La relación entre Nicolás Maduro y el Papa Francisco siempre fue un campo minado. No hay otra forma de decirlo. Mientras en las cámaras se veían sonrisas protocolares, detrás de los muros de San Pedro el ambiente era, por lo bajo, gélido.
Honestamente, si buscas una historia de amistad, te has equivocado de lugar. Esto ha sido un ajedrez político de trece años donde la fe y el poder chocaron de frente, dejando a millones de venezolanos esperando un milagro que nunca llegó por la vía diplomática.
El primer apretón de manos y la ilusión del diálogo
Todo empezó en junio de 2013. Maduro acababa de heredar el mando tras la muerte de Chávez y necesitaba legitimidad internacional. Francisco, el primer Papa latinoamericano, parecía el puente perfecto. Se vieron en el Vaticano, hablaron de José Gregorio Hernández y de la pobreza. Maduro salió diciendo que Francisco era "su Papa".
Pero las palabras se las lleva el viento.
Para 2016, la crisis en Venezuela ya no se podía ocultar con propaganda. El Vaticano intentó meter las manos en el fuego. Enviaron a monseñor Claudio Maria Celli como mediador. Fue un desastre. La oposición sentía que el Vaticano solo le daba oxígeno a Maduro para ganar tiempo, y el Gobierno usaba las mesas de diálogo para enfriar las calles.
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El propio Francisco lo admitió tiempo después en una entrevista con Jordi Évole: "La cosa fracasó, no anduvo". Así de seco. Sin adornos.
La carta que rompió la confianza
Hay un momento clave que casi nadie menciona con el detalle que merece: la carta de 2019. Tras la juramentación de Juan Guaidó, Maduro le escribió a Francisco pidiendo mediación. La respuesta del Papa fue un "no" diplomático pero demoledor.
En la misiva, que se filtró al Corriere della Sera, Francisco le recordaba a Maduro que ya se habían acordado cosas en el pasado que nunca se cumplieron. Básicamente, le dijo que no iba a sentarse a hablar si era para que Maduro se burlara de los acuerdos otra vez. El Papa usó términos como "lo que se acordó no fue seguido por acciones concretas". Un tirón de orejas nivel Dios.
El giro de 2024 y la palabra dictadura
Las cosas se pusieron realmente feas tras las elecciones de julio de 2024. Francisco, que siempre intentó mantener una "neutralidad pastoral" para no poner en peligro a los sacerdotes en Venezuela, finalmente soltó la lengua. Al ser consultado sobre el país, mencionó que las dictaduras nunca terminan bien.
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Fue un golpe directo al hígado de Miraflores.
- El papel de los obispos: Mientras Francisco medía sus palabras, la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) era frontal. Denunciaban la represión, el hambre y la falta de democracia.
- La canonización de José Gregorio: Se convirtió en la única moneda de cambio emocional. Maduro la usó para intentar acercarse al pueblo, pero el Vaticano manejó los tiempos con una lentitud desesperante para el chavismo.
- El factor Trump: Con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, la presión aumentó. El Vaticano sabía que si no lograba una salida negociada, la fuerza bruta ganaría la partida.
2025: El fin de una era y el ascenso de León XIV
La muerte de Francisco en abril de 2025 cambió el tablero por completo. Maduro decretó tres días de duelo nacional, intentando apropiarse del legado del argentino. Dijo que Francisco lo había defendido de las "agresiones imperiales". Pero la realidad es que el Vaticano ya estaba preparando la transición hacia una postura mucho más rígida.
Con la llegada del Papa León XIV, la diplomacia del "guante de seda" se acabó.
A inicios de 2026, tras la captura de Maduro por fuerzas estadounidenses, el nuevo Pontífice ha tenido que navegar aguas turbulentas. Por un lado, critica la "diplomacia de la fuerza" de Washington, pero por otro, se reunió en privado con María Corina Machado en el Vaticano, dándole un espaldarazo que Francisco nunca se atrevió a dar de forma tan explícita.
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Lo que nos enseña esta historia
¿Qué sacamos de todo esto? Que la fe no mueve montañas de intereses políticos si no hay voluntad de cambio. Maduro siempre vio en el Papa un escudo; el Papa vio en Maduro un problema pastoral que no quería que terminara en baño de sangre.
Puntos clave para entender el presente:
- La mediación del Vaticano nunca fue neutral, siempre estuvo condicionada a derechos humanos que el Gobierno venezolano no estaba dispuesto a ceder.
- La Iglesia venezolana fue mucho más valiente que la diplomacia vaticana central, enfrentando al chavismo en las barriadas.
- El uso político de los santos (como el Dr. José Gregorio Hernández) fue la herramienta favorita de Maduro para intentar suavizar su imagen ante Roma.
Si quieres entender el futuro de Venezuela ahora que el tablero ha cambiado radicalmente, no mires solo a Washington. Mira a Roma. La Santa Sede sigue siendo el único actor capaz de hablar con todas las partes, incluso cuando el diálogo parece un cadáver.
Para profundizar en cómo afecta esto a la transición actual, te recomiendo seguir de cerca las declaraciones del Cardenal Pietro Parolin, quien conoce los secretos de Miraflores mejor que nadie en Europa. Su próximo movimiento en las negociaciones con la administración Trump definirá si Venezuela logra una paz estable o si entra en un ciclo de intervención prolongada.