Muerte en el Nilo: Por qué la versión de Kenneth Branagh dividió tanto a los fans de Agatha Christie

Muerte en el Nilo: Por qué la versión de Kenneth Branagh dividió tanto a los fans de Agatha Christie

Hablemos de barcos. Y de bigotes. Honestamente, cuando se anunció que Kenneth Branagh volvería a ponerse el mostacho de Hércules Poirot para adaptar Muerte en el Nilo, medio mundo suspiró de alivio y la otra mitad se puso a la defensiva. Es normal. Agatha Christie es sagrada para muchos. Su novela de 1937 no es solo un misterio de habitación cerrada (o de barco cerrado, en este caso); es una radiografía brutal de la envidia y el deseo. Pero la película de 2022, que sufrió retrasos infinitos por la pandemia y escándalos de su reparto que ni el mejor guionista de Hollywood habría previsto, terminó siendo algo... distinto.

¿Es una buena película? Sí. ¿Es una buena adaptación? Ahí es donde la cosa se pone espinosa.

El peso de la nostalgia y el efecto Gal Gadot

Muerte en el Nilo nos sitúa en el SS Karnak. Es un vapor de lujo que recorre el río egipcio mientras una heredera millonaria, Linnet Ridgeway (interpretada por Gal Gadot), celebra su luna de miel. El problema es que le robó el novio a su mejor amiga, Jacqueline de Bellefort. Y claro, Jackie no está por la labor de enviarles flores. Los sigue a todas partes. Es acoso puro y duro, pero en los años 30 se veía como un drama romántico de alto copete.

Branagh decidió que su Poirot necesitaba un "origen". Al principio de la película vemos una secuencia en blanco y negro en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Aquí es donde la película se desvía del material original de forma radical. Nos explican por qué Poirot tiene ese bigote tan estrambótico (para tapar cicatrices de guerra) y por qué es un hombre tan solitario. A ver, a algunos les encantó este toque humano. A los puristas de los libros, en cambio, les pareció un relleno innecesario que le quita misticismo al personaje. Christie nunca sintió la necesidad de explicar el vello facial de su detective con un trauma bélico. A veces, un bigote es solo un bigote.

La química entre Gal Gadot y Armie Hammer es... complicada de ver hoy en día. Si sabes lo que pasó con la carrera de Hammer poco después del rodaje, las escenas de pasión resultan incómodas. Pero dejando eso de lado, Gadot cumple con su papel de "mujer que lo tiene todo y aun así tiene miedo". Su frase "Enough champagne to fill the Nile" se convirtió en meme casi al instante. Es excesiva. Como la película misma.

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Lo que la versión de 2022 cambió (y lo que mantuvo)

Si has leído el libro, notarás que faltan personajes. Muchos. Branagh y su guionista, Michael Green, decidieron fusionar roles para que la trama fuera más ágil. Por ejemplo, el personaje de Salome Otterbourne pasa de ser una escritora de novelas románticas alcohólica a una cantante de blues interpretada por Sophie Okonedo. Este cambio es, posiblemente, lo mejor de la cinta. Le da un ritmo y una textura sonora que la versión de 1978 (la de Peter Ustinov) no tenía.

Pero hay algo que se pierde en el camino: la sutileza.

En la novela de Muerte en el Nilo, el ambiente es asfixiante por el calor y la presencia constante de Jackie, que es como una sombra. En la película, todo es digital. Los paisajes de Egipto son CGI. Se nota. Mucho. A ratos parece que los actores están caminando frente a una pantalla de lámpara gigante en lugar de estar bajo el sol de Abu Simbel. Esto le quita peso a la atmósfera. El misterio funciona mejor cuando sientes que los personajes están atrapados de verdad, no cuando parece que están en un set de Marvel.

El reparto: Un rompecabezas de celebridades

  • Emma Mackey: Como Jacqueline, está increíble. Logra transmitir esa mezcla de vulnerabilidad y psicopatía que el libro describe tan bien.
  • Letitia Wright: Su Rosalie es mucho más combativa y moderna que la original.
  • Tom Bateman: Vuelve como Bouc. Ojo aquí, porque en los libros Bouc no aparece en esta historia. Branagh lo metió para dar continuidad con Asesinato en el Orient Express, y su destino en esta película es uno de los cambios más polémicos respecto al material de Christie.
  • Annette Bening: Ejerce de madre controladora y aporta la cuota de prestigio actoral que toda producción de este calibre necesita.

¿Por qué seguimos obsesionados con este crimen?

La respuesta es simple: la estructura de Muerte en el Nilo es perfecta. Agatha Christie era una arquitecta del caos. Establece un triángulo amoroso donde todos tienen motivos para matar, pero solo uno tiene la frialdad necesaria. La resolución del caso sigue siendo una de las más ingeniosas de la literatura policial. El plan de los asesinos es tan audaz que bordea lo absurdo, pero dentro de la lógica del libro, funciona como un reloj suizo.

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Branagh intenta modernizar el discurso hablando de razas y clases sociales de una forma que Christie apenas esbozó. Es un intento loable de hacer que una historia de hace casi cien años resuene con el público de 2026. A veces se siente forzado, otras veces le da una capa de profundidad que se agradece. Lo que no cambia es el núcleo: el amor como una enfermedad que te vuelve idiota o peligroso.

A diferencia de Cacería en Venecia (la tercera entrega de Branagh), que se mete en el terror, esta película es puro melodrama glamuroso. Es cine de "tarde de domingo" con un presupuesto de 90 millones de dólares.

Los errores técnicos que Google no te cuenta

Si buscas críticas rápidas, verás que muchos alaban la fotografía. Yo voy a ser sincero: el exceso de postproducción mata parte de la magia. Hay escenas donde la luz sobre los rostros de los actores no coincide con el fondo del desierto. Es el mal del cine moderno. Aun así, el diseño de vestuario de Paco Delgado es una maravilla absoluta. Los vestidos de seda, los trajes de lino blanco... eso sí te transporta a la época dorada de los viajes de lujo.

Otro detalle es el ritmo. La película tarda casi una hora en presentar el primer cadáver. Para algunos, esto es desarrollo de personajes; para otros, es una espera agónica. En un mundo de TikTok y atención fragmentada, arriesgarse con un inicio tan lento es valiente, aunque no siempre efectivo.

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Cómo disfrutar Muerte en el Nilo hoy mismo

Si no la has visto, o si quieres revisitarla con ojos críticos, aquí tienes un plan de acción para sacarle el jugo:

  1. Mira primero la versión de 1978: Solo para comparar. Peter Ustinov hace un Poirot mucho más cómico y menos atormentado. Ver las diferencias en el tono te ayudará a entender qué intentó hacer Branagh con su enfoque más oscuro.
  2. No busques realismo histórico: Egipto en esta película es una fantasía. Disfrútala como tal. No esperes una lección de arqueología.
  3. Fíjate en las manos: En los misterios de Christie, lo que los personajes hacen con las manos (encender un cigarrillo, sostener una copa, juguetear con un bolso) suele ser una pista. Branagh deja caer varias "migas de pan" visuales que son fáciles de ignorar en un primer visionado.
  4. Lee el relato corto original: Antes de la novela, hubo un cuento. Es fascinante ver cómo una idea pequeña se convirtió en este monstruo cinematográfico.

Lo cierto es que Muerte en el Nilo sobrevive a sus propios fallos porque la historia base es indestructible. Puedes cambiar a los actores, puedes ponerles fondos digitales feos, pero el giro final siempre te va a volar la cabeza si no lo conoces. Y si ya lo conoces, ver cómo se llega a él sigue siendo un placer culpable. Branagh ha humanizado a Poirot, quizás demasiado para algunos, pero al menos le ha dado una voz propia en un mar de remakes innecesarios. Al final del día, todos somos un poco como esos pasajeros del Karnak: estamos atrapados en un viaje donde nadie es quien dice ser y el pasado siempre encuentra la forma de subir a bordo. No hay escapatoria, ni en el Nilo ni en la vida real.

Para profundizar en el universo de la autora, lo ideal es saltar directamente a sus obras menos conocidas, donde el detective belga no siempre es el protagonista, pero el ingenio se mantiene intacto. El cine seguirá adaptando a Christie porque, básicamente, nadie ha logrado superarla en su propio juego.