Martin Polanco diseñador dominicano: El hombre que cosió identidad y murió como leyenda

Martin Polanco diseñador dominicano: El hombre que cosió identidad y murió como leyenda

La moda dominicana no es solo telas caras y pasarelas con luces brillantes en hoteles de lujo. A veces, la verdadera elegancia nace de la necesidad más pura, de esa que te obliga a desarmar una chaqueta vieja en el suelo de una marquesina para entender cómo diablos se sostiene el cuello. Esa es, básicamente, la historia de Martin Polanco diseñador dominicano, un hombre que no empezó con una beca en París, sino vendiendo ropa usada en los talleres mecánicos de Santo Domingo.

Honestamente, su partida en abril de 2025 dejó un vacío que todavía se siente en los talleres de la Zona Colonial. No fue solo perder a un sastre; fue perder a un tipo que creía que la "chacabana" (esa guayabera que todos conocemos) podía conquistar Dubái o Milán. Y lo hizo.

El origen: De los "vinchos" a la alta costura

Martin Polanco no tuvo un camino de rosas. Tras la muerte de su padre, la situación en casa se puso color hormiga. Junto a su hermano Raúl, empezó vendiendo lo que en Dominicana llamamos "vinchos": ropa de segunda mano de marcas exclusivas que traían del exterior. Pero el negocio se estancó por las trabas a la importación.

¿Qué hicieron? Lo que hace cualquier dominicano con hambre de éxito: inventar.

Empezaron a desarmar esas piezas, usándolas como patrones crudos sobre el piso. Martin decía siempre que "dañando mucha tela es que se aprende". No le tenía miedo al error. Esa mentalidad lo llevó eventualmente a estudiar de verdad en la Universidad Pedro Henríquez Ureña y en el Instituto Mercy Jáquez, pero su esencia siempre fue la del artesano que sabe cuánto pesa un hilo.

💡 You might also like: Easy recipes dinner for two: Why you are probably overcomplicating date night

La vuelta al mundo en chacabana

Si algo obsesionaba a Martin Polanco diseñador dominicano, era la identidad. Él defendía a capa y espada que la chacabana es 100% dominicana. Decía que José Martí fue quien la llevó a Cuba, y que ellos simplemente la mercadearon mejor.

Para cambiar esa narrativa, lanzó su proyecto más ambicioso: "La vuelta al mundo en chacabana". No era un nombre pretencioso por gusto. Martin llevó sus diseños de lino y cortes impecables a:

  • Madrid y Barcelona: Donde el público europeo alucinó con la frescura del tejido caribeño.
  • Milán y Venecia: Ciudades que respiran moda y que respetaron su trabajo artesanal.
  • Nueva York: Su segunda casa, donde vistió a las estrellas de Univisión y a figuras del espectáculo.

Lo curioso es que Martin sentía que, a veces, "nadie es profeta en su tierra". Sentía que en el extranjero valoraban más el trabajo hecho a mano, esa pieza moldeada al cuerpo que no sale de una fábrica china, sino de un taller donde se suda cada puntada.

Un regreso triunfal de 12 años

En 2024, Martin regresó a las pasarelas de su país tras una ausencia de doce años. Presentó su colección Luxury Branding en el República Dominicana Fashion Week (RDFW). Fue un momento catártico. El tipo que se había ido a "aprender la filosofía de la moda" a otros mercados, volvía convertido en un maestro. Sus piezas mezclaban el lujo internacional con ese toque tropical que solo alguien que ha vivido el calor de Santo Domingo puede entender.

📖 Related: How is gum made? The sticky truth about what you are actually chewing

Más que costura: La Escuela Laboral Juan Pablo Duarte

Kinda sorprendente es que, con tanto éxito en Nueva York y Europa, Martin nunca se olvidó de los suyos. Fundó la Escuela Laboral de Moda Juan Pablo Duarte en Santo Domingo Este.

No era un proyecto de relaciones públicas. Era una escuela real para jóvenes de escasos recursos. Martin creía que el talento no tiene estrato social. En esos salones, el sonido de las máquinas de coser era el sonido de la esperanza. Les enseñaba sastrería, alta costura y, sobre todo, ética. Les decía que vestir a alguien no es solo tapar el cuerpo, es contar una historia.

El trágico final en Jet Set

La vida de Martin se apagó de forma absurda y dolorosa el 8 de abril de 2025. Fue una de las víctimas del colapso estructural ocurrido en la icónica discoteca Jet Set de Santo Domingo. La noticia paralizó al país.

Días antes, se le veía radiante, hablando de su próximo Museo de la Chacabana en la Ciudad Colonial. Quería que los turistas no solo compraran una prenda, sino que entendieran la historia del lino dominicano. Su esposa y sus hijos han prometido mantener vivo ese legado, pero la ausencia de su carisma y esa "empatía de psicólogo" que usaba para tratar a sus clientes —según sus propias palabras— es algo que no se puede reemplazar con ninguna máquina.

👉 See also: Curtain Bangs on Fine Hair: Why Yours Probably Look Flat and How to Fix It

¿Qué podemos aprender del legado de Martin Polanco?

Si te interesa la moda o simplemente buscas inspiración, la trayectoria de Martin Polanco diseñador dominicano nos deja varias lecciones que no vienen en los libros de texto:

  1. La artesanía es el verdadero lujo: En un mundo de moda rápida y desechable, lo hecho a mano tiene un valor sentimental y económico superior.
  2. La identidad vende: No trates de imitar lo que hacen en Nueva York o París; lleva lo tuyo (como la chacabana) y hazlo con una calidad que el mundo no pueda ignorar.
  3. La educación es el puente: No sirve de nada llegar a la cima si no dejas la escalera puesta para los que vienen detrás.
  4. Resiliencia pura: De vender ropa usada en la calle a ser reconocido por el Senado de la República Dominicana. El camino es largo, pero se camina con hilo y aguja.

Hoy, cuando veas una chacabana de lino blanco, perfectamente entallada, piensa en Martin. Piensa en el hombre que creía que podíamos vestir al mundo con nuestra propia esencia.

Acciones recomendadas:
Si quieres apoyar el diseño local y honrar su visión, busca marcas que prioricen el lino y la mano de obra artesanal dominicana. Visita los talleres de la Zona Colonial y apoya las iniciativas educativas que siguen formando a los sastres del futuro. La moda dominicana sigue viva, y es responsabilidad de todos que ese hilo no se corte.