Escuchas un rugido. No es el motor potente de un deportivo, sino un zumbido metálico, algo ronco, que parece venir de abajo. Te detienes en un semáforo y notas que el olor a gasolina es más fuerte de lo normal. La gente voltea. No es por admiración. Es porque el mofle de un carro en mal estado es, básicamente, un grito de auxilio mecánico que la mayoría ignoramos hasta que el coche no pasa la verificación o, peor, hasta que nos detiene una patrulla por exceso de ruido.
A ver, mucha gente piensa que el mofle es solo ese tubo que sale por atrás y saca humo. Error. Es un sistema de ingeniería térmica y acústica bastante complejo que va desde el motor hasta la fascia trasera. Si falla, no solo haces ruido; pierdes potencia, gastas más gasolina y estás metiendo gases tóxicos a la cabina. Sí, esos gases que te dan dolor de cabeza tras manejar una hora.
¿Qué es realmente el sistema de escape y por qué importa?
Básicamente, el mofle es la última etapa del sistema de escape. Su trabajo principal es silenciar las explosiones constantes que ocurren dentro de los cilindros del motor. Sin él, manejar un Honda Civic sonaría como estar parado junto a una pista de despegue. Pero el mofle de un carro no trabaja solo. Está conectado al múltiple de escape, al convertidor catalítico y a una serie de tuberías de acero aluminizado o inoxidable.
El diseño interno de un silenciador es una locura de laberintos. Adentro hay cámaras y tubos perforados diseñados para que las ondas de sonido choquen entre sí y se cancelen. Se llama interferencia destructiva. Si el metal se pica por el óxido, ese laberinto se rompe y el sonido escapa libre. Es ahí cuando empiezas a sonar como tractor.
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Honestamente, el mayor enemigo de esta pieza no es el uso, sino el agua. Cuando quemas combustible, uno de los subproductos es el vapor de agua. Si haces viajes cortos, el escape no se calienta lo suficiente para evaporar esa humedad. El agua se queda ahí sentada, mezclándose con azufre y creando ácidos que se comen el metal de adentro hacia afuera. Por eso ves carros relativamente nuevos con el escape cayéndose; suelen ser autos de ciudad que nunca salen a carretera.
El síntoma del que nadie habla: El olor
Si empiezas a sentir un olor dulce o muy picante dentro del auto, no compres un aromatizante. Revisa el escape. Una fuga en el mofle de un carro puede permitir que el monóxido de carbono se filtre hacia el interior. Es un gas inodoro e incoloro. Es peligroso.
A veces el problema no es un agujero, sino una junta suelta o un soporte roto. Los "columpios" de goma que sostienen el tubo se tuestan con el calor y se rompen. Si escuchas un golpe metálico cada que pasas un bache, lo más probable es que tu escape esté bailando y golpeando el chasis. Si no lo arreglas, ese golpeteo va a terminar rompiendo el múltiple de escape, y ahí sí, prepara la cartera porque esa reparación es de las caras.
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El mito de "quitarle el mofle" para ganar potencia
Hay una cultura entera alrededor de modificar el escape. "Ponle una tubería directa", dicen en los foros. "Va a jalar más". La realidad es que los motores modernos están diseñados con algo llamado "backpressure" o contrapresión. El motor necesita cierta resistencia en el escape para funcionar de forma eficiente en bajas revoluciones. Si le quitas todo el sistema y dejas el tubo libre, podrías notar que el carro se siente "burro" o lento al arrancar desde cero, aunque haga mucho ruido.
A menos que reprogrames la computadora (ECU) y cambies la entrada de aire, un mofle deportivo barato solo te va a dar dolor de cabeza en viajes largos por el zumbido constante, un fenómeno que los entusiastas llaman drone.
Cómo saber si tu mofle pasó a mejor vida
No necesitas ser mecánico de la NASA. Solo usa tus sentidos.
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- El sonido de las palomitas de maíz: Si escuchas pequeños estallidos al soltar el acelerador, tienes una fuga de aire cerca del motor.
- Vibración en el pedal: Si sientes que el pedal del acelerador vibra más de lo normal, algo en el sistema de escape perdió su alineación o un soporte se soltó.
- El color del humo: El mofle de un carro no debería sacar humo visible si el motor está sano. Humo azul es aceite. Humo blanco es anticongelante. Humo negro es exceso de gasolina. El mofle solo es el mensajero de que algo anda mal adentro del bloque.
- Consumo de combustible: Si notas que tu tanque rinde 15% o 20% menos de la nada, el sensor de oxígeno (que va pegado al escape) podría estar leyendo mal por culpa de una fuga, haciendo que la computadora inyecte gasolina a lo loco.
El convertidor catalítico: El hermano caro del mofle
Mucha gente confunde el silenciador con el catalizador. El catalizador es esa caja estorbosa que va antes del mofle. Su función no es el ruido, sino la química. Convierte gases letales en vapor de agua y dióxido de carbono mediante metales preciosos como paladio y platino.
Si tu carro se siente tapado, como si le faltara el aire al subir una pendiente, es probable que el catalizador esté obstruido. No lo quites y le pongas un "balazo" o un tubo directo. En la mayoría de las ciudades, eso es ilegal y no vas a pasar la inspección de emisiones. Además, el olor a huevo podrido (azufre) que sale de un catalizador dañado es insoportable.
Pasos prácticos para salvar tu escape y tu dinero
Si sospechas que algo anda mal, no esperes a que el tubo se arrastre por el pavimento echando chispas.
- Inspección visual en frío: Con el carro apagado y frío, métete un poco y sacude el tubo de salida con el pie (suavemente). Si suena a canicas sueltas adentro, el interior del mofle o del catalizador se deshizo. Toca cambiarlo.
- La prueba del trapo: Con el motor encendido, tapa la salida del escape por dos segundos con un trapo grueso (con cuidado de no quemarte). Si escuchas un siseo por otra parte del carro, ahí está tu fuga. Si el motor intenta apagarse, tu sistema está bien sellado.
- Lava el chasis: Después de ir a la playa o si vives en una zona donde usan sal para la nieve, lava la parte inferior del auto. La sal devora el acero del mofle de un carro en cuestión de meses.
- Evita los viajes de 5 minutos: Si vas a la tienda que está a tres cuadras, mejor camina. Esos viajes no permiten que el escape se caliente, atrapando agua y pudriendo el silenciador desde adentro.
El sistema de escape es una de las partes más sufridas del vehículo. Está expuesto a cambios de temperatura de 400 grados en minutos, recibe golpes de piedras, agua, lodo y vibraciones constantes. Un buen mofle debería durar entre 5 y 8 años, pero si escuchas cualquier cambio en el tono de voz de tu motor, atiéndelo pronto. Un parche de soldadura hoy cuesta una fracción de lo que cuesta reemplazar todo el tramo de tubería mañana.