás perdiendo una de las transformaciones más locas y rápidas de la historia moderna. No es solo petróleo. Es mucho más que eso.
A ver, hablemos claro. Oriente Medio es un término que inventaron los británicos en el siglo XIX, básicamente para decir "lo que está a mitad de camino hacia la India". Hoy, esa etiqueta agrupa a países que no tienen nada que ver entre sí, como el ultra-tecnológico Israel, la opulencia futurista de los Emiratos Árabes Unidos o la profundidad histórica de Jordania.
La realidad de seguridad que los medios no explican
¿Es seguro viajar a Oriente Medio? La respuesta corta es: depende de dónde pongas el huevo. No puedes meter en el mismo saco a Omán y a Yemen. Es como decir que no vas a Madrid porque hay problemas en los Balcanes. No tiene sentido.
Omán, por ejemplo, es probablemente uno de los países más tranquilos y hospitalarios del planeta. He visto a gente dejar el coche encendido con las llaves puestas para entrar a una tienda y nadie toca nada. En cambio, si hablamos de las fronteras de Siria, la cosa cambia. La clave aquí es la segmentación.
Los datos de instituciones como el Institute for Economics & Peace suelen poner a Qatar y a Kuwait en niveles de seguridad ciudadana que ya querrían para sí muchas capitales europeas o americanas. El truco está en informarse por zonas, no por continentes. Si evitas las zonas de fricción geopolítica activa, te encuentras con una infraestructura turística que, honestamente, deja en pañales a medio Occidente.
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El mito del desierto y el calor insoportable
Sí, hace calor. Mucho. En Riad o Dubái, en agosto, el aire parece una bofetada de un gigante. Pero pensar que todo Oriente Medio es un horno de arena es un error de principiante.
¿Sabías que en el Líbano puedes esquiar por la mañana y bañarte en el Mediterráneo por la tarde? Los montes Líbano tienen estaciones de esquí como Mzaar Kfardebian que son una pasada. Y si te vas al norte de Irak, a la región del Kurdistán, te vas a encontrar con cascadas, montañas verdes y un clima que parece más Suiza que Aladino.
Incluso en Arabia Saudita, que ahora se está abriendo al mundo de una forma agresiva con su "Vision 2030", tienes zonas como Al-Ula. No es solo arena; son formaciones rocosas que parecen de otro planeta y tumbas talladas en piedra que rivalizan con Petra.
Lo que debes saber antes de aterrizar
La etiqueta social es lo que más asusta a los viajeros. "Me van a meter preso por esto o aquello". No seas exagerado. Pero sí, hay reglas.
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- El alcohol no es el fin del mundo: En Dubái o Amán puedes beber en hoteles y bares específicos. En Arabia Saudita, ni lo intentes (por ahora).
- La ropa importa, pero menos de lo que crees: No hace falta que las mujeres vayan cubiertas de pies a cabeza en la mayoría de los sitios turísticos, pero usar el sentido común y taparse los hombros y rodillas te ahorrará miradas incómodas y es una señal de respeto básico.
- El regateo es un deporte nacional: Si pagas el primer precio que te dan en un zoco de El Cairo o de Estambul, básicamente les estás insultando. Bueno, no tanto, pero se van a reír de ti por dentro. Es parte de la cultura sentarse, tomar un té de menta y discutir el precio de una lámpara durante veinte minutos.
La revolución tecnológica que viene del desierto
A veces nos olvidamos de que Oriente Medio está intentando desesperadamente dejar de depender del petróleo. NEOM es el ejemplo más bestia. Es esa ciudad lineal que quieren construir en Arabia Saudita, llamada "The Line". Muchos dicen que es una locura irrealizable, otros dicen que es el futuro del urbanismo. Sea como sea, la inversión en tecnología, desalinización de agua y energías renovables en la región es, sencillamente, masiva.
Israel, por su lado, es conocida como la "Startup Nation". Tienen más empresas en el NASDAQ que casi cualquier otro país fuera de EE. UU. y China. De ahí han salido cosas que usas a diario, como el Waze o la tecnología de seguridad de muchos de tus chips. Es un contraste fascinante: ciudades con 3000 años de antigüedad donde se programa el software que usaremos dentro de diez.
¿Por qué ahora y no después?
El momento de visitar o poner el ojo en esta parte del mundo es ahora porque está cambiando demasiado rápido. Esa autenticidad de los cafés de Damasco (cuando se pueda volver con total seguridad) o la mística de los beduinos en Wadi Rum se está mezclando con centros comerciales gigantes y rascacielos de cristal.
Egipto, por ejemplo, acaba de inaugurar (por fin, tras años de retrasos) el Gran Museo Egipcio cerca de las pirámides de Giza. Es la mayor colección de arqueología del mundo dedicada a una sola civilización. Es algo que tienes que ver antes de que el turismo masivo lo sature todo de nuevo.
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Para moverte por Oriente Medio con éxito y no morir en el intento (ni gastarte una fortuna innecesaria), aquí tienes unos pasos prácticos:
Primero, bájate apps de transporte local. En muchos países de la región, Careem funciona mucho mejor que Uber y te permite pagar en efectivo o tarjeta con tarifas cerradas, evitando que los taxistas te den "el paseo del turista".
Segundo, no te fíes de Google Maps para los horarios de apertura en Ramadán. Si viajas durante el mes sagrado, todo cambia. Los sitios abren tarde y cierran tarde. La vida ocurre de noche. Es una experiencia mágica, pero si esperas almorzar a las 2 de la tarde en una calle secundaria, vas a pasar hambre. Planifica tus comidas en hoteles o busca los "curtains" (cortinas) que ponen en los restaurantes de los malls para que los no musulmanes coman sin ser vistos por quienes ayunan.
Tercero, compra una eSIM local nada más llegar. El roaming en esta zona es carísimo y el Wi-Fi público es, en el mejor de los casos, regular. Tener datos te permite usar traductores visuales, porque aunque mucha gente habla inglés, los carteles en árabe de un menú de barrio pueden ser un jeroglífico literal para ti.
Finalmente, entiende que la hospitalidad aquí es un mandato cultural. Si alguien te invita a un té, acéptalo. No siempre te quieren vender algo. A veces, simplemente, su cultura les dicta que un extranjero es un invitado de Dios y deben tratarlo como tal. Abre la mente, deja los prejuicios en el aeropuerto y disfruta de una de las regiones más intensas y fascinantes de la Tierra.